Nunca había jugado un juego como Indika. Sí estoy familiarizado con títulos que exploran su propia naturaleza como videojuegos y otros que tocan temas tan espinosos como la fe y la religión, pero nunca que combinaran ambos aspectos de esta manera. Eso hace de este título del estudio independiente ruso-kazajo Odd Meter uno de los lanzamientos más interesantes del año.
La trama nos lleva a una Rusia alterna de comienzos del siglo XX. Indika es una joven monja que tiene dificultad para adaptarse a la vida en el hábito. A pesar del rechazo de sus compañeras, se le encarga una misión que le permitirá salir de las paredes del monasterio. En el camino se le une un prófugo que busca un milagro, pero él no es su única compañía. El diablo no se separa de ella y está hablándole al oído todo el tiempo.
A simple vista cuesta creer que Indika sea un juego independiente. La calidad visual de su mundo hiperrealista es impresionante y le saca todo el potencial al motor Unreal. Sin embargo, es un juego relativamente corto y con limitadas opciones de jugabilidad. Se puede terminar con todos los logros en menos de cinco horas y no ofrece incentivos directos de rejugabilidad. Sin embargo aquellos con deseos de profundizar en sus temas y mensajes seguramente querrán darle una vuelta más a esta aventura.
Acciones consagradas a Jesús
Esta no es una aventura de acción. No esperen que la monja protagonista levante una kalashnikov para masacrar demonios. Lo que podemos hacer es correr, rezar e interactuar con objetos como escaleras y palancas. También podemos conducir algunos vehículos y operar extrañas maquinarias con toques ‘steampunk’.
El juego consiste en avanzar por los escenarios resolviendo unos pocos acertijos ambientales y superando algunas secuencias de plataformas que consisten solo en escalar y correr, aparentemente las monjas no saltan. Hay algunas secuencias especiales “con sabor retro” en que tenemos que hacer algo diferente, pero hablaremos de eso más adelante.

Los acertijos más interesantes son aquellos en los que la presencia del diablo se hace tan fuerte que distorsiona la realidad. La protagonista puede juntar sus manos y rezar para volver las cosas a la “normalidad” temporalmente. Tristemente, eso ocurre muy pocas veces. También tenemos que buscar los caminos a seguir, usar elevadores u otros aparatos y, por supuesto, empujar cajas. No sería un juego “realista” y moderno si no tuviera algunos ‘puzles’ en los que tenemos que empujar cajas.
Hasta ahora todo suena bastante “normal”, incluso aburrido, pero no hay nada de normal o aburrido en Indika. Estos elementos tan tradicionales están presentes para reforzar la idea de que este es un videojuego. Su yuxtaposición con su trama seria y situaciones bizarras hacen que la experiencia sea más interesante.
Una de las primeras cosas que tenemos que hacer en este juego es viajar a un pozo para llenar un balde de agua y regresar para arrojar el agua en un barril. Debemos hacer esta ingrata, repetitiva y tediosa tarea varias veces y no me sorprendería que muchos decidieron parar y hacer otra cosa. Eso si no les causa curiosidad que cada vez que llenamos el balde escuchamos un efecto de sonido característico de un juego de 8-bit y vemos letras pixeladas aparecer indicándonos el progreso.

El contraste entre los gráficos hiperrealistas y el tono de la historia con estos elementos propios de los juegos retro es muy brusco, pero es aquí que se encuentra el alma de Indika.
Los desarrolladores no solo jugaron con estos elementos «tan de videojuego», también aprovecharon técnicas cinematográficas y de uso de cámara —especialmente los primeros planos e incluso la cámara en primera persona— para fortalecer el efecto que el juego y su historia tienen en nosotros.
Puntos y monedas. Pecados e indulgencias.
Al realizar ciertas acciones como recoger objetos religiosos, encender velas ante íconos o rezar en ciertos lugares, obtenemos puntos de forma de monedas que no estarían fuera de lugar en los primeros juegos de Super Mario Bros. o Sonic The Hedgehog. También hay momentos en que Indika recuerda su pasada y estos toman forma de minijuegos con gráficos pixelados que nos piden saltar entre plataformas, recoger monedas y ganar carreras.
Hay melodías ‘chiptune’ que acompañan algunos de los momentos más importantes del juego y el contador de puntos está siempre presente en pantalla. Si entramos al menú, podemos ver una especie de ‘árbol de habilidades’ que aparentemente nos da ciertas ventajas y multiplicadores tras llegar a ciertas puntuaciones.

Esto no es un chiste ni una simple elección estilística. Es la razón de ser del juego.
El que peca y reza, empata
Dmitry Setlov, una de las principales mentes detrás del juego, explicó hace años en una entrevista con RockPaperShotgun que Indika es un reflejo de su pérdida de fe y de su rabia contra la iglesia ortodoxa rusa por su alianza con Vladimir Putín. No es difícil ver esto en el juego.
Las conversaciones de Indika con Ilya —el prófugo que la acompaña en su viaje— y con el demonio que vive en su interior son discusiones filosóficas sobre la naturaleza del pecado, críticas contra la forma en que funciona la iglesia y disertaciones sobre la relación entre el ser humano y la fe. Para ateos como yo —que pasamos por la inevitable época de leer a Nietzsche, Marx y Camus— no hay nada nuevo en las ideas que presenta, pero no por eso dejan de ser importantes.

La verdadera genialidad de Indika está en la forma en que combina esas ideas con su naturaleza como videojuego, reflejándose especialmente en sus elementos ‘retro’. Compara nuestra comprensión del pecado, la redención y la práctica de la religión con el acto de conseguir puntos en un videojuego. Se pregunta cuántos son suficientes para conseguir el perdón, para ganarse el cielo. Hay muchas más lecturas y reflexiones sobre la religión, la fe y los videojuegos en Indika —alguna de ellas vinculadas a elementos como los logros o trofeos— que pueden ser bastante personales. Es un juego que vale la pena experimentar aunque sea solo para pensar en lo que nos dice, analizarlo y descubrir qué dice nuestra conclusión sobre nosotros mismos.
Pérdida de fe
Por sus temas y bizarros elementos jugables, muchos calificarán a Indika como una obra pretenciosa. El equivalente en videojuegos a esas películas insoportables de “cine arte”. Si ustedes son fanáticos de películas de distribuidoras como A24 y Annapurna, este juego está hecho para ustedes. Si no aguantaron 20 minutos viendo El Faro y no entienden por qué las obras de Dostoyevski son consideradas clásicos atemporales, no creo que disfruten la experiencia.
Este no pretende ser un comentario condescendiente, solo quiero que entiendan que no es la clase de arte que todo el mundo aprecia. Además, tampoco es un juego perfecto. Como ya dije, sus discusiones filosóficas pueden ser bastante básicas. A nivel de jugabilidad, hay partes en que no es claro qué debemos hacer para continuar y algunos escenarios son tan oscuros que puede ser difícil descubrir el camino.

Los cortes entre capítulos son demasiado abruptos y parecen ser un problema técnico. Mi experiencia en PS5 tampoco fue fluida, pues hubo momentos en que a la consola le costaba mantener los 60 cuadros de animación por segundo. Esto ocurrió muy pocas veces, pero definitivamente ocurrió.
También hay una escena que alude a un asalto sexual y aunque no es explícita, puede resultar perturbadora y no hay un “trigger warning” apropiado.
Amén
Indika es un juego que nunca voy a olvidar. Me encanta que todavía hayan desarrolladores dispuestos a arriesgarse con una obra tan bizarra e inusual como esta. Es la clase de videojuegos que me gusta recomendarles a toda clase de personas. Puede que no les guste. Incluso puede que lo odien o que lo consideren una afrenta a sus creencias, pero definitivamente no los va a dejar indiferentes.
[rwp-review id=»0″]
Reseña hecha con una copia digital de Indika para PS5 entregada por 11 bit Studios. El juego también está disponible para PC y Xbox Series X|S.


