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El Conjuro 2 – La reseña

¿Logra capturar la misma esencia y el terror de la original? ¡Averígualo en nuestra reseña!

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Cuando El Conjuro se lanzó en 2013 fue un verdadero soplo de aire fresco sobre el saturado mundo del terror. Esta fue una película que ciertamente no inventó la rueda, que estaba llena de elementos tan conocidos y usados que ya se habían convertido en clichés. Sin embargo su aproximación hacia los sustos repentinos, la casa embrujada o la posesión demoníaca fue tan sincera y simple que se convirtió de inmediato en un éxito. Nada de sustos falsos en los que el responsable del ruido misterioso era un gato, nada de sonidos bruscos a la hora de revelar una figura en segundo plano que no era más que un personaje nada amenazante. Esta película de James Wan, el mismo director de joyas del terror como Saw o Insidious, no pretendía más que asustar a la audiencia sin considerarla estúpida, y esa audiencia respondió con cariño… y con gritos.

Tres años después viene su secuela y con ella muchas dudas. Tras un absolutamente terrible spin-off basado en la muñeca Annabelle, muchos habían perdido algo de la buena fe que le tenían a la original. Claro que ese pésimo filme no contaba con la cámara y el guión de Wan ni con la participación del elenco de la original, todos ellos de regreso en esta secuela.

Vera Farmiga y Patrick Wilson interpretan de nuevo a Lorraine y Ed Warren. La pareja inspirada en el verdadero matrimonio Warren y que tras ayudar a la familia Perron en la anterior película, se ven llamados a investigar los extraños eventos que ocurren a una familia en una casa del distrito Enfield en Londres. Un caso inspirado también en un suceso de la vida real en el que una adolescente era supuestamente poseída y atormentada por un poltergeist.

El Conjuro 2 es, al igual que su predecesora, una suma de los elementos y la estructura ya conocida usada en la mayoría de historias de fantasmas y casas embrujadas. No hablo solo de la forma en que usa los sustos, los muebles moviéndose solos, los ruidos en las paredes y la chica hablando con una voz que no le pertenece, sino también de la forma en que evoluciona la historia siguiendo los mismos pasos que hemos visto desde Poltergeist hasta Insidious: Chapter 3.

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Pero entonces ustedes se preguntarán: Si esta película es más de lo mismo ¿cómo se explica que sea tan bien recibida? Es verdad. No solo está película está obteniendo muy buenas críticas tanto de la prensa general como de la especializada en terror, sino que es un éxito en taquilla que en su primer fin de semana en Norteamérica incluso fue capaz de superar a Warcraft por casi el doble. Definitivamente suena a que es mucho más que una simple película de horror “del montón”.

Y definitivamente no lo es. Lo primero que juega a su favor es que sí logra asustar a su audiencia. Los momentos de terror están muy bien construidos ya que se basan en crear suspenso. No es solo que sepamos que “ya viene el susto” sino que crea la expectativa de que va a ocurrir algo, mediante una combinación perfecta de música, movimientos de cámara y reacciones de los actores que no siempre nos conducen a un “brinco”, sino también a cambios de escena para mostrarnos lo que va a ocurrir de un modo que genere aún más tensión hasta el punto en que llega a hacerse insoportable. Y no crean que cuando por fin llega el momento del horror nos hemos liberado, ya que al director le gusta seguirlo con una cadena de eventos sobrenaturales que nos llevan del miedo a la emoción, al temor por los personajes e incluso hasta la risa, porque el ritmo está tan bien planteado que, al igual que en clásicos como Poltergeist, las acciones de los fantasmas y demonios pueden servir de un alivio cómico temporal sin que esto los vuelva menos aterradores.

Seguramente muchas de esas audiencias que no gustaron de La Bruja por su “falta de sustos” se van a encontrar a gusto aquí. Claro, son dos tipos de horror diferentes. Personalmente encuentro a esta otra película mucho más aterradora por la forma en que maneja sus temas sobre religión y la familia, pero quienes busquen sustos seguramente van a preferir el filme de James Wan. En fin, la verdad solo quería aprovechar para recomendarles La Bruja, una cinta que me parece realmente espectacular. Pueden leer mi reseña aquí.

La otra razón por la que El Conjuro 2 sobresale entre las películas de temáticas similares son sus personajes. La familia Hodgson son las típicas victimas de las malvadas entidades de estas historias con su trasfondo de pobreza, una madre soltera, muchos hijos y muchos más dramas. Aunque el obvio cariño y apoyo que se dan entre ellos nos ayuda a sentir empatía, la verdad es que son un arquetipo que ya hemos visto mucho. La verdadera razón por la que este filme resulta tan fuerte es por la pareja protagonista. Los Warren no son solo ya viejos conocidos gracias a la primera El Conjuro, sino que allí nos hicieron creer que su relación era real y que su vínculo es lo suficientemente poderoso como para resistir los entes a los que se enfrentan. Vera Farmiga es pura fortaleza en su rol de Lorraine. Es una mujer atormentada por su capacidad de “sentir” lo inhumano, pero que se enfrenta a ello sin dudar pese a sus temores y dudas; mientras que Patrick Wilson es puro carisma y encanto como Ed. Un hombre siempre dispuesto a creer y ayudar a los demás.

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Al comienzo se nos revelan las causas de los peores temores de Lorraine, y la posibilidad de que estos se hagan realidad logra crearnos cierta ansiedad respecto a cómo pueda terminar el filme. Las charlas entre los dos protagonistas están cargadas de ternura, pero también del peso que tantos años en su particular línea de trabajo ha creado. Toda esta emoción desemboca en un tremendo enfrentamiento climático de la pareja contra una entidad que encarna todo lo que han sufrido y todo lo que están arriesgando. Es un cierre fantástico de su arco.

Pero no todo en los Warren es cacería de fantasmas y charlas sobre la existencia de demonios. Uno de los mejores momentos en la película es una escena bastante tranquila y tierna en la que Ed toma una guitarra para interpretar “Can’t help falling in love” de Elvis Presley. Este es uno de los momentos que demuestra que los Warren son una fuerza del bien en estas cintas, y como muchos de sus diálogos, expresa que así como el mal puede tratar de destruir nuestras vidas, el bien también existe, es poderoso y lo encontramos en la ayuda de los demás.

Es increíble todo lo que he escrito aquí sin mencionar otra de las grandes fortalezas de esta obra: Su villana. Aunque la mayor parte del tiempo las entidades que rondan la casa de los Hodgson son la misma cámara del director: moviéndose todo el tiempo, observando de un modo casi voyerista a los protagonistas, acercándose y alejándose a veces en ángulos imposibles como… bueno, como un fantasma, pero cuando los vemos son el material de las pesadillas. La Monja es un ser horrible y demoníaco, diseñado para que no podamos olvidarla cuando cerremos los ojos al intentar dormir.

El fantasma de la casa Enfield no es más que un anciano decrépito y espectral y el “hombre torcido” resulta ser un efecto CGI que hubiera funcionado mejor manteniéndose en segundo plano, pues cuando le vemos de cerca resulta desconcertante y caricaturesco. Pero esa monja, esa monja se les va a meter bajo la piel y les va a hacer mirar hacia atrás cuando estén solos.

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Eso sí, algo que comparten tanto este ser como el fantasma del anciano es que se sentirían como en casa en la franquicia de Insidious, incluso algunos elementos de sus trasfondos encajan perfectamente en la mitología del viaje astral de la otra saga de James Wan. Alguna vez se llegó a mencionar que la saga Sinister compartía universo con Insidious, lo cual no tiene ningún sentido, pero la inclusión de estos seres en el mundo de El Conjuro me hace pensar que ambas franquicias podrían vincularse en el futuro. A mi no me desagradaría para nada ver a los Warren exorcizar al hombre del rostro de fuego o a la genial Elise enfrentarse a la monja demonio.

Ahora, tras lo mucho que he alabado esta película no me van a creer cuando les diga que tiene un elemento negativo muy grave y este no es más que su trama. Verán, parte de la gracia tanto de ésta como de su antecesora es lo mucho que respeta los casos en que está inspirada, desde su época hasta su localización y la apariencia de sus implicados (durante los créditos verán el increíble parecido de los escenarios y algunos actores con los del evento de la vida real). A causa de esto se ve forzada a incluir en su desarrollo muchos elementos que formaron parte de las investigaciones y esto tiene un efecto negativo en la historia. La forma como la ‘monja demonio’ se une a la trama principal, el momento en que los protagonistas logran descifrar el misterio de la casa y escenas como la del ‘hombre torcido’ o la del espectro hablando solo si no lo miran, realmente no encajan con la historia o con la personalidad de los involucrados. Esto desentona mucho y afecta directamente la credibilidad de la que el filme se jacta.

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Y entramos a un tema mucho más espinoso ahora que hablamos de credibilidad. El caso de Enfield fue un fraude. Uno que gozó de mucha prensa y sensacionalismo sobre todo en Inglaterra, pero fue un fraude, una broma de un par de hermanas que ni siquiera los “investigadores de lo paranormal” más crédulos consideran de valor. Y es que el matrimonio Warren no fue más que una pareja de farsantes y temo mucho que estas películas puedan estar mitificando a unas personas que no lo merecen. Esto suele pasar con películas biográficas que romantizan demasiado vidas que a pesar de algún mérito, fueron en realidad malas personas y no merecen la apreciación que se les da. Los Warren de estos filmes son héroes, pero son ficción igual que los casos que “resolvieron”. No confundamos las cosas.

De todos modos quiero seguir las aventuras de los Warren. La pareja real atendió muchísimos casos que, aunque fueran falsos, son la base de historias interesantes. Es poco probable que los veamos visitar de nuevo el horror de Amityville, pero me encantaría ver una nueva versión de el poltergeist de Connecticut o incluso de esa vez que atendieron la posible existencia de un hombre lobo.

Sí, es en serio.

El Conjuro 2 es una muy buena película de terror que no solo cumple con su objetivo primordial de asustar sino que también nos presenta a unos personajes fáciles de amar, nos deleita con una altísima calidad técnica, una villana aterradora e incluso logra transmitirnos buena parte de su narrativa mediante imágenes, colores y detalles muy sutiles. Su trama es algo débil y forzada, pero es un punto negativo que palidece ante tantos aspectos positivos. Eso sí, considero que la primera película de la saga sigue siendo la mejor.

Pueden leer más de Sir Laguna en su blog Siento un Ki Maligno, seguirlo en Twitter, hacerle preguntas frikis en Ask.fm o ver sus videos en su canal de YouTube.

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