Algo muy bello sobre los videojuegos es que no solo nos presentan la oportunidad de encarnar grandes guerreros o habilidosos deportistas. También podemos ser una chica adolescente que quiere perder algo de peso. Este medio nos ofrece posibilidades infinitas para vivir toda clase de experiencias de formas muy interesantes. Consume Me es un gran ejemplo de esto, pues mediante minijuegos y mecánicas de administración de tiempo podemos experimentar una enternecedora y graciosa historia que refleja lo que muchos vivimos (o viviremos) en nuestra juventud.
Consume Me es un juego semiautobiográfico desarrollado por un equipo muy pequeño liderado por Jenny Jiao Hsia (a quien conocemos principalmente por Beglitched ) en el que vivimos las “aventuras y desventuras” de una chica en sus últimos años de colegio y primeros años de universidad.
Como muchas otras mujeres de su edad, Jenny tiene responsabilidades escolares, debe hacer algunas tareas en casa para mantener contenta a su madre (y que le de algo de dinero) y disfrutar como pueda de su tiempo libre… pero tras recibir críticas sobre su figura decide que también debe hacer dieta y ejercicio. Así es como nos introducen a un mundo de minijuegos tan divertidos como estresantes.
Cada uno de los cinco capítulos del juego se divide en los días de una semana. Tenemos un objetivo crítico al final de ésta (ir a una gran fiesta en la playa, terminar la aplicación a la universidad, etc.) y además de cumplir con objetivos como reunir cierto dinero o leer un número de libros, también tenemos que mantener la dieta. Todos los días debemos completar un puzle en el que tenemos que acomodar varias comidas en el plato del almuerzo. Cada alimento tienen un valor en “bocados” y tratamos de cubrir todos los espacios indicados sin pasarnos del límite. ¿Qué pasa si lo pasamos? Pues que ahora tenemos que hacer ejercicio y eso nos quita algo del preciado tiempo que tenemos para las otras tareas.




Cada actividad que hagamos en nuestro tiempo libre —ejercicio, estudiar, pasear al perro, hacer aseo, maquillarnos, etc.— es un minijuego diferente cuyo resultado tiene efecto en nuestro ánimo, energía, tripas y dinero. Tenemos que equilibrar muy bien todos estos medidores para poder completar exitosamente el día y finalizar la semana con todos los objetivos cumplidos.
Suena estresante, pero ese es el punto. El objetivo de Consume Me es mostrar lo caótica que podía ser nuestra vida cuando éramos (¿somos?) adolescentes y las absurdas e irracionales metas que nos ponemos para sentirnos “exitosos”. Además, el adorable arte —formado exclusivamente por ilustraciones hechas a mano— y excelente sentido del humor —que a veces resulta apropiadamente autorreferencial— hace que la experiencia sea agradable y hasta divertida… al menos hasta el capítulo 5.

Aunque este no es un juego difícil y mantiene un buen ritmo a la hora de agregar complicaciones mecánicas y narrativas, el capítulo 5 pisa el acelerador a fondo. La cantidad de objetivos que nos pone y su dificultad están elevadas al máximo. Además, introduce nuevas mecánicas y dificultades que hacen prácticamente imposible terminar la semana exitosamente. Esto lo hace con un objetivo narrativo en mente y es muy importante para transmitir claramente su mensaje, pero hay jugadores que lo pueden entender como “una traición”. Consume Me nos enseña bien cómo manejar todos los obstáculos que nos pone, pero la forma en que lo hace en esta sección va a ser controversial.
Aunque inicialmente me quedé un poco perplejo, finalmente entendí lo que el juego quería lograr en este capítulo y puedo admirar su atrevimiento. Esta no es la única razón por la que esta sección final me confundió. Es aquí que también se introduce el tema religioso en la trama y aunque la forma en que lo hace me desagradó mucho (parecía propaganda cristiana), terminé comprendiendo que esto fue algo importante para la protagonista/desarrolladora y debía reflejarlo de una forma u otra en su obra.

Aunque me fascinó la forma en que Consume Me cuenta su historia y disfruté de la mayoría de minijuegos, hay algunos elementos de su diseño que no me gustaron. Me costó acostumbrarme a su interfaz y hubo momentos en que resultaba complicado entender exactamente qué tenía qué hacer para cumplir con un objetivo. Tampoco me gustaron algunos elementos de su traducción, pues está basada en el español de España y usa términos que no conocía aquí en Latinoamérica. Cuando el juego me dijo que debía “hacer la colada” pensé en cierta bebida antes de entender que tenía que lavar la ropa.
Habiendo terminado el juego —lo cual me tomó poco más de cinco horas— y reflexionado sobre la experiencia, entiendo por qué se quedó con los premios más importantes del Independent Games Festival 2025. Sus ideas aparentemente sencillas demuestran el potencial que tienen los videojuegos para contar historias muy humanas aprovechando las peculiaridades únicas del medio. No son pocos los que creen que hablar sobre “temas serios” o “mundanos” convierte a los juegos en experiencias aburridas con poca interactividad, pero aquí tenemos uno lleno de minijuegos divertidos y mecánicas atrapantes que demuestran lo equivocados que están.
Reseña hecha con una copia digital de Consume Me para PC provista por Popagenda.



