Amo mucho a mi gata Lara. Muchísimo. La idea de abandonarla me resulta imposible, pero aún así pensar en que ella algún día podría estar perdida en la calle, asustada y hambrienta, me aterra más de lo que podrían pensar. La sinopsis del juego indie Copycat —sobre una gatita recién adoptada que queda en la calle— me causó un nudo en la garganta y me hizo pensar que terminaría el juego llorando. De hecho, muchos de quienes ya lo han jugado hacen mucho énfasis en que de hecho los hizo llorar. Pero la verdad es que las lágrimas no vinieron a mi ni siquiera en sus momentos más emotivos.
Copycat es una aventura narrativa con algo de exploración y unos pocos minijuegos, pero principalmente se enfoca en contar una triste historia que tiene alrededor de unas tres horas de duración. Aunque no es un mal juego en absoluto, si tiene unos problemas muy notables.
El juego comienza cuando Olive, una mujer anciana con obvios problemas de salud, visita un refugio de mascotas para adoptar una gata adulta a la que llama Dawn. Inicialmente Dawn no quiere saber nada de los humanos debido a malas experiencias pasadas, pero poco a poco se va encariñando con Olive y a sentirse feliz de tener un hogar. Tristemente, una tragedia ocurre y termina en la calle teniendo que sobrevivir por sí misma mientras busca la forma de ser aceptada de nuevo en casa.
La jugabilidad es bastante sencilla. La mayor parte del tiempo simplemente recorremos los escenarios corriendo y saltando hasta encontrar actividades que nos ponen a presionar secuencias de botones, cortas secciones de sigilo o de correr automáticamente esquivando los obstáculos. También hay momentos en que tenemos que tomar decisiones, pero estas no afectan la trama de forma radical. La simplicidad de las acciones está bien porque este juego tiene un enfoque absoluto en su historia.
Aquí es donde está mi problema con este juego. Aunque esa historia es buena y tiene momentos realmente emocionales, hay elementos en su desarrollo y narrativa que no solo no encajan bien, sino que activamente sabotean el efecto que puede tener en los jugadores. Lo que más me molestó es que la gata protagonista tiene no una, sino dos voces diferentes. En ocasiones vemos textos que dicen lo que está pensando, mientras que en otras tenemos la narración de un supuesto experto de la naturaleza que a veces explica lo que Dawn está pensando, otras veces narra lo que pasa en la pantalla y en otras parece charlar con ella.

El resultado es bastante irregular y crea muchas distracciones de lo que debería ser el núcleo emocional de Copycat. Creo sinceramente que hubiera sido mucho mejor que la gata protagonista no tuviera voz y que solo tuviéramos que interpretar lo que estaba pasando mediante sus expresiones, movimientos y maullidos. Eso funcionó a la perfección en Stray y ese es un juego que tiene un gato mucho menos “realista” que este.
Los momentos del juego que más efecto tuvieron en mí, los que casi hacen salir las lágrimas, fueron aquellos en que veía la expresión confundida de Dawn sobre por qué no podía volver a la casa. Cuando se quedaba dormida cerca de la puerta esperando que de pronto se abriera. Cuando finalmente había diálogos, eran simplemente para reiterar lo que estábamos viendo o para arruinar la escena.
Otro problema con la narrativa es que hace mucha insistencia en el mensaje “el hogar es dónde más nos necesitan”, pero buena parte de los eventos que experimentamos no comparten esta filosofía. Luego vemos escenas que tratan de forzar el mensaje con un poco de manipulación emocional. Funcionan en el momento, pero se desbaratan si las analizamos.




Realmente lamento eso porque hay otros elementos originales que funcionan muy bien. Por ejemplo, hay secuencias de sueños con estilo ‘low-poly’ en los que Dawn se ve como un enorme felino salvaje en la sabana.
Hablando de felinos, hay que admirar el impresionante trabajo de animación que hicieron con la gata protagonista. La mayoría de sus movimientos son increíblemente realistas y las expresiones que hace son tan naturales que a veces pensaba estar viendo un gato real. Hay algo en su mirada que me recuerda a mi propia mascota cuando tiene hambre o quiere compañía.
Dejemos de lado la trama y la protagonista para volver a hablar de la jugabilidad. Aunque es funcional, el control de Dawn y de la cámara no son los mejores. Es demasiado rápida y sensible, por lo que no me extrañaría que mareara a algunos jugadores. También se presta para quedarse atorada o causar movimientos extraños y ‘glitches’ en los objetos. No es muy común, pero me pasó en varias ocasiones.

No hay mucho más que decir respecto a Copycat. No es un mal juego y entiendo por qué ha hecho llorar a tantos jugadores. Todos los que tengamos un gato vamos a ver muchos de sus comportamientos y actitudes reflejados en la pantalla. Es una lástima que no todos sus elementos narrativos y jugables funcionen, pero es una experiencia corta y barata que puede llegar a tocar las fibras emocionales de los amantes de las mascotas.
No me hizo llorar, pero lo primero que hice después de ver los créditos fue correr a abrazar a mi gata Lara.
Reseña hecha con una copia digital de Copycat para PS5 provista por Spoonful Of Wonder. Este juego también estará disponible para Xbox Series X|S desde el 29 de mayo y ya se encuentra disponible para PC mediante Steam.



