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Assassin’s Creed y el cansancio que genera la franquicia año tras año

Ubisoft está avanzando rápidamente, pero más que generar un cambio se aproxima a cansar a los usuarios que se acercan a sus aventuras.

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Ubisoft está avanzando rápidamente, pero más que generar un cambio se aproxima a cansar a los usuarios que se acercan a sus aventuras.

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Assassin’s Creed es una de las grandes franquicias de la industria actual, de hecho, el título más vendido de esta mina de oro, Assassin’s Creed III, ha reportado cerca de 6.10 millones de copias vendidas. Pese a esto, es inevitable admitir que la franquicia está llegando a un momento en el que ha perdido la magia que la caracterizaba y por ende su calidad y su facultad para generar impacto han decaído.

Es cierto que la franquicia se volvió una entrega anual posterior al lanzamiento de Assassin’s Creed II y que ha atrapado a centenares de jugadores gracias a su rica ambientación y decente conducción narrativa; sin embargo, al igual que otros títulos anuales, ha ido “perdiendo gracia”, es decir, la sensación de sorpresa y descubrimiento va decayendo entre más nos relacionemos con mecánicas conocidas, historias similares y (a la larga) personajes genéricos. Assassin’s Creed ha tenido problemas para progresar anualmente, y brindar esa experiencia que llegó con Ezio Auditore.

Es por esto mismo que Assassin’s Creed Unity debía haber sido el juego que entraría por la puerta grande a la actual generación de consolas, un título que regresaría a las raíces de los asesinos y sería capaz de brindar una experiencia única con una calidad superior a la que hemos estado acostumbrados en pasadas entregas, después de todo, los fallos y los problemas de conectividad y jugabilidad no son ajenos de la franquicia. El gran problema para Unity fue la promesa de que esta vez no íbamos a padecer de este mal.

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Por otra parte, Assassin’s Creed Rogue supuso el cierre de la fase que creó Ubisoft en 2007 y contra todo pronóstico porque el título pertenece a una generación ya cansada y que ha agotado sus recursos con esta franquicia, fue bien recibido en términos generales y no presentó mayores complicaciones más allá de los tradicionales errores en la franquicia.

Lo anterior nos permite ver cómo más allá de los errores técnicos y limitaciones por la tecnológica, el problema central con el desarrollo es humano, en parte por los intervalos tan cortos que hay entre títulos y las fechas de publicación establecidas por las distribuidoras. Basta con ver, precisamente, lo que sucedió esta semana cuando se filtró Assassin’s Creed Victory, la nueva entrega de la franquicia que no descansa y no deja descansar al usuario.

Desde ya, gracias a Kotaku, sabemos que la nueva incursión de la franquicia de asesinos llegará a consolas de actual generación y PC, dejando atrás a la Playstation 3 y Xbox 360, y con ello, nuevamente, nos vemos ceñidos a la pretensión de impresionar a los usuarios un año antes de su lanzamiento con las mismas promesas que se realizaron con la actual aventura en París. Más allá de quejarse por quejarse, se trata re reflexionar sobre el mensaje que nos está llegando al enterarnos que nuevamente hay una entrega tras otra, así esta sea desarrollada por Ubisoft Quebec.

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A pesar de que no podemos humanizar a una corporación que busca lucrarse de un medio de entretenimiento, sí podemos exigir calidad, y aunque es cierto que es muy temprano para juzgar una entrega que no ha salido al mercado, estamos hablando de una nueva entrega cuando el título actual aún no ha podido solucionar los problemas reportados por la comunidad de usuarios, compradores potenciales de ese nuevo título que planean lanzar.

Adicional a esto, está en juego la credibilidad de Ubisoft; en este momento no es la compañía más confiable en el mercado, la mayoría de sus títulos han presentado fallos y, aunque esto no quiera decir que sean malos juegos sí indica que es un factor constante que no busca ser prevenido o solucionado.

Es apresurado anunciar (repito, la información fue «filtrada») un nuevo título cuando la franquicia se encuentra con barreras que no le permiten tener un desarrollo óptimo, desde su calidad visual a su calidad narrativa y más cuando los usuarios se han acostumbrado (en el mal sentido de la palabra) a la franquicia. Un claro ejemplo de esto es mi reseña de Assassin’s Creed Rogue y la recepción que tuvo en general (el título, no la reseña).

Cuando hice la reseña la hice conociendo detalles de los pasados títulos de la franquicia; sin embargo, había decidido darme un descanso de Assassin’s Creed desde el lanzamiento de Assassin’s Creed III, por ello lo que encontré en el juego fue interesante a mi perspectiva, en parte, opacada por la sensación de sorpresa frente a lo que encontraba frente a mí. No me estoy retractando de la nota que le puse al juego, pero sí es claro que la audiencia necesita descansar de los juegos que tienen entre manos. Me refiero a que, mientras yo descubría un nuevo mundo, la sorpresa seguramente no existía para quienes anualmente toman el papel de un asesino en busca de justicia (premisa actual de todo título).

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Assassin’s Creed se está acercando a ese punto al que llegó Call of Duty, un título reconocido pero que anualmente encuentra dificultad para generar interés y que a pesar de sus calificaciones positivas pasa al olvido como una serie de entregas que no logran superar la calidad de uno de sus títulos, para Call of Duty fue Modern Warfare, para Assassin’s Creed fue Assassin’s Creed II. Es cierto que el tiempo dicta un cambio, pero la pregunta es ¿será demasiado tarde?

La solución a este problema la sostiene la misma distribuidora, pero es difícil que se den cuenta de ella. No se trata afanar los procesos o extender los tiempos de desarrollo, se trata de darle tiempo a los estudios para explorar nuevas alternativas así como darle espacio a los consumidores para asimilar una aventura; incluso una historia “inconclusa” como Unity puede tener encanto si un jugador aprovecha lo que París puede dar a lo largo de un tiempo en vez de sentir la presión inminente de una ciudad más grande, con más peatones y más polvo en el suelo que se va acercando a la vuelta de la esquina.

Puede que Assassin’s Creed Victory signifique un cambio, de hecho, el reto ahora es de Ubisoft Quebec de levantar nuevamente el estandarte de calidad de Ubisoft y así combatir los problemas que actualmente acogen a la distribuidora; es tarea de ellos (en el buen sentido de la palabra) hacer el equivalente de Advanced Warfare para Assassin’s Creed y recobrar el espíritu de una franquicia que genuinamente es interesante y tiene el potencial de ser más que una entrega anual cansada de las mismas mecánicas.

Por ahora, hay un largo año por delante y errores por corregir, lo que debería ser la prioridad en este momento.

 

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