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Watchmen (episodio 9) – Nada termina en realidad

¿El final estuvo a la altura del resto de la serie y el cómic que la inspiró?

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¿De verdad puede un dios ‘arreglar’ el mundo? ¿Qué responsabilidad tiene alguien que adquiere un poder sin límites? ¿Qué clase de persona merece esa clase de poder? Estas son las preguntas en el corazón de Mira como vuelan, el episodio final de Watchmen.

Si algo debemos aplaudir a este capítulo es lo bien que da cierre a las preguntas planteadas a lo largo de la temporada. Finalmente conocimos el origen de Lady Trieu, qué escribió Adrian Veidt en su mensaje de auxilio, el destino de Looking Glass y el alcance de los planes de los supremacistas blancos y Will. Lo único que no se reveló fue quién era el ‘hombre lubricante’ que huyó de Sister Night, pero leer los materiales suplementarios de la Peteypedia puede dar algo de luz al respecto. Tampoco se explicó qué pretendía Trieu al clonar a su madre.

Todo eso está muy bien, pero los misterios de Watchmen no eran lo que realmente importaba en esta serie. Estos nueve episodios fueron un impresionante estudio de personajes y creación de mundo en el que vimos los efectos de los traumas —tanto a nivel personal como social— y el incesante acoso del racismo. Poco a poco también vimos qué significa vivir en un mundo en el que Dios es una fuerza tangible y qué se siente ser dicha divinidad.

No había mucho más que decir sobre el tema del racismo. Los supremacistas blancos de Cíclope ya habían dejado más que claro que son representantes de un odio cuya ideología no merece consideración. Repiten la misma basura que los racistas del mundo real —“¡Nos obligan a pedir perdón por ser blancos! ¡Nos quieren quitar nuestras armas”— para justificar su maldad. Al final murieron humillados. Era lo que merecían, ya que nunca debieron tener importancia alguna. He repetido mucho que tenía miedo de que esta serie buscara ‘humanizar’ a estos monstruos o algo similar, pero me alegra ver que finalmente se manejó bien el tema.

Por otro lado, Lady Trieu se revela como la verdadera villana de la historia. Ella hace una justa crítica contra el Doctor Manhattan: él nunca hizo el bien por el mundo. Esta mujer cree que puede hacerlo mejor y que es la persona más apta para recibir el poder de un dios. Aquí es donde entran los dilemas morales sobre la responsabilidad que tiene una persona así.

Aunque Trieu parece tener buenas intenciones, hay muchas alarmas que se disparan respecto a su plan. Para comenzar, este comienza con el asesinato de Jon. Esto difícilmente puede justificarse en aras de ‘un bien mayor’. Su actitud demostró que su motivación no solo era el altruismo, sino que quería demostrar su superioridad ante su padre. Por último, es una trillonaria. Tenemos demasiados ejemplos de personas con mucho dinero que pretenden ser algo positivo para el mundo, pero demuestran ser solo ambiciosas y egoístas.

La imagen de Jesús crucificado con la que es contrastada y la del Doctor Manhattan asustado de rodillas debió servir de advertencia. Ser un salvador requiere sacrificio y dolor, sin importar qué tanto poder se tenga. Como dice Adrian, “Nadie que desee este poder merece tenerlo”. 

Pero Trieu, Adrian y el Doctor Manhattan no son los protagonistas de esta historia. Todo esto ocurre en favor de Ángela Abar. Aunque ella es una espectadora pasiva, su papel es muy relevante. La despedida de Jon es hermosa y se le permitió pasar sus últimos momentos cerca a la persona que ama. Pero sobre todo, Ángela aprendió lo que debe y no debe ser un dios.

La historia termina en el mismo teatro en el que comenzó un siglo antes. Will y Ángela son dos personas que taparon su rabia, miedo y frustraciones con máscaras inspiradas en sus héroes, pero “no se puede sanar tras una máscara”. Ha quedado claro que las identidades de vigilantes, a pesar del bien que pudieron hacer, solo los lastimaron y convirtieron en personas abusivas. 

Ahora, Ángela ha heredado la sabiduría de Will y el poder de Jon. Esta serie fue su historia de origen. Su futuro es seguir la lucha contra la injusticia y el supremacismo blanco en la que el Doctor Manhattan se negó a participar y en la que Justicia Encapuchada no pudo seguir. Es una lástima que no vayamos a verlo, pues una segunda temporada de Watchmen no parece segura.

¿No están seguros de que Ángela haya heredado los poderes de Jon? Puede que la serie no lo muestre, pero es bastante claro que ese era el plan. El mismo Damon Lindelof lo confirmó.

Tristemente, no todo en este final fue perfecto. Los personajes secundarios no recibieron la conclusión que merecían. Laurie y Looking Glass pasan nuevamente a ser simples espectadores de los hechos y no se les da la oportunidad de expresarse sobre lo que ocurre. El cambio de corazón de Laurie resulta algo forzado y, aunque arrestan a Adrian, no se siente como un cierre satisfactorio para ninguno de ellos. Laurie no cruza unas últimas palabras con Jon y no vemos que Looking Glass dé muestras de comenzar el proceso de curación de su trauma. Sin embargo, atrapar al culpable del evento que lo originó puede ser un comienzo.

Hablando del arresto de Adrian, para una serie que dio tanta importancia a la construcción de su universo, este episodio resultó bastante limitado en su enfoque. La verdad sobre el calamar gigante saldrá a la luz, una de las personas más ricas del mundo acaba de desaparecer, un ‘paraíso’ cerca a Júpiter ha quedado sin maestro y un candidato presidencial murió tras destaparse como un supremacista blanco. Todo esto va a cambiar el mundo, literalmente, pero la serie se abstiene de mostrarlo. Tal vez quieren que los espectadores imaginemos lo que viene a continuación en el universo de Watchmen, pero hace que la serie se sienta incompleta.

Así termina Watchmen. Fue una excelente serie, capaz de pararse frente a una de las mejores novelas gráficas de todos los tiempos y llamarse su igual. Actualizó su temática e hizo cosas muy interesante con sus personajes. No sabemos si vaya a haber algo más en el futuro para Ángela y los demás, pero queremos que así sea. Después de todo, nada termina en realidad.

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