Los juegos deportivos de Mario siempre han tenido algo en común: a través del ‘fan service’ nos proponen nuevas aventuras dentro del Reino Champiñón. No solo Mario Kart ha funcionado bajo esta premisa; los Mario Tennis también se han convertido en algunos de los favoritos de la comunidad y, desde su primera entrega en Nintendo 64, prácticamente todas las consolas de Nintendo han tenido su propia versión del juego.

Mario Tennis Fever es un título que entiende muy bien el punto en el que está la franquicia. No llega con la intención de reinventar el tenis ni de volverse más complejo solo por ser una nueva generación, pero tampoco se conforma con ser un simple juego de golpear la pelota y ya. Su apuesta es algo más sutil, pero ya tradicional en los juegos de Mario: que jugar se sienta natural desde el primer partido, y que quien quiera profundizar tenga herramientas para hacerlo. Por eso, al iniciar el tutorial, el juego se siente muy simple. Sin embargo, cuando empezamos a probar los distintos modos, es cuando realmente encontramos su profundidad.

Un liftado, un servicio y una dejada
La primera impresión de Mario Tennis Fever es engañosamente simple. Golpear la bola se siente inmediato, fluido y con respuesta inmediata del control. El juego permite entrar rápido, entender el ritmo y empezar a jugar sin fricción. Por ahora, no nos complica con ciertos golpes o jugadas que, para jugadores más “hardcore” o para quienes decidan profundizar, terminarán siendo necesarias.
A medida que pasan los partidos, el juego empieza a aumentar su curva de dificultad. Aquí ya no basta solo con devolver la pelota. Existen controles avanzados y combinaciones de botones que permiten agregar distintos efectos, variar tipos de disparos muy del tenis y ajustar el comportamiento de cada golpe. No son sistemas que el juego obligue a aprender desde el inicio, pero están ahí para quien quiera explorarlos.

Esto es clave para entender por qué Mario Tennis Fever funciona tan bien. Se puede jugar como un simple party game, donde los jugadores más casuales lo disfrutarán sin meterle mucha cabeza ni enfrentar una curva de aprendizaje larga. Al mismo tiempo, para los tryharders, puede sentirse como una experiencia más cercana a un simulador casual, donde el timing, la posición y el tipo de golpe se vuelven vitales para ganar partidos.
El aprendizaje para volverse “pro” es progresivo. No se siente como un tutorial constante, sino como algo que el jugador va descubriendo jugando. Entender cuándo usar cierto tipo de golpe o cómo combinar botones para lograr un efecto específico y esto asociarlo a cierta raqueta cambia por completo la forma en que se afrontan los partidos. Además, jugar y jugar partidos siempre nos servirá para desbloquear personajes o raquetas, lo que incentiva a seguir experimentando.

El roster también acompaña bien esta idea. Los personajes no solo tienen distinto “skin” su contextura o características son relevantes; influyen directamente en el ritmo del juego y obligan a adaptarse. Cambiar de personaje implica cambiar decisiones en la cancha, lo que mantiene las partidas frescas incluso después de varias horas. Esto no es novedad en la serie, pero en este juego sí se siente con más claridad la diferencia entre usar a un pesado como Donkey Kong frente a Boo y sus “desapariciones”, o la agilidad de un Paratroopa comparada con el alcance y la potencia de una Planta Piraña.
El príncipe del tenis del Reino Champiñón
El modo campaña de Mario Tennis Fever tiene buenas ideas, pero su ejecución puede desesperar a más de un jugador. En presentación es encantador, ligero y coherente con el universo Mario. El juego, además, plantea una historia en la que Mario, tras un combate contra unos misteriosos seres oscuros, se da cuenta de que, si hubiera sabido más de tenis, probablemente los habría podido derrotar más rápido y no se habría convertido en Baby Mario.

Con esta escena cinematográfica de introducción, Baby Mario y Luigi llegan de incógnito a la academia de tenis. Allí tendrán que pasar por varias categorías, derrotar a jugadores más grandes y fuertes que ellos, aprender todas las técnicas del juego y fortalecerse poco a poco. La mecánica general consiste en realizar minijuegos de destreza para mejorar alguna habilidad, luego prácticas de movimientos y, finalmente, partidos, pruebas teóricas y encuentros de ascenso como prueba técnica.
A pesar de que los minijuegos están bien diseñados y sirven para mostrar distintas situaciones de juego y variaciones de control, el problema está en la estructura. La campaña se apoya demasiado en pruebas, evaluaciones y progresión por categorías. Sí, los retos son variados, y sí, muchos minijuegos funcionan bien, pero la experiencia termina siendo demasiado guiada. El juego constantemente te dice a dónde moverte, con quién hablar y qué hacer, más allá de devolverte a repetir minijuegos.

Aquí es donde se siente una desconexión en este modo campaña: el gameplay tiene profundidad, combinaciones y opciones interesantes, pero la campaña rara vez deja que el jugador las explore con libertad. Con el paso del tiempo, la progresión se vuelve predecible y la motivación se transforma en completar lo que sigue en la lista. No es un modo malo, pero sí uno que se siente más largo de lo necesario y que no aprovecha todo el potencial del sistema de control.
La competencia está en la cancha
Fuera de la campaña, Mario Tennis Fever se siente como lo que debe ser y es disfrutar del tennis. En partidas libres, torneos y especialmente en multijugador, el juego se luce en como muestra la experiencia de jugar el deporte al estilo de Mario. Experimentar con distintos tipos de golpes, efectos y decisiones en tiempo real hace que cada partido tenga su propio ritmo. El uso y abuso de poderes, el que alguna jugada te recupere y el que nuestro personaje se sienta con ventaja frente a otros es parte de lo que hace divertido este juego.

El multijugador, tanto local como online, sigue siendo lo mas clave de la experiencia como tiende a suceder en juegos deportivos. Las partidas son rápidas, intensas y llenas de momentos inesperados. La flor parlante que hace de narrador, le impregna emoción a los partidos. El caos aparece cuando debe aparecer, pero siempre hay margen para el control y la reacción. Incluso al perder, queda la sensación de que se pudo hacer algo distinto.
Como es de esperarse, este juego se puede jugar como juego tradicional o con controles de movimiento, modo “realista” al mas puro estilo Wii Sports. También tiene otras opciones que se agradecen para hacer torneos, sea con Game Share (compatible con consolas Switch 1), juego local o el mismo multijugador en línea. Para la gente que quiere competitivo tiene su mismo modo de Partidos clasificatorios.

Lo que sí no nos ha gustado tanto es que los modos cooperativos están limitados. La campaña es completamente individual. Los torneos sí se pueden jugar en dobles, pero en otros modos no es posible o, por ejemplo, en las Torres de retos, el segundo jugador funciona como una sombra que a veces incluso puede estorbar al primero.
Más allá de eso, el juego ofrece una gran cantidad de canchas, raquetas y personajes (y sus variaciones de color) que pueden cambiar por completo la experiencia. Jugar en una cancha de nieve con una raqueta de plátano puede convertirse en un verdadero dolor de cabeza para un rival lento.
El juego también cuenta con una buena cantidad de coleccionables o stickers que se liberan a lo largo de la campaña y, para tener todas las canchas, personajes y raquetas, será necesario dedicarle muchas horas de juego en cualquier modo. Todo esto complementado con un impecable doblaje para ameríca latina que incluye todo el cast de voces e incluso el de la flor parlante es el mismo del dispositivo que vimos anteriormente.
Reseña hecha con una copia digital de Mario Tennis Fever para Nintendo Switch 2 brindada por Nintendo of America.


