Cuando Dragon Ball Z: Kakarot llegó en 2020 para volvernos a contar la historia del saiyajin Goku y su familia terrícola de Guerreros Z, en lo personal me pareció interesante la forma en que expandió el mundo de Dragon Ball en los videojuegos con escenarios medianamente abiertos. Aparte de contar los arcos principales que todos conocíamos a través del ‘anime’, principalmente, misiones secundarias ayudaban a forjar la sensación de mundo con una integración geográfica pocas veces vista. Títulos RPG para Game Boy Color y Advance ya habían intentado algo similar en sus mapas, pero la escala de CyberConnect2 pretendía apelar a nuevas generaciones de fanáticos, además de la clara nostalgia.

Una vez comenzaron a salir los DLC o expansiones de DBZ: Kakarot que complementaban la historia del ‘anime’ y sus películas recientes (no Super), como por ejemplo La batalla de los dioses, La resurrección de Freezer, especiales como el de Trunks del futuro y Bardock, el Budokai Tenkaichi 23 y el encuentro de Goku con Uub al final de la serie, el juego tomó una integridad absoluta para alegría de los seguidores completistas. Ni siquiera es necesario avanzar hasta cierto punto en la muy recordada historia principal de DBZ para acceder a estos contenidos pagos, con justa razón. Sin embargo, el sistema de juego es tolerable hasta cierto punto y es allí donde Dragon Ball Z: Kakarot – Daima continúa sin mayores cambios, incluso vendiéndose como un juego separado de forma física.
Es importante recalcar que Daima no es precisamente parte de Dragon Ball Z, aunque se ubique justo después de los eventos de Buu y antes de Dragon Ball Super, rompiendo varias partes del susodicho canon en el proceso. Aún con la bendición del fallecido Akira Toriyama. Dragon Ball Daima es una serie separada de 20 episodios que parece haber sido de una sola ocasión, por lo que es poco probable que veamos una segunda temporada de la misma. En lugar de crear un juego desde cero, CyberConnect2 tomó el mismo motor de Kakarot y aplicó toda la historia de la miniserie, que en sí no es muy extensa y bien podría contarse como un pequeño arco si hubiese existido dentro de Dragon Ball Z en su momento.

Podemos acceder a la aventura de Daima en cualquier momento como parte de los complementos (DLC) en el menú de Kakarot y regresar en un portal de inicio de nivel. Al ser un contenido vendido de forma individual física creíamos que tenía su propio ejecutable por separado, pero este no es el caso. Como Daima es una historia independiente a Kakarot, no es que herede los niveles de poder u objetos obtenidos tras el arco de Buu en el juego, sino que Goku arranca transformado como niño en un estándar nivel 60, así como sus aliados Supremo Kaio-sama y Glorio, personajes de apoyo. Únicamente controlamos a Goku y la verdad es que hacerlo en su forma infante se siente bien, más ágil y fluido en el combate.
Goku pequeño tiene su encanto, el estilo de juego no tanto
Parecía raro que Dragon Ball Z: Kakarot no nos hubiera dejado jugar más arcos del primer ‘anime’ original de Dragon Ball aparte del Budokai Tenkaichi 23. Así que Daima es la forma de compensar esto y tomar control de Goku pequeño es lo ideal para una experiencia ligeramente diferente. Ligeramente, porque en lo demás y aún con el reino demoniaco como escenario, sigue siendo Kakarot en recolección de esferas de colores, luces (objetos de campo) y peleas contra hordas, un círculo jugable que agota con el tiempo. Sand Land, otro juego distribuido por Bandai Namco y de la mente creativa de Toriyama, comparte muchos de los elementos de Daima en diseño de entornos y civilizaciones desérticas de demonios, pero su mecánica jugable de mundo abierto no es tan tediosa como sí ocurre con Kakarot.

Pasa que después del juego base –cuya trama todos conocemos como la palma de nuestra mano– y sus respectivos complementos argumentales, retomar Kakarot con la historia fresca de Daima que vimos en 2024 no es tan divertido como debería. Sí, tenemos nuevos escenarios en el reino demoniaco, personajes acompañantes como Glorio y Panzy más todo un árbol de habilidades para volverle a enseñar a un Goku de nivel 60 predeterminado. Pero en esencia es repetir exactamente las mismas mecánicas de lo visto múltiples veces en Kakarot, incluidos minijuegos de pesca y obtención de recursos para completar tareas secundarias, también eliminando enemigos menores y las más molestas batallas de hordas con 150 rivales. No porque sean difíciles, simplemente aburridoras.
Los movimientos de Goku con el báculo son bastante vistosos y ciertamente atractivos. Cuando su nivel supera el de los enemigos sobre el mapa de juego, al igual que en el título base podemos pasar corriendo y derrotarlos en el acto sin necesidad de combatirlos, algo que se agradece. Por lo general siempre habrá algunos otros rivales con aura roja y mayor nivel que exigen más habilidades para esquivar, cargar el ki sin ser atacado y atacar con técnicas especiales en el momento correcto. Es un sistema de combate que desde antes se tornaba denso por su repetición, pero volverlo a repetir en Daima no hace la experiencia más placentera solo por ser la más reciente del Dragon Ball de Toriyama.
Esta trama no se desvía un poco de los episodios del ‘anime’ especial, por lo que el DLC no se puede juzgar más allá de ello y las misiones secundarias son muy básicas como para afectar la historia principal. Si te gustó la aventura de Goku y sus pequeños amigos en el reino demoniaco, no vemos razón por la que no te agrade Dragon Ball Z: Kakarot – Daima, pero aparte de ello no encontrarás una profundidad jugable o novedades frente a las expansiones previas. La inclusión de islas flotantes no aporta mayor exploración como por ejemplo un Tears of the Kingdom, por mencionar algo. Los mapas de Kakarot – Daima siguen siendo escenarios mediana y no completamente abiertos, por lo que la exploración vertical es inexistente, pues Goku es teletransportado a alguna de estas islas pequeñas por medio de portales.
Una de las buenas decisiones al limitar el vuelo de Goku en el reino demoniaco –por razones de argumento–, es que obliga a recorrerlo todo a pie o corriendo. En su contra, por momentos solo nos vemos recogiendo en modo de piloto automático orbes de colores, cristales en las rocas y cualquier luz tangible en el mapa. A veces me pregunto qué hubiese sucedido de seguir un estilo de RPG por turnos para abordar la historia de Daima, como para darle una razón extra que no encajaría del todo en el motor de Kakarot, pero que tal vez si hubiese sido mucho más interesante que el agotado modelo actual.
Impresiones hechas con el DLC de Dragon Ball Z: Kakarot – Daima para PlayStation 4/PlayStation 5 brindado por Bandai Namco Latinoamérica. El juego está disponible también para Nintendo Switch, Xbox Series X/S y PC.


