Basta ver casos como el de la carta Pikachu Illustrator de Pokémon para darse cuenta del desaforado estado de las subastas y clasificación de productos de la cultura pop, como cartas coleccionables, cómics y videojuegos. Muchos cartuchos de videojuegos clásicos en perfecto estado alcanzan cientos y miles de dólares a la venta, juegos ampliamente disponibles que no sufren de escasez y dejan ver el fraude y la manipulación del mercado de videojuegos retro por parte de Wata Games (ahora parte de PSA, quienes clasifican cartas y memorabilia deportiva).
Ya es costumbre ver juegos encapsulados entre carcasas de plástico que jamás serán jugados, como si eso tuviese algún sentido y muy diferente a una carta o cómic impreso. Para clasificar dichos juegos y sellarlos por su supuesta protección, Wata Games obviamente cobra una tarifa y es casi que un paso obligatorio antes de subastarlos o venderlos por una suma considerable. El negocio perfecto a punta de humo. Algunos coleccionistas pasaron al siguiente nivel de esta burbuja especuladora y ahora empaquetan consolas portátiles como 3DS, con todo y batería de litio que con el paso del tiempo podría dañar la consola presuntamente protegida.
Recientemente publicaron en Reddit un par de consolas New Nintendo 3DS XL encapsuladas en plástico después de ser clasificadas. Ambos sistemas son modelos de The Legend of Zelda: Majora’s Mask 3D región europea y vienen completamente en su caja.
Para los despistados, una batería de litio tiene una vida útil limitada, ya que con los años se puede expandir, inflar o tener fugas, dañando lo que sea que la cubra, como una consola portátil. Por supuesto cada quien es libre de ver cómo conserva sus cosas, pero es absurdamente presuntuoso clasificar consolas para encapsularlas y definirles un valor elevado, solo para saber que en unos años aquel podría ser de cero.
No es un secreto que el costo de la familia de consolas 3DS está subiendo y están a nada de alcanzar al de una Switch actual, en especial porque ya no se fabrican y su catálogo es uno nada envidiable. Aún así, llegar a este punto de «emparedarlas» entre plástico para venderlas en el futuro a precios terriblemente altos, es de lo menos inteligente que se le haya ocurrido a especulador alguno.

