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Alita: Battle Angel y los pecados del género cyberpunk

El cyberpunk es uno de los géneros más queridos por los fanáticos de la ciencia ficción, pero ha llegado la hora de que evolucione.

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¿Qué imágenes llegan a sus mentes cuando leen la palabra cyberpunk? Probablemente una ciudad futurista, sucia y llena de avisos publicitarios de neón. Tal vez sea la imagen de un androide sin expresión, una persona con extremidades robóticas, una megacorporación que controla el mundo o un hacker con su cerebro conectado a una red de computadoras. Estas son ideas bastante evocadoras que han llegado a definir a este subgénero de la ciencia ficción. Irónicamente, son unas que contrastan bastante con el origen de la palabra que las representa.

El nombre cyberpunk se originó en un cuento corto escrito por Bruce Bethke a comienzos de los años ochenta en la revista Amazing Stories. En este se cuenta la historia de Mikey, un chico con conocimientos de computación que suele causar problemas en las redes de comunicación con la ayuda de sus amigos. A la palabra punk, que solía ser usada para describir a jóvenes problemáticos, se le agregó el prefijo cyber para indicar que era un ‘punk de la tecnología’.

Esta simple explicación se distancia de lo que reconocemos como cyberpunk. El punk de su nombre lo relacionamos con el género musical que tuvo su auge en los años sesenta y setenta y que llegó a representar una subcultura rebelde y radicalmente opuesta a los valores conservadores de la sociedad: una revolución cultural con los ojos abiertos contra la corrupción política, la hipocresía de las comunidades y con tendencias anarquistas.

Muy pronto, esta palabra comenzó a ser usada para describir las obras de ciencia ficción que se alejan del estereotipo del ‘protagonista heroico’ y de un futuro para el planeta Tierra donde la vida en este es mejorada por la tecnología. El libro Neuromancer y la película Blade Runner fueron algunas de las primeras obras populares en ser descritas como cyberpunk.

La más reciente película en ser considerada parte de este subgénero es Alita: Battle Angel (o Battle Angel: la última guerrera, como fue titulada en Colombia). En este filme vemos un mundo futurista donde los ricos habitan una ciudad en el cielo mientras que los pobres se quedan en el suelo trabajando en fábricas al servicio de «los de arriba». Una gran cantidad de personas y animales tienen implantes robóticos y los cyborgs son bastante comunes. Battle Angel crea este escenario y personajes con efectos especiales de punta, convirtiendo a la ‘ciudad de hierro’ —con la poderosa Zalem flotando sobre ella— en una vista digna de ser apreciada. Pero a nivel de historia se aleja tanto de lo que hacen otras obras cyberpunk que muchos conocedores de este estilo han quedado confundidos.

La razón es que Battle Angel usa el cyberpunk de un modo especial. En lugar de contar una historia de opresión, misterio o conspiraciones, se enfoca en una joven chica que está buscando encajar en el mundo, incluyendo su búsqueda del amor. Tiene más en común con películas basadas en novelas ‘para jóvenes adultos’ como Los juegos del hambre y Cazadores de sombras que con Deus Ex o Robocop.

Sí, en ella hay temas sobre la diferencia de clases y la humanidad existente en un cuerpo mecánico. ¿Pero dónde está la rebelión contra la opresión del gobierno? ¿Qué hay de las megacorporaciones que controlan todo en secreto? ¿Por qué no hay discriminación contra las personas que tienen partes robóticas? Para algunos, la poca importancia que se da a estos elementos en una obra que clama pertenecer al subgénero es prácticamente una herejía.

Hace algunos meses, cuando CD Projekt Red reveló varios minutos de juego de Cyberpunk 2077, muchos expresaron su preocupación de que fuera un juego “con mucho estilo, pero sin sustancia”. No quieren que sea un título que solo use su ambientación cyberpunk para crear escenarios llamativos y justificar los ‘poderes’ del personaje protagonista mediante implantes tecnológicos. Quieren que tenga ‘el espíritu del cyberpunk’ y, por lo tanto, haga una crítica fuerte contra el capitalismo; que trate de definir al ser humano a través de su relación con la tecnología y muestre a las masas levantarse contra sus opresores.

Eso estaría muy bien. Esos son temas importantes e interesantes que es necesario tratar en obras de ficción. Pero, si somos honestos, la mayoría de cyberpunk no habla de esto. Obras tan importantes para el género como Neuromancer y Akira tienen protagonistas que se oponen a la autoridad, no por un deseo de rebelión ni por el bien social, sino por egoísmo o rencor. Otros protagonistas del subgénero —como Motoko Kusanagi, de Ghost in The Shell, y Rick Deckard, de Blade Runner— operan bajo órdenes de instituciones del gobierno y hacen su trabajo por beneficio propio, incluso en las ocasiones que se rebelan. Tantos años de consumir este tipo de historias han hecho que las romanticemos y adaptemos a nuestros propios deseos.

En un artículo para The Guardian publicado en octubre de 2018, el escritor Paul Walker-Emig argumenta que el cyberpunk se ha estancado. En algún momento de la historia este representó lo que podía pasar si dejamos que la tecnología se tome el mundo para servicio de las corporaciones en lugar de las personas. Ahora, esta distopía se ha hecho realidad y el género sigue haciendo lo mismo y luciendo igual.

Irónicamente, en su desinterés por las ideas canónicas del ‘cyberpunk’, Alita: Battle Angel se ha convertido en una mirada al futuro del subgénero. La historia de una persona buscando un cuerpo cibernético que se sienta propio de ella y cómo se vuelve ‘más humana’ cuando lo encuentra —contrario a lo que suele pasar en otras obras del género, donde esto simboliza la deshumanización— es algo que ha resonado con personas transexuales. Se han llegado a sentir identificadas con una protagonista que sabe que esta en un cuerpo que no es el suyo.

El presente de nuestro mundo ya es prácticamente cyberpunk. Si esta clase de obras quieren estar a la altura de su legado, van a tener que hacer algo especial más allá de las luces de neón, megacorporaciones malvadas, implantes cibernéticos y banda sonoras con mucho sintetizador.

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1 comentario

1 comentario

  1. Aaron

    febrero 20, 2019 en 21:07 pm

    Muy buen pensamiento. Me encanta, Blade runner!!!, Pero siempre lo mismo, es lo que gustó de alita, hay pobreza, pero no todo es negro y oscuro, se cómo nuestro día a día, solo más avanzado en tecnología.

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