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Final Fantasy VIII – 20 años con el juego más importante de mi vida

Es hora de rendir homenaje a este bello clásico de SquareSoft, el cual mucho consideran como ‘la oveja negra’ de la saga.

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El 11 de febrero de 1999, el mundo conoció a Squall Leonhart. Era la representación perfecta de un tipo muy específico de angustia adolescente: un joven callado y taciturno, que aleja a cualquiera que trate de entrar a su vida porque prefiere sufrir en soledad. También era increíblemente atractivo y su arma era una espada cuyo mango era un revólver.

Squall es el protagonista de Final Fantasy VIII. El juego que me cambió la vida.

FFVIII es el responsable de que tuviéramos un PlayStation en casa. Mi hermana quedó tan enamorada de su tráiler que decidió pedir la consola de Sony como regalo de quinceañera en lugar de la acostumbrada fiesta. No podíamos parar de jugarlo: quedamos atrapados por su absurda trama de mercenarios adolescentes en contra del ejército de una bruja y por su enorme y hermoso mundo lleno de escenarios increíbles y melodías inolvidables. Hoy en día me es imposible escuchar la música del jardín de Balamb sin sufrir una nostalgia paralizante.

Ya me gustaban los videojuegos desde antes. Mi infancia estuvo marcada por los juegos de NES y Super Nintendo, pero fue gracias a Final Fantasy VIII que comencé a amar este medio.

Final Fantasy VIII - FFVIII

Este título tenía un trabajo enorme por delante. Su predecesor, Final Fantasy VII, cambió el panorama de los videojuegos. Fue un fenómeno que puso al género de los JRPG en el mapa y cuya historia épica era algo que la mayoría de jugadores de la época no había experimentado nunca. A pesar de lo bien recibidos que fueron los RPG de SNES como Chrono Trigger y de lo amada que era la saga Dragon Quest en Japón, fue Final Fantasy VII el que marcó el momento donde este género abandonó el público de nicho para convertirse en uno de los principales representantes de los videojuegos a nivel mundial.

A nivel técnico, FFVIII superó todas las expectativas. Aunque hoy en día sus gráficos se pueden considerar feos y obsoletos, en su día fueron impresionantes. Los personajes con proporciones humanas dejaban en ridículo los monigotes del juego anterior. Los escenarios renderizados eran mucho más detallados y las magias e invocaciones eran un espectáculo de luces y efectos que no habíamos visto en juegos de consola. Era una verdadera obra de arte.

Pero el cambio más radical era que en su corazón se encontraba una historia de amor. El romance no era especialmente raro en los videojuegos, pero nunca se le había dado una importancia tal como para representarlo en el mismo logo del juego. Esta temática y el atractivo de los protagonistas también sirvieron para atraer una enorme fanaticada femenina. Squall —que comienza como un chico desagradable, grosero y sin sentido del humor— se va convirtiendo poco a poco en una persona amable, preocupada por los demás y en un gran líder. Todo gracias al amor de Rinoa y al apoyo de sus compañeros. Hoy en día, esto es un cliché casi ridículo. Sin embargo, hace 20 años no hubiéramos soñado con experimentar algo así en un ‘simple juego’. Las escenas en que Squall, atormentado, ve como su dirección moral y su misma personalidad se están destruyendo son bastante efectivas.

Final Fantasy VIII - FFVIII

Esto resonó muchísimo conmigo. Aunque yo era otro adolescente amargado que no se sentía completamente a gusto en el mundo, mi personaje favorito no fue Squall, sino Laguna Loire: un periodista despistado con una personalidad cómica y optimista que no podría estar más alejado de lo que yo era en ese momento. Hoy en día puedo reconocer que él es un personaje bastante problemático. Después de todo, abandonó a su mujer y a su hijo. Pero en esa época, su actitud positiva ante la vida me impactó tanto que llegué a adoptar su nombre como apodo. No lo he cambiado desde entonces.

A pesar de haber sido aclamado por la crítica tras su lanzamiento, Final Fantasy VIII comenzó a sufrir de una fuerte reacción en su contra los años que siguieron. Su sistema de juego, en el que las magias eran un elemento consumible y donde el poder de los personajes depende de enlazarlas a atributos como la fuerza o la resistencia, fue ampliamente criticado por ser obtuso y oponerse a la forma en que se jugaba tradicionalmente la saga. Los GF (invocaciones) también eran un problema. Era demasiado fácil abusar de ellos para ganar cualquier combate, lo que hacía innecesarias otras estrategias y llegaba a cansar a jugadores que tenían que ver la misma animación una y otra vez.

En el fondo, este era un sistema interesante y arriesgado. Permitía personalizar los personajes de una forma bastante dinámica y se prestaba para combinaciones y estrategias muy divertidas, pero los problemas de balanceo y la necesidad de dedicar tiempo a conseguir magias le impidió brillar de la forma en que merecía.

Final Fantasy VIII - FFVIII

Yo recuerdo haber dedicado horas a esa tarea. Me paseaba de un lado al otro del mapa consiguiendo las mejores magias para llevar las habilidades de los personajes al máximo. Mi pasión no se limitó a este mundo creado por SquareSoft y se filtró a mis primeras experiencias con internet. Participé activamente de foros donde se hablaba del juego, llegué incluso a moderar uno de ellos. Mis primeros experimentos con HTML y creación de páginas web estuvieron dirigidos a crear fuentes de información sobre Final Fantasy VIII. Incluso llegué a escribir una guía que todavía se encuentra publicada en GameFAQs. Estaba obsesionado con el juego y eso no me permitía ver sus obvios defectos.

Pero aún hoy, estos no logran disminuir ni un poco mi amor hacia Final Fantasy VIII. Aún recuerdo con cariño todos sus personajes y escenarios. Hay una escena en especial que jamás podré olvidar: Irvine, el francotirador mujeriego, sufre de una crisis de ansiedad justo antes de efectuar el disparo clave de una misión. Nos revela como toda su personalidad es una invención con la que oculta su miedo al fracaso y a decepcionar a los demás. Squall le habla de forma calmada, le explica que está bien fallar y, a punta de comprensión y apoyo emocional, logra que supere su crisis y continúe adelante. Para mí, esta es la escena más importante en la historia de los videojuegos.

Tampoco es posible olvidar la icónica y hermosa escena del baile de graduación.

Es verdad que este fue mi primer Final Fantasy. Existe la creencia de que el primer juego que experimentas de una franquicia se convierte irremediablemente en tu favorito. ¿Sería la historia diferente para mí si hubiera probado antes FFVII? ¿Estaría condenando la ‘trama para niñas’ de este juego en favor de la épica cruzada contra Sephirot? Es imposible saberlo.

Hoy, 20 años después, tengo un tatuaje de Griever —el símbolo de Squall— en el hombro, el internet me conoce como Sir Laguna y confieso sin pena que Selphie y Quistis fueron mis ‘crush virtuales’ de adolescente. Recuerdo con cariño mis viajes en la nave Ragnarok surcando los cielos sobre Balamb, Galbadia y Centra, mis eternas conversaciones con mi hermana y mis amigos sobre los eventos del juego y las cientos de horas que le dediqué y de las que todavía hay registro en una vieja tarjeta de memoria de PlayStation que guardo como un tesoro.

Y por si fuera poco, su minijuego de cartas es el mejor minijuego que existe en el mundo.

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1 comentario

1 comentario

  1. Jhonatan Posada (Johnson)

    febrero 13, 2019 en 1:05 am

    Gracias. @SirLaguna. Siempre ha sido un placer leer sus reseñas… Me hizo el dia. ?

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