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Cine y TV

Milla 22: El Escape – La reseña

Colombia y Bogotá son protagonistas en esta nueva producción de Hollywood que no exalta precisamente carisma con sus personajes.

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Es un experimento realmente interesante ver el resultado final de esta película como colombiano y residente del distrito capital, Bogotá. Después de todo, algo a lo que ya están acostumbrados en ciudades norteamericanas como Los Angeles o Nueva York, pero un poco más elusivo para estas tierras latinoamericanas. En películas como En busca de la esmeralda perdida (1984) de Robert Zemeckis, Colombia incluso tenía parte protagónica dentro de la historia, pero sus locaciones de rodaje –como suele pasar– habían tenido lugar en México.

Hasta hace unos años, la noción que Hollywood daba en sus películas sobre Colombia era la de un poblado rural en general, incluso para la propia capital del país como el infame caso de Sr. y Sra. Smith. Puede que en los ochenta, noventa, o la primera década del nuevo milenio, esto no importara mucho, así como en aquella ocasión donde el personaje de Arnold Schwarzenegger viajaba hasta otra tropical Colombia en Daño Colateral.

Pero en esta época del internet masificado no es tan fácil vivir engañados como turistas o viajeros extranjeros. Series como Agents of S.H.I.E.L.D. (T3E11), aún con uno que otro pequeño cliché, se encargó de mostrar la que quizás sea la Bogotá más fiel hasta entonces en pantalla –solo que con una pista de aterrizaje en los cerros orientales–. Ahora el turno le corresponde a una producción de mayor presupuesto con mucha más acción, balas y explosiones que sus predecesores, que toma lugar gran parte del tiempo en Bogotá, aunque la ciudad sea presentada dentro de la trama como parte de un anónimo país en el Sudeste Asiático.

Mile 22 o Milla 22: El Escape, como llega a Hispanoamérica, es la cuarta colaboración del director Peter Berg con el actor mejor pagado de Hollywood en 2017, Mark Wahlberg, ambos también productores del filme. Berg es mejor conocido por la increíble Hancock, un giro al género de los superhéroes; así como una menos destacable Battleship basada en el juego de mesa y la terna con Wahlberg (Lone Survivor, Deepwater Horizon, Patriots Day).

Para Milla 22, la dupla escogió a Dynamo Producciones, conocidos por la serie de Netflix Narcos y la película Los 33, para rodar una buena cantidad de escenas en Bogotá y así aprovechar los beneficios tributarios de la Ley 1556 en producciones extranjeras. El rodaje de Milla 22 en Colombia se extendió a Puerto Boyacá, específicamente su aeropuerto, uno de tantos en el departamento que no son usados comercialmente.

Mark Wahlberg interpreta a James Silva, un experimentado agente de operaciones secretas de la CIA y presuntamente el mejor de su campo, aunque nunca se nos dan verdaderas muestras de ello. Los créditos iniciales nos introducen rápidamente a la infancia de Silva y explican que básicamente era un niño genio con recurrentes ataques de ira, cuya única solución para calmarle era que él mismo estirara una banda elástica alrededor de su muñeca y la soltase de un golpe. Mismo proceso que sigue usando ya adulto casi que todo el tiempo. Silva es un personaje que vive en furia perpetua y se alimenta de gritar a sus colegas, incluso odia a los ingenieros de sistemas.

Ubicado en aquel alejado país del Sudeste Asiático –con ocasionales banderas de Colombia en sus calles– junto con agentes de campo como Alice (Lauren Cohan), Sam (Ronda Rousey) y Douglas (Carlo Alban), este grupo de “fantasmas” del gobierno estadounidense está apoyado por ‘Overwatch’, equipo de soporte tecnológico (fanático de figuras coleccionables presidenciales) que vigila desde los cielos cada uno de sus movimientos gracias a la magia de los drones, liderado por Bishop (John Malkovich) bajo el alias de “Madre.”

Un oficial de policía local llamado Li Noor (Iko Uwais) irrumpe en la embajada de los Estados Unidos, ofreciendo información confidencial para desactivar material radioactivo robado, a cambio de protección en la tierra del Tío Sam. El equipo de Silva es encargado de escoltar al informante hasta una pista de aterrizaje a 22 millas de distancia, pero detrás de ellos de suman intereses internacionales que también van detrás del traidor, tanto el gobierno local como el ruso. La ciudad se sume en caos y es ahí donde los espectadores ponen a prueba su nivel de suspensión de incredulidad.

Esto porque al comienzo es difícil tomar en serio a Bogotá como una ciudad del Pacífico Sur oriental, no porque allá no existan zonas de rodaje como el Parque Nacional, Centro Internacional o la Plaza de Lourdes de la capital colombiana, sino porque resulta un poco más genérica en pantalla. La coherencia es poca entre lo que se argumenta sobre el entorno y lo que se ve, mientras que la consistencia de extras asiáticos no puede ser menor. Está claro que el hecho de rodar Milla 22 en Colombia generó empleos técnicos, servicios de catering, uso de equipos y extras nacionales, así que tampoco es que sea un mayor punto de discusión.

Un problema mayor si yace en los personajes protagónicos, cuyo desarrollo es nulo, con excepción del líder del equipo (Wahlberg) que siempre está enojado y una mamá furiosa (Cohan) por no poder estar con su hija. Tal vez toda esta situación es como el personaje de Cohan le dice al de Wahlberg que es él, alguien “mentalmente inestable”, y eso mismo se traslada al grupo de agentes secretos que no son ni de cerca los chicos buenos que su patriota país insiste en hacernos creer que son, a través de diferentes medios –como los videojuegos, por ejemplo–.

En un espectro general, todos hablan rápido y de forma iracunda, tensión acompañada por explosiones de autos y establecimientos, como intentando opacar la confusión de la trama pero sumando más cargas en su lugar. Tampoco ayuda que una ciudad donde los trancones están a la orden del día en el mundo real, sea una tan transitable para persecuciones a toda velocidad en la ficción, pero claro, al fin y al cabo de eso se trata la ficción.

Un papel que si vale la pena destacar es el de Iko Uwais, porque en medio de la serenidad que intenta transmitir con su personaje, al que se le aprecia una recurrente manía con los dedos definida como meditación, es quien más deja ver sus habilidades reales en el combate, superior al de la propia CIA y comprensible por su rol de agente doble. Esto no es de extrañar tratándose del mismo protagonista de The Raid y The Raid 2, aquellas aclamadas películas de acción y artes marciales, siendo el indonesio lo más cercano al referido Sudeste Asiático.

El asunto es que las escenas de pelea de Uwais suelen estar acompañadas por violencia exacerbada, a veces innecesaria, a veces cruda, definitivamente incómoda. Milla 22 resulta no ser un filme familiar ni pretende serlo, por más que los adultos quieran presentarles a los menores una producción estadounidense filmada en Colombia, algo nada recomendable.

Milla 22: El Escape es una película con algunos problemas de desarrollo que no termina de convencer por su incapacidad de manejar a sus personajes principales más allá de la furia. Es de apreciar una primera vez para Bogotá con mayor protagonismo en el cine internacional de acción, pero no se siente como el escenario vistoso que hubiese requerido lo propuesto en el guion, fuera de acomodarse al presupuesto de 35 millones de dólares y aprovechar el impulso del gobierno colombiano a la industria fílmica.

Un sorpresivo giro final suma puntos al festival de balas y explosiones, dejando la puerta abierta para una secuela y hasta una miniserie web. Pero realmente no hay una razón de peso para continuar, a menos que se replantee la exclusiva empatía hacia el malo del paseo de 22 millas.

Estreno en cines: 30 de agosto
2.8/5 Nota
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