Hace meses que Santuario se oscureció tras la derrota de Lilith y la desaparición de Neyrelle, quien era la esperanza y la posible perdición del mundo.
Ahora, la expansión Vessel of Hatred nos invita a seguir sus huellas, rastreando los ecos de su desesperada misión en un rincón olvidado del mundo: Nahantu. Esta región, sellada por siglos al sur de Kehjistan, es ahora el escenario no solo de la expansión, si no de una nueva lucha por la supervivencia de Santuario. La oscuridad se ha infiltrado en cada rincón, y es en estas tierras donde nuestra aventura continúa, guiada por la sombra de Mefisto.
Los jugadores que regresen a Diablo IV tras el lanzamiento del juego base encontrarán más que solo nuevos desafíos; se encontrarán con un mundo que ha cambiado. Los eventos que ocurrieron en la primera parte del juego dejaron cicatrices profundas, no solo en el terreno, sino también en los corazones de los personajes. Cada paso en Vessel of Hatred nos recuerda el peso de la corrupción que se extiende por estas tierras, y, al igual que Neyrelle, somos arrastrados por esa espiral de desesperación mientras tratamos de entender qué significa realmente cargar con una piedra del alma que contiene a uno de los tres males mayores.
Nahantu: la mística azteca llega a Santuario
El viaje a Nahantu no es solo geográfico, es una travesía de alguna forma espiritual. Esta tierra, el hogar de los encarnaespíritus (y fuertemente inspirada en la cultura Azteca), está marcada por un pasado sombrío y una belleza traicionera. A lo largo de la expansión, encontramos todo tipo de escenarios nuevos para Diablo IV. El paisaje cambia de cargadas junglas a ruinas desmoronadas en peligros desiertos solo habitables por todo tipo de criaturas que «en manada» tratarán de amargarte tu paso a toda costa.

El equipo de Blizzard ha hecho un gran trabajo en transmitir que esta región tiene un importante pasado, que sus habitantes recuerdan con nostalgia y orgullo y que pese a su bondad, harán lo necesario para defenderlo. Esta sensión es la que el jugador sentirá en cada calabozo o dungeon y misión secundaria que nos muestra Nahantu. Pero no es solo la atmósfera lo que marca esta región: es la sensación constante de no estamos solos y que algo, o alguien, nos observa desde las sombras.
Afortunadamente, y a diferencia de lo visto en el juego base, no caminaremos solos o con compañeros ocasionales en la campaña. en Vessel of Hatred los mercenarios hacen su regreso triunfal en esta expansión, con un interesante forma de presentarlos, nuevas formas de usarlos, hacer trueque con ellos y hasta guarida propia para seleccionarlos, diferenciándolos de su función, que era más pasiva, de Diablo III.
En Vessel of Hatred, son más que simples compañeros de batalla personalizables. Cada uno de los 4 mercenarios cuenta con sus propios talentos y personalidades así como cada mercenario tiene su propio propósito. Mientras avanzamos en la campaña, dependiendo del que tengamos, agregará algo de contexto, emoción o «lore» a lo que sucede. El diálogo con ellos nos hace perder esa sensación de soledad constante del juego base y sus aportes durante el combate o en momentos cruciales nos recuerdan que incluso en las tierras más desoladas, no estamos completamente solos.




El encarnaespíritus llega a romper los cimientos
Blizzard ha decidido no limitarse a reciclar las viejas fórmulas que hicieron de Diablo una saga icónica. En Vessel of Hatred, se siente un deseo por innovar pero sin distruir los cimientos, algo que queda claro con la introducción de la nueva clase: el encarnaespíritu. Este luchador ágil, capaz de canalizar a guardianes espirituales, nos permite una forma de jugar completamente distinta a los otros jobs que teníamos aunque algunos jugadores podrían tener recuerdos del monje de Diablo III. Ya sea enfocándose en las habilidades del Águila para ataques eléctricos precisos y rápidos o la resistencia del Ciempiés, el encarnaespíritu se ha convertido en la clase más divertida (y rota) para jugar en Diablo IV.

Lo que, en mi opinión, hace especial a esta clase es la sensación de control total sobre el combate. A diferencia de otras clases que son de seguir combinaciones, el encarnaespíritu premia la rapidez y la improvisación en el campo, muy enfocado e combate permanente y con geniales acrobacias que parecen más un baile por la fluidez de movimientos.
Un regreso a la esencia pero…
Uno de los mayores desafíos en Vessel of Hatred es el rediseño de como es la dificultad en el juego y los distintos tipos de esta. Los jugadores ya no tendrán que lidiar con los niveles de mundo que podían ser algo confuso. En cambio, Blizzard ha implementado un sistema más claro y desafiante, con siete niveles de dificultad, que van desde normal hasta tormento IV. En los niveles más altos, y sobre todo, desde tormento I la progresión se siente más justa y estructurada, pero también mucho más exigente.

Este cambio en las dificultades obliga a los jugadores a replantearse sus estrategias desde el inicio. No es suficiente ser fuerte; hay que ser astuto y usar las novedades que trae la expansión como las runas y sus combinaciones (palabras rúnicas) y templado casi que se vuelve necesario en las etapas avanzadas del juego. Las nuevas habilidades y objetos legendarios disponibles para las otras clases también nos obligan a retomar personajes que llegaban del juego base y nos invita a no dejar de lado las otras clases.
Diablo IV apenas acaba de empezar
Vessel of Hatred no es solo una expansión; es un preludio a lo que Blizzard tiene planeado para el futuro de Santuario. La campaña que parecía invitarnos a ver como concluía la historia solo fue una pequeña pausa en el camino que nos dejó con mas dudas que certezas. En ese sentido, los jugadores que van enfocados en la campaña o las historias nuevas que llegan a Santuario, pueden verse algo decepcionados. En retrospectiva la campaña se siente corta, hacen falta personajes memorables de Diablo IV y a pesar de ser un viaje espiritual muy enfocado en Neyrelle, el terminar en un cliffhanger sin combatir lo que esperábamos, ha resultado ser algo anticlimático.
Ahora, lo corto de la campaña se ve recompensado con una historia sombría, cargada de tensión, pero también llena de momentos que capturan la esencia de lo que hace que Diablo sea una franquicia tan querida: el sentido constante de peligro, la exploración de lo desconocido y la satisfacción de superar desafíos aparentemente insuperables.

Respecto al esperado endgame, hay un aceptable contenido que explorar y que los veteranos quizá querrán llegar prontamente. No solamente se ha fortalecido con la dificultad, también con el contenido de Paragon, nuevos Dungeons como la esperada ciudad subterránea de Kurast y los nuevos niveles de dificultad. Blizzard no solo está ofreciendo más contenido, sino que está creando un terreno fértil para futuras actualizaciones y expansiones. Cada nuevo paso en esta historia sugiere que lo que hemos visto hasta ahora es solo el comienzo. La sombra de Mefisto sigue extendiéndose, y mientras el mal se afianza en Santuario, queda claro que las verdaderas pruebas para el caminante, Neyrelle y compañía aún están por venir.



