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Rampage: Devastación – La reseña

Tras varios años de ausencia en el mundo de los videojuegos, Rampage hace su debut en la gran pantalla.

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Sin importar la película que protagonice, Dwayne “La Roca” Johnson resulta un personaje interesante. Esto no se debe a la variedad de sus papeles o la profundidad de estos. De hecho, es todo lo contrario. Lo más curioso es que, a pesar de la monotonía y repetición que implican sus roles, Johnson resulta un personaje muy carismático y entretenido de ver. Esto está directamente relacionado con su pasado como luchador profesional en la WWE, medio en el que la actuación y creación de personajes interesantes es pan de cada día.

¿Pero qué pasa cuando se combina el carisma de La Roca con una de las franquicias más nostálgicas de los videojuegos? Puede haber dos resultados: el desastre figurativo que fue DOOM o el desastre literal que es Rampage: Devastación. Si bien el comentario con respecto a esta última cinta puede sonar inicialmente despectivo, es todo lo opuesto. Incluso, podría ser la única película basada en un videojuego que adapta perfectamente la esencia de su origen.

Para aquellos que no sepan, Rampage: Devastación está basada en la franquicia de Midway Games —estudio mejor conocido por crear la serie de Mortal Kombat— que surgió en 1986. Desde ese entonces, el título original ha recibido cinco secuelas para múltiples plataformas. Sin embargo, los derechos de la franquicia pasaron a manos de Warner Bros. después de que comprara la mayoría de las propiedades de Midway en 2009. Por fortuna, esto no significa que Rampage nunca vuelva a aparecer en el mundo de los videojuegos. Además, ya hay un nuevo juego exclusivo para arcades.

¿En que consiste la historia del juego original? Básicamente, tres individuos se convierten en animales gigantes —directa e indirectamente a causa de la compañía Scumlabs— y comienzan a destruirlo todo. Esa es la trama.

Esta simplicidad no solo se debió a las limitaciones técnicas de ese entonces, sino a que Midway Games no tenía pretensión alguna con Rampage. No quería crear una gran épica o un análisis social, simplemente deseaba homenajear al género de las películas de monstruos gigantes. Y eso logró de forma notable por medio de su frenética jugabilidad y divertidas referencias visuales.

Al identificar Rampage como un juego que privilegia la destrucción y la acción sobre la historia, no debe extrañar la elección de Brad Peyton como director de la adaptación cinematográfica. Este es el mismo individuo responsable de dirigir Terremoto: la falla de San Andrés, una cinta que se preocupa más en dar un espectáculo visual que en desarrollar la historia o personajes coherentes. Y si bien Rampage: Devastación podría definirse con las mismas palabras, tiene la ventaja de que esa descripción también queda como anillo al dedo al título original.

Cabe aclarar que la película tiene unas cuantas diferencias con respecto al juego. En primer lugar, los tres monstruos principales son animales mutados. En segundo lugar, Scumlabs es sustituido por la compañía Energyne. El diseño de los monstruos también es distinto a los de la franquicia de juego, pero nada que haga que los fanáticos se rasguen las vestiduras.

Al final del día, ninguna de las diferencias mencionadas es de importancia. Lo mismo aplica a la historia, que es solo una excusa para que los monstruos se pongan en movimiento y empiecen a destruir ciudades. Es en ese entonces cuando la película comienza a rendir tributo al juego original por medio de sus impresionantes efectos especiales —cuyas aplicaciones no se reducen exclusivamente a explosiones o edificios en colapso— y ridículas escenas de acción. A diferencia de las películas más exitosas del género, particularmente la franquicia cinematográfica de Transformers, la acción es distinguible, ya sea a gran o pequeña escala.

Rampage - Devastación

Ya que esto es una reseña, debe hablarse de los personajes sin importar lo redundante que pueda ser. Dwayne Johnson interpreta a Davis Okoye, un primatólogo que muy convenientemente posee un pasado en las fuerzas militares y habilidades que retan las leyes de la física. Este es acompañado por Kate Caldwell —una ingeniera genética desacreditada, interpretada por Naomie Harris— y Harvey Russell —un agente del gobierno, interpretado por Jeffrey Dean Morgan—, además de otros personajes que finalmente no contribuyen a la trama. Todos estos actores entregan actuaciones decentes, pero nada que les asegure una nominación.

Si hubiera que resaltar dos personajes humanos —no por la calidad de sus papeles, sino por su caricaturismo—, estos serían Claire y Brett Wyden. Interpretados respectivamente por Malin Åkerman y Jake Lacy, estos ejercen el papel de antagonistas de la película durante los primeros dos tercios. Mientras que Claire es malvada por el simple hecho de que es la villana, Brett es el típico asistente cobarde de una caricatura para niños. Sin embargo, más que sus personalidades genéricas, es su terrible plan para hacerse con el ADN de los monstruos gigantes lo que les asegura un espacio en el panteón de los peores villanos del cine.

Rampage - Devastación

Aunque ninguno de los personajes humanos resulta particularmente interesante, ese no es el caso con el gorila George. A pesar de los múltiples esfuerzos de la película para convencer al espectador, su verdadera fortaleza no reside en su relación con el personaje interpretado por La Roca. Ya que George no puede hablar, su comunicación con Okoye se desarrolla principalmente a través de sus expresiones faciales y corporales. Incluso si Johnson traduce todo lo que siente el gorila, arruinando el potencial de los momentos protagonizados por este, la captura de movimiento hecha por Jason Liles es uno de los puntos más destacables de Rampage.

Es una lástima que George sea de los únicos monstruos en recibir una personalidad. Ralph y Lizzie simplemente avanzan destruyendo lo que se encuentre en su camino, lo que es todo un espectáculo visual. Sin embargo, palidecen con respecto a sus contrapartes del mundo de los videojuegos.

Como película, Rampage: Devastación es una historia de acción genérica y con personajes divertidos, pero nada originales. Irónicamente, al tener cuenta que es una adaptación, esto funciona a su favor y entrega la que quizás podría ser la mejor película basada en un videojuego. Si bien la cinta justifica la compra de los boletos con su espectacular acto final, los que hagan caso omiso a que es una adaptación se toparán con dos primeros tercios que pueden resultar tan cliché como mal desarrollados.

Rampage: Devastación
3/5 Nota
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