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Final Fantasy VIII Remastered – Reseña

“Estaré aquí… Estaré esperando… Estaré esperando por ti. Si vienes, me encontrarás… Te lo prometo.”

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Final Fantasy se forjó con mérito propio un legado RPG desde la era de los 8 y 16-bit, pero incluso con la grandeza argumental de su sexta entrega disponiendo de solo sprites, sería Final Fantasy VII el que partiría la historia de la franquicia, al ofrecer por primera vez una aventura en 3D de estética algo caricaturesca pero con secuencias de video impresionantes para su tiempo.

Cualquiera hubiese pensado que para perpetuar dicho éxito descomunal, SquareSoft no se alejaría mucho a la hora de lanzar su octava entrega de la serie. Sin embargo, como bien nos lo demostró la historia en 1999, Final Fantasy VIII resultó completamente diferente a su predecesor, convirtiéndose en un exponente atípico con un sistema de juego aparentemente complejo y gráficas que apelaban a mayor realismo que lo visto anteriormente.

‘Liberi Fatali’ sigue generando escalofríos de los buenos.

Final Fantasy VIII es un juego que genera amores u odios por parte de la “iglesia de Cloud” por igual. Pero es precisamente eso que lo hace diferente aquello que resalta en el aspecto gráfico y jugable. Visualmente nos encontramos con una verdadera fantasía no medieval que aprovecha el retrofuturismo para llevarnos a un planeta donde gigantescas construcciones son capaces de volar como naves nodrizas, en el que encontramos aldeas que mezclan lo rústico con tecnología avanzada, y metrópolis extraídas de un futuro muy lejano.

Un mundo donde el pasado, presente y futuro conviven de manera anacrónica, afirmación que inadvertidamente cobra mucho más sentido al profundizar y avanzar en la trama. Los libros de historia citan una guerra 18 años antes de los eventos del juego contra una poderosa hechicera llamada Adel, que por poco deja el orbe convertido en ruinas y cuya consecuencia principal fue la gran cantidad de pérdidas humanas y huérfanos dejados a su suerte. Además del cese de transmisiones por ondas de radio.

A esto se le suma un fenómeno conocido como ‘lágrima de la luna’, evento que tiene lugar cada cierto tiempo en el que diversidad de monstruos caen al planeta tras una excesiva concentración en la superficie lunar. Dicho fenómeno no solo causa que toda clase de criaturas deambulen por ahí, sino que muta la flora y fauna existente a nivel de amenaza biológica. Como medida de defensa ante hechiceras y bestias salvajes, continentes como Galbadia, Trabia y Balamb fundan los denominados Jardines, academias militares donde jóvenes entrenan hasta graduarse como parte de la élite mercenaria.

En el Jardín de Balamb reside el protagonista de FF VIII, un adolescente experto en el sable pistola y típicamente desinteresado en los demás, de nulas palabras y con el objetivo único de convertirse en SeeD; nombre designado a los mercenarios de Balamb, quienes cumplen misiones en cualquier parte del mundo donde sus servicios profesionales sean requeridos y la paga esté disponible. A Squall se unen otros jóvenes de edad similar pero con personalidades mucho más expresivas, aparentemente reunidos por cosas del azar pero cuyo trasfondo se revela progresivamente como más significativo.

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Final Fantasy VIII Remastered marca el regreso del hijo pródigo en la franquicia principal RPG de Square Enix. Mientras FF VII e incluso FF IX habían llegado a dispositivos móviles y consolas de actual generación, hablando únicamente de los clásicos de la primera consola PlayStation, la octava iteración había sido hasta ahora un ausente participante de la cadena de relanzamientos. Para justificar esto, fuentes extraoficiales se referían a pérdida total de los archivos originales del juego, código y copias de respaldo, pero Square Enix ahuyentó los rumores con el anuncio de la remasterización en E3 2019.

Con el fin de solventar la larga espera por la que pasaron sus fanáticos para disfrutarlo correctamente en sistemas modernos (con música original y no temas MIDI en el caso de PC), Square Enix optó por tomarse su tiempo y mejorar los modelos de personajes, especialmente por la apelación realista del juego en comparación con su predecesor y respectivo sucesor. Todas las figuras controlables y personajes no jugables (NPC), al igual que autos y trenes, sobresalen con una decente resolución y detalles ante los fondos prerenderizados inalterados.

Al recorrer el juego original en la actualidad podemos entender que los fondos y personajes no sean tan definidos como recordábamos para el estándar de la época, pero cuando Final Fantasy VIII Remastered pone personajes de rostros finos junto a escenarios algo borrosos, es como jugar en una constante fotografía desenfocada. En honor a la verdad, los jugadores de antaño, amantes y conocedores de FF VIII, verán el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, pues los renovados modelos de personajes permiten perdonar el olvido ambiental gráfico.

Sin embargo, son los nuevos jugadores quienes, acostumbrados a imágenes modernas relucientes e inmaculadas, se enfocarán más en el constante contraste visual, pese a que la técnica de prerenderizado tuvo una perfecta aplicación en los noventa frente a las limitaciones de las consolas. Es necesario comprender que actualizar todos los fondos prerenderizados habría sido una labor titánica de mucho más tiempo para Square Enix, al punto de rayar técnicamente en el remake aunque no al nivel del que se encuentra en desarrollo.

Independientemente de lo visual, sobre el que recae el subtítulo de Remastered, las mejoras asistenciales de calidad de vida son para agradecer, a su vez vistas en los relanzamientos previos. Aquellas increíbles invocaciones de ‘Guardian Force’ (GF) eran uno de los motivos por los cuales los fanáticos del título original sacaban pecho, pero lo cierto es que su uso tardaba demasiado. Gracias a la posibilidad de multiplicar la velocidad de juego hasta por tres, las batallas fluyen en un acelerado festival de luces y colores, que no son pocos. Dicha velocidad también aplica al movimiento de los personajes y elementos de ambiente, pero no a la música ni a las secuencias de video, una acertada decisión.

En caso de querer explorar el mapa de juego sin interrupciones de combates aleatorios, muchos de ellos inoportunos, encontramos la opción de desactivarlos y activarlos con total facilidad. Cabe recordar que sin combates no hay experiencia, así que no es una opción para abusar sino para descansar brevemente. Por último tenemos el asistente de batalla que funciona como un cheat de salud infinita, recortando la barra ATB y habilitando los ataques ‘Limit Break’ de cada personaje de manera inmediata. Queda a gusto de cada quien su sabia aplicación, pero la única advertencia es que solo funciona con los HP del equipo humano, no con los puntos de salud de los GF enlazados que pueden ser derrotados en plena carga de invocación.

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El sistema de ‘Enlaces’, tan criticado pero único a la vez en la franquicia –debido a la necesidad de extraer magias para potenciar los atributos de fuerza, magia, resistencia, velocidad y demás–, en el camino se ve beneficiado por el incremento de rapidez en las batallas, pese a que varias de ellas se conviertan en un desmesurado “ordeño de magias”. Aun así, el ser ampliamente personalizable sin necesidad de clases específicas hace al sistema de ‘Enlaces’ digno de justificar.

Tanto como el juego de cartas ‘Triple Triad’, un juego por sí solo dentro del mundo de FF VIII con aceptable nivel de reto si se busca coleccionarlas todas, expandir las reglas intercontinentales y derrotar a los miembros del club en todo el globo.

Final Fantasy VIII Remastered
8/10 Nota
Lo que nos gustó
-La remasterización en los modelos de personajes.
-Velocidad x3.
-Un mundo de juego retrofuturista inmersivo.
-Variada música que no deja de maravillar.
-Sistema de 'Enlaces' que permite personalizar a voluntad.
Lo que no nos gustó
-Falta de resolución 16:9.
-Nada de Chocobo World, ni emulación como en PC/Steam.
-En algunas partes el contraste visual entre escenarios y personajes es fuerte.
En resumen
Final Fantasy VIII Remastered es como Square Enix celebra el lanzamiento del título original hace ya un par de décadas, cuando sus gráficas prerenderizadas estaban por encima del promedio. Puede que la transición a sistemas modernos y los mejorados modelos de personajes/vehículos dejen deseando por un tratamiento igual a los escenarios, pero el vibrante mundo con diseños de Tetsuya Nomura y las magistrales composiciones de Nobuo Uematsu resaltan la fantasía prometida con personalidad propia, un verdadero león albino para la manada Final Fantasy.

Reseña hecha con una copia digital de Final Fantasy VIII Remastered para PlayStation 4 brindada por Square Enix.

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