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¡Celebra con nosotros los 100 años del anime!

Por el Martes 21 de Marzo de 2017
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¿Eres fan de los animes más populares de la industria? Entonces debes conocer cómo comenzó esta bonita historia del universo de ‘tinta y papel’.

Es un hecho que los tiempos están cambiando y el poder de industrias como la del anime ha cruzado los mares orientales para avanzar sin frenos por todo el mundo, acumulando millones de aficionados que compran DVDs, esperan una franja infantil en televisión o están sentados semanalmente frente a su computador, para poder disfrutar durante 24 minutos una animación que nos cuenta distintas maneras de vivir la vida, ya sea a través del terror, romance, acción e incluso aventuras fantásticas que nunca pudiéramos haber imaginado.

Puede que te encante Dragon Ball, Samurai X, Caballeros de Zodiaco, Ranma 1/2 y muchos más animes que llenaron tu infancia de diversión, pero la realidad es que estos productos solo fueron la evolución de un proyecto que fue creciendo en Japón desde los comienzos del siglo XX hasta hoy. En este pequeño homenaje que rendimos podrás conocer un poco de la historia que envuelve este centenario animado, que incluso se ha convertido en una hermosa profesión de la cual vale la pena vivir.

El nacimiento del anime tiene muchas dudas, sin embargo, muchos indicios aseguran que el país nipón comenzó a producir sus primeras animaciones a principios del siglo pasado, destacando un clip llamado Katsudō Sashin (Imagen animada), el cual debutó en 1907. Sin embargo, se considera que la primera obra profesional realizada fue Imokawa Muzuko Genkanban no Maki (La historia del conserje Muzuko Imokawa) en 1917. Por lo tanto, se considera esta última fecha como el inicio de una maravillosa industria que no tiene final aparente.

El tiempo fue pasando y esta curiosa fiebre de largometrajes fue expandiéndose en su mayoría a un público infantil, pero realmente se puede decir que su boom mediático en Japón ocurrió con las animaciones propagandistas durante la Segunda Guerra Mundial. Un ejemplo claro fue el que muchos consideran el primer largometraje: Momotarō no Umiwashi (Las águilas marinas de Momotarō), una pequeña aventura donde un joven héroe de un famoso cuento japonés luchó contra un ejército animal para derrotar a las fuerzas extranjeras que invadían su territorio. Tres años más tarde, el mismo director cumplió una petición del gobierno para atraer a más voluntarios a las filas del ejercito y creó el largometraje de 74 minutos, Momotaro: Umi no Shinpei (Momotaro y el divino ejército del océano).

Lamentablemente, la Segunda Guerra Mundial causó escasez de materiales y muchos artistas tuvieron que dejar de trabajar debido a que las filminas transparentes que utilizaban para las animaciones servían como propulsor para municiones, ya que contenían pequeñas bases de nitrocelulosa.

Después de terminado el conflicto, varios animadores volvieron a trabajar de forma independiente, pero la gran sorpresa nace en 1956 cuando un pequeño estudio llamado Toei decide comprar una compañía de animación llamada Nihon Doga Eiga, para transformarse en Toei Doga (lo que se conoce actualmente como Toei Animation), empresa que buscó bajo la dirección de Hiroshi Okawa convertirse en el “Disney de Oriente”. Los resultados hablan por si mismos.

Sin duda, los primeros trabajos japoneses tenían ciertos patrones argumentales muy conocidos en industrias animadas como la americana, por ejemplo la interpretación de un narrador (benshi) que contribuía en las aventuras de los personajes. Pero con el tiempo surgió un movimiento anónimo que cambió la mentalidad por completo, implementando una idea novedosa que motivó a la gran mayoría de autores a trabajar en leyendas que resaltaran personajes del folclore nacional.

La nueva revolución del anime no fue un brillante concepto, ya que a finales de los años cincuenta la gente buscaba algo más y se ‘hizo la luz’ con la llegada de la colorización. El primer pionero fue La leyenda de la serpiente blanca, el primer largometraje animado a color producido en Japón. Su aceptación fue tan grande que incluso logró ganar premios en 1959 con el Concurso de Cine Mainichi y una mención honorífica en el Festival de Cine Infantil de Venecia.

Este éxito nacional inspiró mucho a toda la industria, a tal punto que empezaron a surgir muchos productos en masa, pero los que realmente resaltaron fueron Shonen sarutobi sasuke (El chico mágico) en 1959, dos años después Anju to zushio-maru (El pequeño guerrero), y en la misma época Arabian night Simbad no boken (Las aventuras de Simbad).

Si hay que nombrar a grandes contribuyentes de este nuevo auge para entonces, uno de ellos es Ozamu Tezuka. Tal vez muchos lo recuerden por Astro Boy (1953), pero realmente ha sido un gran exponente de la industria con elaboración de animes como Kimba, the White Lion (“inspiración” de Disney para El Rey León) y Black Jack.

Las contribuciones a la época moderna son cortesía de productoras audiovisuales como Studio Ghibli, que se ha encargado de sorprender al mundo con películas como La Princesa Mononoke y por supuesto, El viaje de Chihiro, la cual obtuvo un Premio Óscar como mejor película animada en 2002. Esta prospera compañía ha regalado al mundo de la ‘pluma y tinta’ maravillosos artistas como Toshio Suzuki, Isao Takahata y Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro), el cual muchos valoran como el gran genio de la época moderna en animación. Que se retira de vez en cuando pero vuelve al ruedo voluntariamente.

Otro referente para resaltar es Hideaki Anno con Evangelion, un anime que marcó las pautas que tendrían los nuevos arquetipos argumentales de los personajes animados, creando protagonistas y estrategias visuales muy adelantadas a su época.

La difusión del anime japonés en todos los continentes corrió por cuenta de Saint Seiya, los cuales abrieron el camino para que títulos muy comerciales como Captain Tsubasa, Dragon Ball, Sailor Moon, Pokémon, Digimon, y otros, pudieran hacerse un pequeño espacio sobre todo en Latinoamérica.

Las historias fueron variando a través de los años y lo que empezó como un simple género de aventura de héroes nacionales, terminó convirtiéndose en un sin fin de subgéneros para todos los gustos; pero por momentos, parece que una buena historia puede ser reemplazada con fanservice solo para captar la atención del público en general.

Las épocas, los estilos e intérpretes pueden cambiar, pero la historia que ha sido escrita nunca será borrada.

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