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The Last Night y los autores “problemáticos”

Por el Miércoles 14 de Junio de 2017
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El siguiente artículo incluye contenido -no gráfico- que puede resultar sensible para algunos lectores.

 

E3, 2017. Conferencia de Microsoft.

 

El evento se desarrollaba de acuerdo con lo esperado. Se nos reveló por fin Xbox One X como la consola de videojuegos más poderosa del mercado. Se nos mostró lo bien que lucen los automóviles en Forza 7 y un nuevo Assassin’s Creed que despertó las esperanzas de un segundo aire para la franquicia.

Todo muy bonito, pero muy normal. Todo dentro de lo esperado.

Pero entonces comenzó la infaltable y nunca despreciable muestra de juegos “indie”, uno siempre puede contar con aquellos desarrolladores para que doten a estas conferencias de gotas de creatividad e ilusión que los desarrolladores Triple-A a veces temen implementar…. Y entre todos ellos sin duda el que más llamó la atención fue The Last Night.

Tras ver ese trailer no es difícil entender por qué despertó el entusiasmo de la audiencia: un bellísimo trabajo de Pixel art, un estilo visual muy definido, único y con mucha personalidad. Y claro, la ambientación Cyberpunk, una debilidad de varias generaciones de videojugadores que vimos Blade Runner a una edad impresionable.

De inmediato comenzamos a buscar más información sobre este juego. ¿Cuándo se pone a la venta? ¿Quién lo desarrolló? ¿En qué se inspira? Lo que se descubrió a su vez reveló cosas que no teníamos muchas ganas de conocer y que traen de regreso una discusión importante sobre la relación entre el artista y sus obras.

The Last Night está desarrollado por un equipo llamado Odd Tales y su historia es la de un pequeño grupo de entusiastas de los videojuegos que crearon la obra ganadora del ‘CyberpunkJam’ de 2014. Su proyecto creció y mejoró hasta llamar la atención de Raw Night, que decidió publicar el juego en Xbox One y PC para 2018. Esta sería una gran historia de esfuerzo y triunfo… de no ser porque Tim Soret, fundador de Odd Tales y director creativo, hizo algunos comentarios hace algunos años que reaparecieron en Twitter y otras redes sociales.

En 2014, Tim participó de varias discusiones en Twitter y en foros como Idle Thumbs en los que atacaba el feminismo, a críticos como Anita Saarkesian y mostraba abiertamente apoyo al grupo de odio GamerGate (que tristemente sigue activo y acosando a muchas mujeres de la industria de los videojuegos).

Estos comentarios no sentaron bien en gran parte de la comunidad videojugadora. Aunque el hecho de que apoyara GamerGate es de por sí grave, se podría argumentar que lo había hecho desde un punto de vista desinformado. Sin embargo, más recientemente también escribió criticando al presentador Bill Nye por hablar sobre el espectro del género.

Esto fue suficiente para que muchas personas expresaran su decepción y que no apoyarían The Last Night a pesar de lo interesante que luce en su trailer, debido a las políticas de su director.

Yo mismo siento un conflicto al respecto. The Last Night luce genial y tengo muchas ganas de probarlo. Pero me causa verdadero desagrado conocer las opiniones tan retrógradas de uno de sus creadores, especialmente saber que el dinero que pagaría por esta obra llegaría a sus bolsillos.

Pero… ¿Qué culpa tiene el juego en sí de esto? ¿Qué hay de las demás personas involucradas en el desarrollo del juego? Y sobre todo: ¿No deberíamos separar la obra del artista?

¿Es siquiera posible separar la obra del artista?

Miremos algunos casos más extremos, mucho más extremos.

El año pasado vi Café Society. No es una gran película pero la disfruté gracias a las geniales actuaciones de su elenco y su reflejo de la sociedad del viejo Hollywood. No puedo negar que me gusta el cine de Woody Allen. Manhattan, Annie Hall, son clásicos geniales, y más recientemente Midnight in Paris se convirtió en una de mis películas favoritas de todos los tiempos.

Pero Woody Allen es una persona muy desagradable que ha sido acusado de abuso sexual y pedofilia.

¿Cómo puedo reconciliar mi gusto con estas películas con mi rechazo hacia el director? Lo mismo ocurre con Roman Polanski, que incluso ha ganado el Premio Óscar tras haber sido encontrado culpable de abusar de una menor de edad; o con la música de Michael Jackson, que es ampliamente considerado uno de los más grandes artistas musicales que ha existido, pero acusado de lo mismo.

Conozco gente que se niega a consumir las obras de algunos de estos autores. Tienen claro que su decisión no va a afectar de forma alguna a estos hombres ni va a beneficiar a sus víctimas, pero no se sienten bien consigo mismos de otra forma. Otros prefieren ignorar por completo esta problemática. He leído a críticos que no tienen ningún problema con ver las películas de Polanski u otros directores problemáticos, pero no pierden la oportunidad de recordar en sus escritos lo que estos autores han hecho.

Yo no puedo dejar de amar Midnight in Paris. Trato de racionalizar que no es probable que un porcentaje de los pesos que gasté para ver una película de Allen llegue a su bolsillo. Pero ese hecho sigue allí. Incluso es imposible no mirar con suspicacia cómo muchos de los protagonistas de sus películas son hombres mayores, que se relacionan con mujeres mucho menores que ellos.

Pero en otros casos soy menos permisivo. Actualmente me niego, al igual que muchos otros, a ver películas en las que participe Johnny Depp. Acusado el año pasado de golpear a su ex-esposa. Tampoco soy capaz de ver El Último Tango en París desde que se reveló que la escena de sexo de Marlon Brando en esa película, fue realizada contra los deseos de la protagonista. Literalmente una violación en pantalla.

Pero estas son acciones criminales. Analicemos qué pasa cuando los artistas se suscriben a ideologías intolerantes o directamente discriminatorias. Veamos el caso de Ender’s Game, filme de 2013.

El productor de la película y autor del libro en que está basada, Orson Scott Card, hizo a lo largo de varios años comentarios desagradablemente xenofóbicos y homofóbicos. Llegó a mencionar que el ataque contra el World Trade Center está justificado porque permitió a Bush iniciar su guerra contra el terrorismo islámico, que Obama estaba entrenando militarmente a pandillas de criminales para atacar a sus contradictores o que deben mantenerse leyes contra el homosexualismo que se ejecuten “eventualmente” para recordarles que su comportamiento es antinatural.

Tal actitud despertó una justa indignación en el público general. Las campañas para dar a conocer las políticas del señor Scott Card ayudaron a convertir a Ender’s Game en uno de los más sonados fracasos de taquilla de ese año.

Pero la película no reflejaba la forma de pensar de su autor. Ninguno de los temas se presentaba en contra del homosexualismo, de la inmigración o de las personas de razas diferentes a la blanca. ¿Es esto justo con los actores, el director y el resto de equipo de producción? Tal vez sea una lección, una en que la sociedad advierte a las empresas que no deben apoyar el trabajo de esta clase de personas.

Sin embargo, esta especie de “activismo del consumo responsable” ha llegado a degenerarse en ocasiones, debido a que cierta parte de la audiencia parece comenzar a exigir una pureza ideológica” absoluta de parte de los autores y artistas. Un simple tweet, un comentario en una entrevista de hace varios años o una mala interpretación de una película, puede convertirse en una cadena de críticas y llamados al boicot, sin que las personas se detengan por un momento a pensar si la razón de esto puede estar sacada de contexto, pudo haber sido una equivocación de la persona o si corresponde a algo sobre lo que ya se ha cambiado de opinión.

La crítica a las actitudes y comentarios ofensivos de una persona es algo que se debe hacer, pero de forma responsable. Cuando se llama a un boicot contra Wonder Woman porque Gal Gadot alguna vez habló sobre los asentamientos Israelíes en territorio palestino o se ataca a Joss Whedon por escribir que a Black Widow le entristece saber que nunca será madre es llevar las cosas al extremo.

Supongo que esta es una cuestión que se puede analizar caso por caso. Cada uno de nosotros tiene “causas sociales” que le preocupan más que otras. Yo por ejemplo no voy a dejar de ver Attack on Titan porque su creador Hajime Isayama tenga unas políticas muy nacionalistas y pro-colonialistas (pero voy a estar muy atento de criticar estas posiciones si algún día llegan a formar parte de la temática de su obra). Me es mucho mas difícil a nivel personal apoyar trabajos cuyos autores sean racistas o antifeministas. Otras personas no sentirán la necesidad de hacer esto, pero podrían decidir dejar de ver series como 24 o Homeland por la forma en que sus escritores apoyan ideas respecto a la tortura o contra el islam.

Y sin embargo hay excepciones. Howard Phillips Lovecraft creó una de las mitologías de ficción que más fascinación me causa. También era un hombre increíblemente racista. Supongo que el hecho de que haya muerto hace tantos años hace que no me impacte ese aspecto de él, aun cuando a veces se ve reflejado en el exotismo con el que presenta a ciertas razas en su obra.

Volvamos al caso de The Last Night.

De acuerdo a lo escrito por el mismo Tim Soret hace unos años, la trama del juego sería una especie de parodia exagerada de lo que él creía que era el feminismo y el progresismo.

Pero parece que este ya no es el caso. La distribuidora Raw Night publicó un comunicado en que declara que apoya el feminismo y la igualdad y que no estarían trabajando con Tim si él representara las cosas que dijo hace años. Aclaran que The Last Night no maneja estos temas y que su punto de vista ha cambiado en los últimos tres años. También se reporta que durante el PC Gaming Show en E3, el mismo Tim habló sobre estos hechos en público y ofreció disculpas por sus viejos comentarios. Microsoft también se pronunció en Polygon diciendo que la diversidad y la inclusión son elementos claves en su compañía y que no apoyan los comentarios en su contra.

Es verdad que la descripción de la trama en la página del juego en Steam es diferente. Nos habla de un futuro en que la población no sufre de carencia para satisfacer sus necesidades básicas y esto ha resultado en una crisis de identidad y creatividad.

Los humanos conocieron primero la era de la supervivencia. Después conocieron la era del trabajo. Ahora viven en la era del ocio. Las máquinas han sobrepasado la mano de obra humana no solo en fuerza sino también en precisión, intelecto y creatividad. Al haber encontrado la estabilidad en la renta universal, la gente lucha por encontrar su vocación, su identidad, y se define por lo que consume, en lugar de lo que crea.

Este planteamiento no es que deje de levantar suspicacias. La idea de una distopia socialista de esta clase tiene una carga política fuerte que además parece ir en contra de las mismas temáticas que se manejan en las historias cyberpunk. Pero ya habrá tiempo para analizarla y hablar de ello cuando el juego esté disponible.

Aún si la trama no es la ridiculización del feminismo que se suponía que iba a ser, hay muchas personas que no están convencidas por el cambio de mentalidad de Tim Soret. Algunos creen que puede estar fingiendo su cambio para no afectar las ventas del juego. Otros creen que es sincero, pero encuentran difícil apoyar a alguien que perteneció a un grupo que le hace daño a tantas personas.

Yo aun no sé qué creer ni qué voy a hacer al respecto. Supongo que esperaré el lanzamiento del juego y a los primeros comentarios sobre cómo maneja sus temas. Quiero creer que las disculpas de Tim son sinceras y que ha abandonado sus posiciones misóginas. Pero esperaré.

Sé que este es un final algo decepcionante para este artículo. No tengo ninguna conclusión al respecto sobre la forma correcta en que debemos abordar esta situaciones. A veces es descorazonador ver cómo una persona que admiramos expresa algo con lo que estamos profundamente en desacuerdo, o que incluso puede hacernos daño. Pero cada uno de nosotros reacciona diferente ante eso. Solo les puedo pedir que sean responsables y críticos con todo lo que jueguen, lean o vean.

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