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Assassin’s Creed III: ¿un reflejo de la polarización actual?

La trágica historia de Connor y Haytham sirve como reflejo de la realidad moderna.

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Vivimos en una sociedad polarizada. No me refiero a rencillas irrelevantes como ‘Xbox contra PlayStation’ y ‘Marvel contra DC’, sino a ideologías encontradas sobre temas que literalmente afectan la vida de las personas y el rumbo de un país. Hablo de la polarización radical entre posiciones políticas que nos tocan a cada uno de nosotros.

Sin importar el ‘lado’ en el que estemos —lo queramos o no, siempre estamos en uno—, nosotros somos ‘los buenos’ y los demás son ‘los malos’. No hay término medio. Este conflicto ideológico, que a veces se torna violento, parece tenernos estancados como sociedad, sin importar si vivimos en Colombia, Estados Unidos o China.

¡Vaya, que forma tan deprimente de comenzar este artículo! En este momento seguramente se están preguntando qué carajos tiene esto que ver con los videojuegos, específicamente con Assassin’s Creed. La razón es que el tercer juego de la saga —el quinto, en realidad, ya que Brotherhood y Revelations no están numerados— me puso a pensar bastante en estos temas gracias a la conflictiva relación del protagonista, Connor Kenway, con su padre.

A partir de este momento voy a mencionar algunos ‘spoilers’ de Assassin’s Creed III. Algunos de ellos son conocimiento popular, pero también debo hablar de una muerte importante en el juego. Avisados quedan.

Connor, el personaje que controlamos durante la mayor parte de esta aventura, es un joven de ascendencia mohawk y británica. Creció con la tribu Kanien’kehá:ka durante la era de la revolución americana que llevaría a la formación de los Estados Unidos. Buscando proteger a su gente, se convierte en un miembro de la Hermandad de Asesinos y ayuda a las tropas del General George Washington en su guerra contra las fuerzas británicas y los lealistas. 

Su padre, Haytham Kenway, es el Gran Maestro de la Orden Templaria en la colonia americana. Eso los convierte en enemigos. Desde sus primeros momentos como Asesino, Connor sabe que eventualmente tendrá que enfrentar a su padre y matarlo.

Tal como aprendimos desde el primer juego de la saga, los Templarios son poco más que monstruos que hay que eliminar. Mientras los Asesinos buscan que la humanidad sea libre de elegir su propio destino, los Templarios creen que solo controlando celosamente la civilización se puede lograr la paz y armonía. Lucy Stillman, un personaje de los primeros juegos, describe la meta de los Templarios como algo noble, pero dice que la forma en que buscan llegar a ella es terrible (hay que notar que Lucy eventualmente se revela como una doble agente).

Estas dos visiones sobre la humanidad son obviamente incompatibles. El presentar a los Templarios como los enemigos de cada juego hace que nos pongamos fácilmente del lado de los Asesinos. Además, ¿cómo no estar del lado de aquellos que quieren que la humanidad sea libre?

Pero en Assassin’s Creed III vemos un atisbo de algo diferente. El primer encuentro directo entre Connor y Haytham no resulta en un asesinato, sino en una alianza temporal. Connor busca a otro Templario que ha traicionado su propia Orden, por lo que el Gran Maestro también quiere verlo muerto. Durante los momentos en que recorremos los mapeados junto al padre de nuestro personaje, descubrimos que él y sus hombres no quieren más que lo mejor para los habitantes de las colonias. Están buscando, mediante métodos diferentes a los de los Asesinos —en ocasiones, directamente en conflicto con ellos— que la guerra termine para que la paz regrese. Incluso están del lado de la revolución.

Esto es impactante para ambos. Hasta ese momento, a ninguno se le hubiera ocurrido que el otro estuviera, relativamente hablando, de su mismo lado.

Esto también es verdad en el mundo real, hasta cierto punto. En mi ideología política y social, creo que estoy en lo correcto respecto a muchos temas. Pero tengo familiares y conocidos que opinan de forma radicalmente diferente al respecto. Me cuesta mucho creer que todos los que no compartan mi opinión sean personas malvadas, sino que recibieron una educación e influencia que, desde mi perspectiva, son incorrectas. Probablemente ellos piensen lo mismo de mi.

Connor ve ésto en su padre y comienza a pensar que tal vez no sea imposible trabajar junto a los Templarios por el bien de la humanidad. Esto es algo con lo que sueñan los optimistas: ver a todos trabajando juntos por lograr algo bueno, sin que importe la ideología o creencias.

Pero hay obstáculos en el camino de Connor. Haytham quiere poner a Charles Lee a cargo de la revolución, pero Connor apoya a George Washington. Cada uno está tan aferrado a su posición que no hay nada que los haga considerar las razones del otro. A Haytham no le importa que Lee haya demostrado ser un pésimo estratega que causó la pérdida de varias batallas y Connor no da su brazo a torcer ni siquiera cuando se entera que Washington ordenó el exilio de su tribu, temiendo que decidieran apoyar a los lealistas.

Las cosas terminan en violencia y Connor acaba con la vida de su padre cuando él trata de proteger a Charles Lee. Una vez llega el fin de la guerra, Connor ve a ‘su lado’ victorioso, pero eso no impide que su tribu sea expulsada y que una institución tan horrible como la esclavitud siga prosperando. ¿Estaba en el lado correcto? ¿Hubiera sido igual si los Templarios se hubieran salido con la suya?

Este final tan pesimista me hizo pensar de nuevo en la idea del bipartidismo: que todos podemos trabajar juntos en aras del ‘bien común’. Quiero creer que algo así se hará realidad, pero parece algo tan lejano y difícil que bien puede ser imposible. Nos hemos radicalizado tanto en nuestras posiciones que simplemente no podemos alcanzar un término medio. Hay temas en los que ni siquiera es posible un término medio. ¿Cómo llegar a un acuerdo cuando algunos de los temas que nos enfrentan son los derechos de las minorías, el acceso a la salud, la paz y hasta los derechos reproductivos?

Assassin’s Creed nos volvió a dar una mirada al punto de vista ‘del enemigo’ en Assassin’s Creed Rogue, que nos puso en los zapatos de un miembro de la Orden Templaria. Desde entonces, esta organización ha vuelto a estar conformada por los villanos de siempre. En Assassin’s Creed Syndicate, por ejemplo, se muestran como simples tiranos sin mucho trasfondo. Parece que ofrecer una mirada con matices resulta demasiado complicado cuando simplemente queremos ser los héroes que salvan un mundo digital. Despues de todo, los juegos de Ubisoft no son políticos.

No hay aquí una gran moraleja ni una lección sobre qué debemos hacer para trabajar de la mano con quienes piensan diferente. Solo hay tristeza y decepción. No quiero que la realidad sea ésta. Tengo miedo de que el destino que nos espera sea el mismo de Connor y Haytham.

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