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Rick and Morty – Tercera temporada: Impresiones

Por el Martes 3 de Octubre de 2017
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Quizás no con un final tan dramático como el de la segunda temporada (pese a su fácil resolución), pero si algo se le puede resaltar a la tercera temporada de Rick and Morty es su capacidad de reinventarse en cada episodio sin tomarse tan en serio las consecuencias de eventos previos, como mandando al carajo la continuidad establecida, arriesgándose a probar diferentes y descabelladas tramas. No que sea una novedad en el multiverso de Rick and Morty, pero sí con una más notable variedad.

Gran parte de la culpa recae sobre el cuarto de escritores, que además de los viejos conocidos como Mike McMahan, Ryan Ridley, Tom Kauffman y el co-creador de la serie, Dan Harmon, le dio la bienvenida a cuatro mujeres para tres episodios; entre los que se destaca el que tal vez generó más recordación de toda la temporada gracias a su explosiva acción, violencia y retorcido argumento: ‘Pickle Rick’.

La serie no puede apartarse todo lo posible de aquel énfasis en el nihilismo, su filosofía de negar la existencia y el valor de todo, incluyendo creencias o principios morales, religiosos, políticos o sociales. Es por eso que al ver a su antihéroe protagonista, Rick, en una situación de reflexión y redención como en la que se encontraba al iniciar la tercera temporada, proclive al castigo, tristemente sabíamos que no era algo que sus creadores pudieran soportar por mucho tiempo.

Después de todo, Rick no es ningún buen ejemplo de padre, abuelo, suegro o ser humano, e irónicamente eso es lo que lo ha hecho tan cautivante para el público de una manera errónea, sintiéndose identificados con la nula necesidad del personaje en reprimir su indiferente lado oscuro. Lamentablemente, esa supremacía de Rick en sus múltiples universos solo hizo que durante la reciente temporada se perdiera la representación del papá Jerry como el personaje más cercano a la realidad que pueda tener la serie, por más que sea etiquetado simplemente como un esposo perdedor.

Claro que en parte es el mismo tren argumental que liberó a las mujeres de la familia, Summer y Beth, para que pudieran contar sus propias historias sin dependencia de las figuras masculinas, incluyendo a Morty. Por esto mismo vimos a una adolescente Summer asumiendo rol de mujer casada en un mundo caníbal post-apocalíptico estilo Mad Max –que una vez civilizado se vuelve aburrido-, o una Beth más preocupada por restablecer vínculos emocionales con su padre que la relación con su antiguo esposo.

Es en estos episodios donde entraron respectivamente las escritoras Jane Becker y Jessica Gao, siendo esta última a la que la serie le debe toda la espectacularidad de ‘Pickle Rick’, e interesantes adiciones como Jaguar, quizás el reemplazo secundario de Bird/Phoenix Person y con la voz del inconfundible Danny Trejo alias “Machete”. El episodio toma una idea tan poco convencional como la de Rick convirtiéndose en un pepinillo para evitar asistir a terapia familiar, y la convierte en un experimento Frankenstein simbólica y literalmente, con mucha sangre y partes de ratas en el camino, así como un tributo directo a las cintas americanas de acción ochenteras. No es sorpresa que “Rick pepinillo” resultara ser toda una sensación en internet. A esto se le suma Susan Sarandon en el papel de una terapista con un análisis muy profundo y certero hacia Rick, pero que deja claro el poco interés de la serie en asumir las consecuencias por los actos de sus protagonistas, dada la resolución ya tradicional con el “todo vuelve a la normalidad”.

Si lo pensamos, eso último es algo que la mayoría de series animadas, especialmente comedias, hacen para poder romper los esquemas cuantas veces quieran (Los Simpson, Padre de Familia). Pero con Rick and Morty el asunto es que desaprovecha un potencial dramático bastante elevado, una moraleja desperdiciada. O tal vez por eso mismo de que nada importa, como predica constantemente la serie, es que la continuidad que afecte mucho la trama general no es conveniente para sus creadores. De ahí que el final de temporada no sea más que presionar el botón reset.

Además de un episodio parodia intergaláctica de Avengers/Suicide Squad/Saw (escrito por Sarah Carbiener y Erica Rosbe), con un grupo conocido como ‘Vindicators’ y un personaje excéntrico tan interesante como Million Ants, esta tercera temporada de Rick and Morty expuso algunas escenas realmente crudas y de silencios incómodos, incluyendo muertes de niños alienígenas o niños terrícolas asesinando sanguinariamente al adulto recreacionista de una fiesta de cumpleaños. Si, finalmente es una serie animada para adultos, pero no deja de sentirse cuando cruza la raya.

Esta libertad es la que lleva al personaje de Morty muy lejos de la inocencia del episodio piloto, porque desde entonces cada vez ha sido más difusa. Desde un Morty vengativo que gracias a la ciencia deforma al joven que ofendió a su hermana, hasta un Morty sin su contraparte tóxica y negativa, que resulta siendo un exitoso inversionista en una historia muy cercana a The Wolf of Wall Street. Morty ha dejado de ser desde hace tiempo la luz en la oscuridad de Rick para convertirse en su sombra, no solo culpa del destino sino de los genes, en teoría.

Los episodios siguientes no hacen sino reiterar esto con la antología de historias alternas que tiene lugar en la Ciudadela donde viven miles de Ricks y Mortys. Por un lado, están un grupo de Mortys con sueños y esperanzas que hacen alusión a la película Stand by Me; así como un Morty policía corrupto y su primer día con un Rick novato en algo similar a Training Day. Igualmente, un Morty que busca hacerse con la presidencia de la Ciudadela para oponerse al gobierno de los Ricks, pero con un revelador guiño hacia el episodio 10 de la primera temporada y la muestra más directa del potencial de Morty sobre Rick. Nieto de su abuelo, al fin y al cabo.

La tercera temporada nos queda debiendo un ‘Interdimensional Cable’, a favor de un episodio con recuerdos cortos de Morty, experiencias traumáticas que Rick ha mantenido guardadas a pesar de la petición de su nieto en serle eliminadas de su cerebro. No la suficiente justificación como para que no viéramos más canales de televisión de otras dimensiones y sus psicodélicas posibilidades.

Es así como el punto de convergencia con los episodios finales de la temporada nos deja en una constante duda sobre el estado de Beth y… Beth. Sin contar al Rick y Morty que yacen enterrados en el jardín de los Smith, en este punto de la serie es muy difícil llevar la cuenta sobre cuál Rick es el actual Rick y cuál Morty es nuestro Morty. Jerry y Summer no son el problema de la ecuación, sino el indeterminado cambio de cuerpos de Rick por uno que incluso posee modificaciones cibernéticas, u otro renacido desde una bestia intergaláctica, o aquel pepinillo evolucionado. En cuanto a Morty y el malvado Morty, otro caso donde las diferencias cada vez más tienden a desaparecer.

Así que el caso de la original Beth y un presunto clon de Beth, serían el indicio que aquel reiniciado estado actual de la familia Smith, con un eternamente decepcionado Rick viviendo su verdadero castigo, no es en realidad el final plano que la serie pretende presentarnos. A la hora de la verdad, puede que ninguno de ellos sean los personajes que iniciaron la primera temporada y de todas formas tampoco importa, a menos que la continuidad tuviese un verdadero peso.

Y seamos sinceros, eso nunca va a pasar.

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