Fatal Frame II: Crimson Butterfly, el título de terror lanzado por Tecmo para PlayStation 2 en 2003 (y más adelante en Xbox), es uno de mis juegos favoritos de todos los tiempos. Su estética inspirada por el cine de terror oriental de comienzos de siglo, su trágica historia y escalofriantes enemigos me impactaron mucho más que los Resident Evil y Silent Hill de la misma época. Pero a pesar de mi amor por este juego, debo confesar que no sentía muchas expectativas hacia este ‘remake’.
En general, no soy muy amante de los ‘remakes’ de videojuegos. No porque no sean buenos, sino porque tienden a “reemplazar” a los originales en la conciencia colectiva y a menos que haya un impulso para preservarlos, los clásicos suelen ser rechazados y olvidados por las nuevas generaciones de ‘gamers’. Solo hay que escuchar a muchos jugadores jóvenes hablar con desdén del Resident Evil 2 original al compararlo con su ‘remake’ para entender mi preocupación. ¿Podría ocurrir lo mismo con mi querido Fatal Frame II?
Mio y Mayu Amakura son dos hermanas gemelas que accidentalmente llegan a la Villa Minakami, un poblado maldito en el medio del bosque que es habitado solamente por los violentos espíritus de sus habitantes fallecidos. Mayu comienza a comportarse de forma extraña y a adentrarse más en la aldea. Si Mio quiere salvarla, debe descubrir el misterio del oscuro ritual que se celebró allí y buscar la forma de escapar.
Uno de los elementos que hace especial a la serie Fatal Frame frente a otros títulos de ‘survival horror’ es la “Cámara oscura”. En lugar de enfrentar a los enemigos con armas de fuego, debemos exorcizarlos “tomándoles fotos”. Detalles como lo cerca que estén o si están a punto de atacarnos al momento de tomar la imagen causan diferentes efectos y más o menos daño. Cada nuevo juego introduce novedades a este sistema y Fatal Frame II: Crimson Butterfly Remake no se queda atrás. El combate ha sido rediseñado con un nuevo sistema de filtros, fotos especiales y una barra de poder espiritual que lo hacen más dinámico y variado sin perder la tensión que nos ofrecía el original.
Pero me estoy adelantando. Lo primero que deben saber es que este ‘remake’ es —en cuanto a historia, estructura y ambientación— supremamente fiel al original. Algunos mapeados han cambiando, hay algunos elementos nuevos en la narrativa y un par de sorpresas, pero es “la misma experiencia” en su superficie. No se ha cortado nada y aquellos que están principalmente interesados en conocer la historia de Mio, Mayu y la aldea maldita no tienen necesidad de jugar primero el original. Todo está aquí.




El desarrollo también es casi el mismo. Visitamos las casas del pueblo en el mismo orden que en el original. Descubrimos la trama con el mismo ritmo y encontramos más o menos los mismos fantasmas en los mismos lugares (aunque no siempre). Incluso se mantienen momentos que estaba seguro que iban a cortar —como la sección en la que no podemos usar la cámara al comienzo del capítulo 7— y están exactamente en la misma sección en la que estaban en el juego de PS2 y Xbox. Pero también hay algunas áreas del mapa que son completamente nuevas y aunque no aportan revelaciones sobre la trama ni esconden nada sorprendente, sí hacen que sea más interesante explorar la Villa Minakami. También hay nuevos objetos coleccionables que resultan más divertidos de buscar que los cientos de espectros que desaparecen para siempre si olvidamos fotografiarlos.
Ahora podemos encontrar montones de muñecas gemelas repartidas por el pueblo y dentro de sus casas. Tenemos que fotografiarlas de modo que las dos queden enfocadas, lo cual puede resultar complicado porque a veces hay una escondida o muy alejada de la otra. Estos son pequeños ‘puzles’ que aprovechan las mecánicas únicas del juego y que desbloquean pegatinas para usar en el tremendo modo foto que tiene el juego (otra novedad respecto al original). También hay ‘misiones secundarias’ con recompensan interesantes y aunque algunas de ellas son sacadas del juego original, hay otras completamente nuevas que nos piden revisitar zonas ya visitadas para encontrar algo nuevo en ellas.
Además de las novedades en los sistemas de combate y exploración, esta versión de Crimson Butterfly tiene nuevas mecánicas que a simple vista pueden resultar muy interesantes. En las secciones en las que estamos con Mayu, podemos tomar su mano para guiarla y así recuperar salud. Ahora hay todo un sistema de sigilo y hay que usar los nuevos filtros para seguir el rastro de otros personajes y abrir contenedores o puertas selladas. Tristemente, estas mecánicas están muy desaprovechadas y se usan de forma muy lineal. Dan la apariencia de variedad, pero no afectan realmente la estructura del juego ni la forma de jugar.

Sobra mencionar que este remake luce mucho mejor a nivel gráfico que las versiones de PS2, Xbox y Wii. Para mantener la ambientación original a pesar de la mayor resolución, el juego tiene un filtro de grano que le da ese “toque análogo” que le queda tan bien a esta historia y que la vincula estéticamente con los filmes del género ‘J-Horror’ que estuvieron tan de moda hace un cuarto de siglo. Por los comentarios que he visto, este filtro ha molestado a algunos jugadores y se puede quitar, pero yo creo que le queda muy bien. Otro elemento que no me parece un problema pero que ha causado muchas quejas es que el juego corre a un máximo de 30 fps en PS5 (con algunas pérdidas de rendimiento ocasionales).
Para muchos, tener que jugar algo hoy en día a menos de 60 fps es un crimen imperdonable, pero no creo que sea un problema tan grave al menos en esta ocasión. El combate es lento y metódico y aunque requiere momentos de precisión si queremos tomar la foto durante un ataque o mantener un combo, nunca tuve problemas para lograrlo en esta “menor velocidad”. Más graves me parecieron los largos tiempos de carga que tiene cuando vamos a comenzar a jugar o cuando termina una secuencia de video, un problema que yo pensé que se había quedado en el pasado. El sistema de menús también puede ser innecesariamente complejo y tratar de fotografiar todos los espectros —los cuales desaparecen después de unos segundos— puede resultar extremadamente frustrante.
El cambio de las cámaras fijas por una cámara en tercera persona que sigue a la protagonista por detrás (algo que ya había hecho la edición para Nintendo Wii) es otra de las más notables diferencias de Fatal Frame II: Crimson Butterfly Remake con el original y se ha vuelto el estándar para los juegos de survival horror modernos. Aunque funciona bastante bien, es la razón por la que creo que prefiero la versión original a esta. Ese sistema de cámaras ofrecía una ambientación mucho más cinematográfica y ángulos interesantes que hacían que la aparición de los fantasmas fuera más escalofriante.

Creo que esta nueva cámara hace que el juego sea más fácil y “controlable”, pero a mi gusto personal no vale la pena a cambio de la atmósfera que se pierde. También me parece que las apariciones de los enemigos ya no dan tanto miedo. Aunque definitivamente pegué algunos brincos y gritos gracias a algunos sustos repentinos, no llegue a sentir la tensión que recuerdo del original. ¿Se debe esto a la cámara? ¿A que ya estaba familiarizado con Fatal Frame? ¿A que las curaciones y rollos de cinta son mucho más abundantes que en el original (al menos en la dificultad ‘Normal’)? La respuesta probablemente es una combinación de todo eso.
Hasta ahora me he enfocado en comparar este ‘remake’ con el juego que disfruté originalmente hace ya más de dos décadas. Si trato de ignorar por un momento que esta es una nueva versión, ¿puedo decir que es un buen juego? Sí. Definitivamente. Esta es una fantástica historia de terror con una gran ambientación, enemigos escalofriantes y un sistema de juego atrapante, pero se siente anticuado en algunos aspectos. Algunas de las más importantes revelaciones de la trama llegan mediante documentos de texto y las reacciones de los personajes rompen la lógica de su propio mundo. A veces la narración parece la de un cuento de hadas para niños que olvidó que a los más pequeños no deberíamos hablarles de sacrificios humanos ni mutilaciones.




Aunque ese ‘lore’ sobre rituales oscuros es lo que más llama la atención, el corazón y verdadero poder de la historia está en la relación entre Mio y Mayu. Todos aquellos que crecimos con hermanos o hermanas —gemelos o no— y les queremos entendemos el vínculo tan profundo que puede existir entre ellos especialmente en la infancia y la adolescencia. Todo lo que rodea al ritual y al pueblo maldito es una metáfora de la culpa que siente Mio por el accidente de su hermana, el miedo a la separación y los extremos a los que podemos llegar por salvar esas distancias creadas por el tiempo y los errores. Las historias independientes que encontramos sobre otras almas perdidas en el pueblo, supervivientes de los sacrificios y obsesión con la tradición también pueden leerse como una crítica a las tradiciones religiosas y a una reflexión sobre los rencores que guardamos por aquellos que salen de nuestras vidas… aunque eso depende de los finales que saquemos.
Disfruté mucho Fatal Frame II: Crimson Butterfly Remake y me alegró revivir la historia de Mio, Mayu y la aldea maldita, pero definitivamente no lo recordaré con el mismo cariño con el que recuerdo el original. Sí, modernizó muchos de sus elementos, pero dejó muchos de sus defectos tal como estaban y aunque muchos apreciarán esto en el sentido de que “se siente como el original”, anula el propósito de rehacer esta experiencia. Definitivamente se lo recomendare mucho a todos los amantes de los juegos de terror y del J-Horror y aceptaré que actualmente es la mejor forma de experimentar esta historia, pero en el fondo hubiera preferido que simplemente relanzaran ‘ports’ de la trilogía original e hicieran Fatal Frame VI en lugar de otro remake.
Reseña hecha con una copia digital de Fatal Frame II: Crimson Butterfly Remake para PS5 brindada por Koei Tecmo. Este juego también está disponible para Xbox Series X|S, Nintendo Switch 2 y PC.


