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Black Mirror – La reseña

Por el Miércoles 29 de Noviembre de 2017
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Hubo un tiempo en el que el género de los point-and-click era uno de los predominantes dentro de la industria de los videojuegos. Incluso durante el apogeo de los plataformeros en los noventa, compañías como LucasArts continuaron alimentando las librerías de los amantes de las aventuras gráficas hasta principios del nuevo milenio. Por supuesto, esto no significa que todos los juegos de este tipo alcanzaran la popularidad de franquicias como Monkey Island o King’s Quest. Uno de estos sería The Black Mirror, desarrollado por Future Games y lanzado en febrero de 2003.

La historia gira alrededor de Samuel Gordon, que regresa al hogar ancestral de su familia para investigar la causa detrás de la súbita muerte de su abuelo. Sin embargo, al llegar a la mansión, misteriosas muertes ocurren mientras descubre más del pasado de su familia y su relación con las artes arcanas. Aunque no se convirtió en un clásico de culto, ya fuera por sus huecos argumentales o final abrupto, The Black Mirror tuvo una recepción lo suficientemente buena para justificar el desarrollo de dos secuelas en 2009 y 2011. Por desgracia, estas no recibieron el mismo grado de atención que la entrega original. Esto se debe en buena medida a que los títulos point-and-click ya no son un género predominante.

Hoy en día, si bien no es el único estudio que los desarrolla, el principal responsable de perpetuar el género ha sido Telltale Games, conocido por su saga de juegos basados en The Walking Dead. Frente a este “monopolio”, no ha de extrañar que muy pocos estudios se dispongan a crear títulos point-and-click. No obstante, a pesar de no contar con una excelente historia ni un apartado visual único, THQ Nordic y KING Art Games han decidido probar suerte con nada más ni nada menos que un reboot de The Black Mirror.

Únicamente titulado Black Mirror, esta reimaginación cuenta con una premisa muy parecida a la de la entrega original. Sin embargo, en vez de entregar un relato que mezcla cuidadosamente el ocultismo con el horror psicológico, el reboot ofrece un relato fantasioso que en muy contadas ocasiones es capaz de generar suspenso o miedo hacia lo desconocido. Esto no es exclusivamente culpa de la trama, sino que es resultado de múltiples aspectos irreconciliables que no entregan una experiencia completa.

La historia es protagonizada por David Gordon, que regresa al hogar ancestral de su familia para investigar la causa detrás de la extraña muerte de su padre. A medida que investiga la mansión, el protagonista descubre más del oscuro pasado de su familia. Si bien esta semejanza inicial con la premisa del título original logrará animar a aquellos que lo disfrutaron, el pésimo ritmo de Black Mirror —el juego dura menos de cinco horas, aunque esto es parcialmente bueno porque impide que se vuelva tedioso— no contribuye a la construcción de un buen misterio ni a la caracterización de personajes memorables. Pero más que por su trama, el reboot resalta por presentación visual inacabada.

Black Mirror

Aunque los escenarios están bien modelados, hay varios errores gráficos que son “maquillados” por la oscuridad. Por fortuna, la mayoría del juego transcurre durante la noche. Lo mismo no se puede decir de los personajes, cuyo diseño caricaturesco y poco pulido contrasta fuertemente con los escenarios realistas. Esto no sería tan malo si las expresiones faciales y movimientos de estos no fueran tan limitados. Ya que estos no sirven para transmitir emoción, todo depende de los actores de voz, que generalmente hacen un buen trabajo. En otras palabras, Black Mirror pudo haberse beneficiado enormemente de unos cuantos meses más de desarrollo.

En lo que respecta a jugabilidad, Black Mirror es un híbrido entre un point-and-click y elementos puntuales de survival horror como Resident Evil y Silent Hill. ¿Cuáles? Pues la utilización de ángulos de cámara predeterminados. Además de la exploración de escenarios e investigación de items propias de un juego del género, habrá múltiples rompecabezas. Estos son indudablemente lo más parecido a un reto que presenta el título, ya que requerirán ser observados desde diferentes ángulos para resolverlos. A diferencia de estos rompecabezas, las investigaciones y las opciones de diálogo no terminan beneficiando al reboot. Mientras que las primeras tienen un límite de tiempo, lo que genera más frustración que tensión, las segundas no ofrecen bifurcación alguna en la historia y sirven para arruinar el ritmo de ésta.

Para concluir, si bien el título cuenta con subtítulos en español, está pésimamente localizado. Además de tener traducciones incorrectas, hay diálogos que ni siquiera son subtitulados. Como si lo anterior no fuera suficiente, el exceso de pantallas de carga no le hace favor alguno al juego.

Black Mirror es un juego funcional, pero no posee el encanto de los point-and-click de antaño ni de los survival horror creados por Konami y Capcom. Si bien la historia no resulta especialmente tediosa ni cuenta con los huecos argumentales del primer juego, tampoco resulta tan memorable a causa de su corta duración. Con la excepción de un puñado de rompecabezas con soluciones alternas, el reboot no ofrece incentivo alguno para volver a jugarlo. Esto no sería tan malo si su precio fuera acorde a los contenidos que ofrece.

Reseña hecha con una copia digital de Black Mirror para PlayStation 4 brindada por THQ Nordic.

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