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Candyman (2021) – Reseña

«Di su nombre».

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En una antología de mediados de los años ochenta llamada Los Libros de la Sangre, Clive Barker —el legendario autor de terror y director de la recordada Hellraiser— nos presentó un cuento llamado Lo Prohibido. En este, exploraba la naturaleza de las leyendas urbanas y su importancia cultural. Esta fue la base de Candyman, una película de 1991 —protagonizada por Virginia Madsen y Tony Todd— que convirtió a su particular villano en todo un ícono del horror.

Ahora, treinta años después, llega un engañoso ‘remake’ de Candyman. Decimos engañoso porque, aunque en un principio fue promocionado como un nuevo inicio para esta historia, es realmente una secuela muy vinculada con el filme original. Afortunadamente, ignora sus innecesarias partes 2 y 3.

Anthony McCoy es un pintor que lleva años tratando de encontrar un nuevo enfoque artístico. ESo cambia cuando escucha la leyenda de Helen Lyle. Ella fue una mujer blanca que enloqueció, mató a varios habitantes de un barrio negro y trató de secuestrar un bebé. Inspirado por esta historia, comienza a indagar en el pasado y pintar sobre los eventos que ocurrieron en Cabrini Green. Sin querer, Anthony desata el poder de otra supuesta leyenda urbana. “Si dices cinco veces el nombre de Candyman ante un espejo, él vendrá a matarte”.

Los fanáticos del cine de terror reconocerán de inmediato la leyenda de Helen Lyle. Se trata de una versión retorcida de los eventos de la película original. Esta es parte de la genialidad de esta nueva versión, pero también su mayor problema. La nueva Candyman construye un fantástico castillo sobre las bases del filme original, expandiendo sus temas de leyendas urbanas, traumas sociales, racismo y la historia de sufrimiento que los blancos tratan de ignorar. Tristemente, es un castillo de naipes que corre el riesgo de derrumbarse por abusar de su propio pasado.

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La película original, a pesar de recurrir al cliché del ‘salvador blanco’, es una fantástica exploración de esos temas que son aún más vigentes hoy de lo que eran hace tres décadas. La nueva Candyman es una historia negra con un protagonista negro que suma elementos de abuso policial y gentrificación a la ecuación. Tiene cosas interesantes que decir y presenta bien sus temas, pero comete dos errores. El primero es que explica literalmente sus metáforas, robándole misticismo a su historia. El segundo es un pequeño giro en la trama que vincula aún más a sus protagonistas con la primera película. Sin embargo, es innecesario y forzado.

Es una lástima, ya que la actual corriente de ‘horror noire’ —a la que pertenecen ¡Huye! (Get Out), Nosotros (Us), Antebellum y Lovecraft Country— ha hecho un gran trabajo vinculando el simbolismo con temas de dolorosa actualidad. A Candyman “le faltó centavos para el peso”, pero sigue siendo una buena adición.

Esos problemas menores no significan que esta no sea una buena película de terror, porque lo es. Esta versión de Candyman es un «monstruo» que solo se mueve entre los espejos. La directora Nia DaCosta —que se encuentra dirigiendo The Marvels, la secuela de Capitana Marvel— lo aprovecha bien para crear vistosas escenas de horror y ‘gore’ en que las víctimas son asediadas y destrozadas por un atacante invisible. Es verdad que sus «poderes» son algo inconsistentes a lo largo del filme, pero esto se puede perdonar fácilmente al ver las escenas que logran con ellos.

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Aunque el villano sigue siendo amenazante e intrigante, hace mucha falta la imponencia y elegancia que Tony Todd demostró en la trilogía original. No es lo mismo sin él. Sabemos lo que se están preguntando y la respuesta es afirmativa: a él lo vemos en un pequeño, pero significativo cameo.

La forma en que la presencia de Candyman afecta a los protagonistas también da pie a interesantes momentos de horror psicológico y corporal. Damos un ‘trigger warning’ para quienes sufran de tripofobia. Yahya-Abdul Mateen II —a quien hemos visto lucirse como Black Manta en Aquaman y la serie de Watchmen— hace un gran trabajo representando la degeneración mental y emocional del protagonista. Es una lástima que el doblaje al español latino no sea el mejor posible y le robe un poco de fuerza a su actuación. Lo mismo pasa con su novia Brianna. Ella es interpretada por Teyonah Parris, a quien vimos como Monica Rambeau en Wandavision.

Hablando de Brianna, ella es un personaje muy desaprovechado. Sus ‘flashbacks’ apuntan a un trauma con la muerte de su padre y una complicada relación con el arte. En esta película, presentan el arte como la principal forma en que una comunidad lidia con su dolor. Desafortunadamente, estas ideas quedan en el aire.

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Esta nueva versión de Candyman es una buena película de terror. No decepciona a nivel de violencia, suspenso y tiene algunas escenas dignas de una pesadilla. También propone temas interesantes con mucha relevancia social. Aunque no desarrolla bien todos ellos, sirve para dar un paso adelante en esa necesaria conversación.

A pesar de su calidad técnica y buenas intenciones, queda muy por debajo de la cinta original. Si no han visto esa joya del horror, pueden hacerlo en Claro Video y iTunes.

Candyman (2021)
3.3/5 Nota
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