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[Opinión] La guerra de las puntuaciones

Sitios como Rotten Tomatoes y YouTube se convirtieron en un campo de batalla sobre las películas protagonizadas por mujeres.

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¡Qué diferente era el mundo de la crítica de cine antes de internet! La palabra absoluta sobre las cualidades o defectos de un filme estaban en manos de analistas profesionales como Roger Ebert, Richard Ropert o Jay Sherman. Luego llegaron sitios web como Ain’t It Cool News y JoBlo.com. Eventualmente, la llamada ‘Web 2.0’ haría su aparición con su enfoque en plataformas llenas de contenido generado por los mismos navegantes. El auge de los blogs, el fenómeno de YouTube y las redes sociales democratizaron el internet y permitieron a cualquier persona expresar sus opiniones frente un público de millones de personas. Sobre todo sus opiniones sobre cine, videojuegos, música, cómics y televisión.

El resto es historia.

Hoy en día podemos recurrir a miles de críticos en internet. Unos son profesionales del séptimo arte, algunos son aficionados con gran conocimiento del tema y otros son miembros de la audiencia que simplemente quieren expresar su opinión.

Esto no es nada raro. A las personas les gusta decir lo que piensan. Páginas como IMDB implementaron un sistema de calificación de películas que permite a sus visitantes colaborar para dar a un filme una puntuación general. Agregadores como Rotten Tomatoes y Metacritic publican el promedio de calificación de una obra basada en lo que dicen los críticos sobre ella, pero también permiten que el público las califique en una puntuación separada.

Las cosas parecían funcionar bien. Pero no tuvieron en cuenta que le estaban dando al ‘gran público’ un poder que no estaban preparados para manejar.

Lo que pasa cuando se le da poder al público.

No todas las personas califican una película (o un videojuego, libro, etc.) simplemente para expresar si les gustó o no. Algunos tienen un hacha que blandir al respecto. Puede ser contra un actor que les desagrada, una temática con la que están en desacuerdo o cualquier otra razón. Ninguno de estos sitios puede verificar si alguien vio el filme antes de calificarlo.

Pero esto no es nada grave, ¿verdad? Estamos hablando de simples medios de entretenimiento. ¿Qué importa si uno o dos individuos con rabia votan negativamente contra una película sin haberla visto? Eso no afectará el promedio. Y sí, esto también puede pasar al contrario: se puede votar positivamente por algo sin conocerlo por cualquier razón.

Entonces comenzó la “guerra cultural”.

Este no es un fenómeno nuevo, pero que adquirió una visibilidad inusitada en la presente década. Cada vez son más comunes los grupos que organizan en foros y redes sociales campañas para boicotear y votar negativamente una obra en sitios importantes como Rotten Tomatoes, Metacritic, IMDB, Letterboxd y hasta los tráileres en YouTube. Aunque esto también ocurre con los votos positivos —sobre todo en los casos en que un cantante o ‘influenciador’ con muchos seguidores está involucrado—, lo hace en una escala mucho menor.

Aunque estos supuestos boicots nunca han sido efectivos, las exageradas cantidades de votos negativos han llamado mucho la atención. Cuando el tráiler de Ghostbusters (2016) se convirtió en el video con más votos negativos en YouTube en ese entonces, sitios como Screencrush y The Guardian notaron que la inusual afluencia de votos sugería una campaña organizada de personas que estaban en contra del filme.

Cazafantasmas – La reseña

¿La razón? Que esta versión de Cazafantasmas estaba protagonizada por mujeres. Esto suele ocurrir contra películas dentro de géneros usualmente considerados “masculinos” (acción, ciencia ficción, aventura), sobre todo dentro de franquicias conocidas, que tienen protagonistas femeninas o que dan importancia a temas de inclusión y justicia social. Obviamente no se puede creer que todos los votos negativos que tenga una película o tráiler se deben a esto —hay personas que simplemente no disfrutaron de lo que vieron—, pero la cantidad de estos y las conversaciones al respecto en foros y redes sociales sugieren que la mayoría de estos votos son maliciosos.

Cuando hablamos de películas de grandes presupuestos, con mucha acción y efectos especiales, es común que el promedio de notas de los críticos sea considerablemente menor al de la audiencia. No siempre pasa. Por ejemplo, las películas de Marvel son muy queridas por los expertos. Pero cuando ocurre es porque muchos críticos son adversos a las fórmulas y clichés a los que suelen recurrir esta clase de películas, mientras que el gran público solo busca entretenimiento. Es por esto que películas como las de Transformers — dirigidas por Michael Bay — logran tener tanto apoyo a pesar de ser consideradas ‘malas’. Lo contrario casi nunca ocurre… excepto cuando se dan estas campañas de desprestigio.

¿Qué importa esto? ¿Quién le va a dar más importancia a lo que dice la gente que a lo que dicen los críticos? El problema es que estas votaciones masivas no vienen solas. Junto a ellas viene un ataque contra los críticos que cada vez tiene más fuerza en la cultura popular. Se dice que corporaciones como Disney les pagan para darle buenas notas a sus películas, que están desconectados de lo que de verdad le gusta al público e incluso que tienen una agenda “contra los hombres blancos heterosexuales”. Obviamente nada de esto es cierto, pero hay quienes lo comienzan a creer y prefieren dar más importancia a las notas de la audiencia.

Otras obras afectadas por estas tácticas han sido Ocean’s 8: Las estafadoras, Star Wars: los últimos Jedi, la más reciente temporada de Doctor Who y Capitana Marvel. El caso de Star Wars es especialmente insidioso, ya que logró crear la falsa narrativa de que esta película había tenido “una recepción mixta entre los fanáticos”. Ahora se sabe que muchos de esos votos contra la película venían de parte de cuentas falsas y bots.

¿Por qué hacen esto? ¿Qué ganan al poner tanto esfuerzo en demostrar su odio por una película que no han visto? Por lo que hemos podido observar durante estas ‘controversias’, y de acuerdo a estudios como este, estas son personas que se han convencido de que el público de estas franquicias está formado solo por hombres, probablemente blancos y heterosexuales. Cuando se dan cuenta de que esto no es cierto y que los estudios buscan representar mejor su público con protagonistas de diferentes géneros, razas y orientaciones sexuales, lo sienten como un ataque contra su identidad, la cual han formado alrededor de sus aficiones.

Cuando Brie Larson dijo en una entrevista que quería ver a más mujeres y personas de color viendo Capitana Marvel, estas personas explotaron de ira. Parecen creer sinceramente que son el único público al que debería estar dirigido esta clase de filme y consideran estas expresiones como ataques. Es la misma lógica detrás de campañas de odio y acoso como GamerGate y ComicsGate, que hicieron lo mismo y atacaron con insultos y amenazas a cientos de mujeres y personas que buscaban más inclusión y diversidad dentro de estas industrias.

Las plataformas están al tanto de este problema y el caso de Capitana Marvel fue la gota que derramó el vaso para que tuvieran que tomar acciones, así fueran mínimas, al respecto. Rotten Tomatoes tuvo que prohibir las votaciones hechas antes del lanzamiento de una película (habían miles de votos negativos hacia este filme semanas antes de que alguien lo viera), Letterboxd implementó medidas similares y YouTube tuvo que determinar que el nombre ‘Brie Larson’ tiene importancia noticiosa para que el buscador no arrojara videos creados por fuentes no confiables aparecieran de primero en los resultados. Esto no solucionará el problema del todo —es un tema cultural, no técnico—, pero sirve para que estos haters no puedan manipular tan fácilmente la opinión sobre un filme.

Capitana Marvel – Reseña

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