La idea de hacer un videojuego como un cuento infantil no es algo completamente novedoso, pero desde su presentación, The Plucky Squire, o, el Escudero Valiente, tenia un «algo» un factor curiosidad que nos llamó la atención y a pesar de varios retrasos, logró salir este 2024 como el primer título de All Possible Futures.
No se si decir si El escudero valiente es un homenaje a los cuentos ilustrados, pero es encantador como un cuento de estos lo es para un niño que apenas aprende a leer. Con una mezcla atrevida de mecánicas que evocan la nostalgia y la creatividad de los juegos clásicos los desarrolladores han logrado presentarnos una aventura que se siente a la vez moderna y anclada en referencias a los juegos de otras generaciones, todo envuelto en una narrativa que se adueña de la acción-aventura con un sabor muy similar a los juegos de la época de los 8 bits.
Desde el primer momento, el mundo de Jota nos transporta a un libro de cuentos con un estilo visual que evoca las ilustraciones que parecen ser a mano. La dirección artística se convierte en una herramienta narrativa, permitiendo que las secciones 2D cobren vida con encanto, mientras que el paso a las fases 3D añade una nueva capa de magia. Esta transición visual no es solo una elección estética; es fundamental para la experiencia, ya que nos invita a explorar el mundo desde diferentes perspectivas. El juego cambia entre estilos con la misma fluidez con la que salta entre sus mecánicas de juego.
Hablando de mecánicas, El escudero valiente se rehúsa a ser encasillado. A pesar de principalmente ser un juego de acción al estilo de los juegos 2D de The Legend of Zelda, en realidad se despliega en un abanico de estilos: desde puzzles, hack-and-slash, minijuegos rítmicos y plataformas, hasta niveles de beat ‘em up de estilo arcade y segmentos de disparos a lo Jetpack Joyride. Este mosaico de géneros se fusiona en un juego que se atreve a arrojar puzzles y desafíos que nos hacen buscar nuevas formas de progresar mientras disfrutamos su amigable narrativa.


La historia sigue las aventuras de Jota, el escudero valiente, un predestinado héroe que debe salvar la tierra de Mojo de un malvado hechicero. El argumento puede parecer una simple narrativa infantil, pero a medida que avanzamos, encontramos momentos llenos de humor inteligente y guiños a la cultura pop que mantienen el interés y la sorpresa. Los personajes secundarios como la maga principiante Violeta y el roquero Crash, añaden carisma a la historia, mientras los villanos, con sus nombres y diseños graciosos, nos sacan una sonrisa. La relación con los compañeros se enriquece a través de sus momentos individuales, aunque Jota sigue siendo el centro de la jugabilidad.
Lo que realmente sorprende es la variedad de mecánicas que se introducen a lo largo de la aventura. Cada capítulo nos enseña algo nuevo, ya sea una mecánica diferente o una forma distinta de abordar los puzzles. Hay momentos en los que controlamos palabras y objetos dentro del libro, añadiendo una capa extra de metajuego que invita a los jugadores a romper las reglas de la narrativa. Sin embargo, hay ocasiones en las que estas mecánicas parecen quedarse a medio camino, generando expectativas de lo que podría ser, pero sin profundizar lo suficiente para ofrecer una experiencia más compleja. Esto es bastante doloroso pues en nuestra experiencia tratamos de hacer cosas, con las mecánicas del juego, que van más allá de lo que el juego ofrecía llevándonos la decepción que no se podía.


Aquí es donde el juego se enfrenta a su paradoja: está lleno de ayudas y guías que, si bien hacen que sea una experiencia más accesible, eliminan la posibilidad de un desafío para jugadores experimentados. Un modo de dificultad más elevado, sin tantas pistas y ayudas, habría sido una adición bienvenida para los jugadores que buscan una experiencia más exigente. La ausencia de este reto se siente especialmente cuando se nos da la opción de saltar «minijuegos» o pedir ayuda al personaje Minibarbaluna, una especie de asistente que aparece para guiarnos en los momentos donde habrá algún tipo de reto.
A pesar de esto, el juego se esfuerza por evitar la monotonía y sorprendernos con una nueva fase de juego, historia o cambio de fase jugable. Las mecánicas que llama el mismo juego «minijuegos», van desde mezclar conceptos de plataformas, acción y puzzles, hasta presentarnos con segmentos que recuerdan a los juegos arcade y los clásicos de consola. La narrativa, con su ritmo bien medido, guía a los jugadores a través de escenarios que, aunque al principio pueden parecer dirigidos a un público infantil, termina siendo algo existencial.

A nivel personal, disfruté mucho la intervención del narrador que es la única voz que nos acompaña durante toda la aventura. Su papel no es solo contar el cuento, este refuerza la narrativa con intervenciones oportunas y conectando con el jugador y logrando incluso romper la cuarta pared de manera inteligente. En algún momento de la historia cambia su tono y puede ser quizá, el momento más divertido del juego.
El doblaje en español latino es un punto destacado pues esta aventura depende mucho de su narrativa. La voz del narrador y el uso de expresiones locales (¡hay un enemigo llamado bicharraco!) agrega algo de encanto no dañando (o quizá manteniendo) el propósito original del juego en su idioma original.

En cuanto a la duración, el juego se sitúa en torno a las 10 o 12 horas, un tiempo justo para la historia que quiere contar. La posibilidad de regresar a capítulos anteriores y buscar coleccionables añade cierto grado de rejugabilidad, aunque su nivel de dificultad y la abundancia de ayudas pueden hacer que los jugadores experimentados lo sientan más como algo que toca «completar» que como un reto.
Juego reseñado en su versión de PC (Steam) provisto por devolver Digital.


