Hay un encanto especial y romántico en los juegos que nos permiten ser detectives. Encontrar pistas y encontrarles sentido para resolver un misterio puede ser tan emocionante como superar a un jefe difícil en otro tipo de juegos. ¿Pero saben que es aún mejor? Cuando el detective en cuestión es un pato. Ya jugué el divertido Duck Detective: The Secret Salami y voy a compartir mi experiencia con ustedes en esta reseña.
Este pequeño título es obra del estudio independiente alemán Happy Broccoli Games, que en el pasado ya nos habían deleitado con el curioso Kraken Academy. Inicialmente parece que es el tipo de juego que no se toma en serio a sí mismo para poder enfocarse en el humor, pero está mucho mejor pensado de lo que esperaba y me dejó con una enorme sonrisa en el rostro.
Eugene McQuacklin solía ser un policía y ahora es un detective caído en desgracia. Un divorcio y la adicción al pan tajado lo dejaron en la ruina y si no resuelve un caso pronto, quedará en la calle. Su salvación llega cuando es contratado para resolver el caso de un almuerzo desaparecido en las oficinas de una empresa de transporte llamada BearBus, pero este misterio revela una conspiración más profunda relacionada con un poderoso criminal: el bandido del salami.
Los patos tienen 70% más posibilidades de resolver un misterio
Duck Detective: The Secret Salami es un juego corto, barato y mecánicamente sencillo que se puede terminar entre 2 y 3 horas. Lo que debemos hacer es hablar con todos los empleados de BearBus, observarlos para sacar conclusiones sobre ellos y encontrar diversos tipos de documentos y objetos en la oficina. A medida que hacemos esto, vamos consiguiendo palabras clave que usamos para llenar nuestras “de-duck-ciones” y así avanzar la trama.
A nivel de sistemas de juego, eso es todo lo que ofrece. Suena simple, pero resulta engañoso porque muchas de las soluciones no están claramente explicadas por el juego y realmente nos hace pensar y analizar la situación para entender qué pasó. El juego incluso usa un sistema de pistas y nos dice la cantidad aproximada de errores que tenemos, facilitando que podamos resolver los misterios con “fuerza bruta” (probando todas las opciones) si es necesario.

Pero esto solo pasa si no ponen la atención necesaria. Es posible pensar que las soluciones están claramente descritas en los diálogos o en las palabras clave, pero no es así. Hay muchas que dependen de entender las relaciones entre los empleados de la oficina, de interpretar que segundas intenciones puede haber detrás de un diálogo o fijándonos en detalles como el tipo de letra o el color de la tinta en una carta.
Los gatos y los cocodrilos no se llevan bien
La engañosa simplicidad de las mecánicas puede hacer que un jugador se desespere cuando no ve una aparente solución al alcance, pero el excelente elenco puede hacer que la tarea sea más llevadera. No hay muchos empleados en BearBus —apenas son media docena— pero todos tienen personalidades muy bien definidas, son graciosos y algunos guardan secretos bastante inesperados que da gusto descubrir.

Lo mejor de todo es que el trabajo de voz para cada uno de estos personajes es excelente. Sean Chiplock es la estrella del show como el pato protagonista, parodiando el estilo de los detectives de las historias ‘noir’ de los años 1940, pero todos están geniales. Destaco al youtuber, comediante y músico Brian David Gilbert como un divertido cocodrilo y a Lizzie Freeman como una gata que está todo el tiempo al borde de un colapso nervioso.
Sí, todos suenan excelente en inglés, pero no hay doblaje al español. De hecho, ni siquiera los subtítulos y textos del juego están traducidos a nuestro idioma y ese es el principal defecto de Duck Detective: The Secret Salami.
Una bonita patoaventura
Lo primero que me atrajo de este juego fue, obviamente, su estilo visual. Los personajes parecen recortes de papel y tienen muy pocas animaciones, pero la personalidad que les dan sus diseños, diálogos y voces hacen que no necesiten nada más que moverse de un lado al otro del escenario para encantarnos. La música jazz que, de nuevo, trata de emular el estilo ‘noir’ de las películas de detectives de hace casi 100 años, contrasta de un modo humorístico con este mundo caricaturizado y hace que todos sus elementos encajen a la perfección.
Escuchen esto y díganme que las canciones no se sentirían perfectas acompañando a Humphrey Bogart o a Robert Mitchum en la gran pantalla.
La dura vida de un detective
He visto algunas críticas negativas contra este juego que se quejan de lo arbitrarias que son las soluciones a algunos misterios, de lo ambiguas que son unas pistas y de la necesidad de recurrir a la fuerza bruta para resolverlas. Son críticas válidas, pero que solo las comparto en menor medida. Es verdad que algunas pistas podían ser más claras, pero definitivamente todas están allí y es posible resolver todos los misterios del juego con simple exploración y deducción.
Si dejo eso y la falta de la traducción al español de lado, no tengo quejas contra Duck Detective: The Secret Salami en esta reseña. Lo terminé en una sola sentada pero fue una experiencia supremamente divertida que quiero repetir. Su precio es muy bajo y deseo que el equipo de Happy Broccoli Games decida hacer más aventuras con el buen Eugene McQuacklin. El universo de este juego apunta a elementos más interesantes y “maduros” de lo que aparenta sin perder su gracia y humor. El pato detective tiene una gran carrera por delante… pero solo si logra superar su terrible adicción al pan tajado.
Si quieren más juegos con detectives animales, permítanme recomendarles el bizarro y genial Chicken Police.
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Reseña hecha con una copia digital de Duck Detective: The Secret Salami para Steam entregada por Happy Broccoli Games. El juego también está disponible para Nintendo Switch.


