Como jugadores tenemos una fascinación innata por los juegos de dios. Este tipo de títulos pone ante los usuarios todas las herramientas para crear vidas, ciudades y civilizaciones enteras. Con SimCity, Will Wright le regaló a los jugadores la fantasía de construir su propia ciudad y ser el alcalde de la misma. Así nacieron y descrestaron los simuladores urbanos, la oportunidad de dar vida a pequeñas personas digitales y también de destruirlas. Megalópolis, la nueva película de Francis Ford Coppola gestada durante cuatro décadas, transmite ese mismo sentir.
Megalópolis es una fantasía urbana sobre un idealista interpretado por Adam Driver (Kylo Ren en Star Wars). Después que una ciudad alusiva a Nueva York sufre un desastre de proporciones apocalípticas, este se propone a convertir la metrópolis en una utopia desenfrenada. Una épica que a su vez sirve de analogía al sugestivo imperio romano, con detalles como carreras de carrozas en el Madison Square Garden y estatuas que cobran vida como parte del escenario. Todo muy al estilo onírico de Coppola (Apocalypse Now, Bram Stoker’s Dracula), quien a su vez está envuelto en polémicas por el atípico rodaje de la película Megalópolis.
La película se estrenó con ovación de pie en el festival de cine de Cannes. Aunque irónicamente no cuenta con un distribuidor lo suficientemente arriesgado para meterse en semejante empresa.
En juegos sin final definido como SimCity o su heredero involuntario Cities: Skylines, cada jugador es dios de su propia urbe y el que toma las megalómanas decisiones. Para bien o para mal. Si bien van a llevar a Los Sims a la gran pantalla, no parecería que los simuladores urbanos tuviesen potencial cinematográfico. Pero si así fuese, Megalópolis tiene todas las casillas chequeadas para ser un digno representante fílmico.

