La alianza de Insomniac Games con Sony Interactive Entertainment dio pie a uno de los juegos más aclamados de Spider-Man, con una expansión y otra secuela no muy diferentes, pero haciendo de esta una saga que se ganó a pulso de telaraña su lugar. Siguiendo estos mismos términos, Marvel decidió prestarles otro de sus personajes icónicos directamente ligado con el más famoso equipo de mutantes, para contar una historia que intenta acercarse tanto como las restricciones de licencia le permiten, dejando a su paso sentimientos encontrados, entre otras dudosas elecciones jugables. Marvel’s Wolverine es el más reciente y vistoso juego del salvaje mutante regenerativo, eso no necesariamente lo convierte en un acierto, pero tampoco en la pila excremental que algunas fuentes han señalado.

El mundo que plantea Insomniac en esta versión de Wolverine está lejos de la que conocemos gracias a las diferentes iteraciones con los X-Men. Para absolutamente nadie es una sorpresa o en su defecto ‘spoiler’ que el Dr. Nathaniel Essex, también conocido como Mister Sinister, es un mega villano enemigo del equipo liderado por el profesor Charles Xavier. Por eso resulta cuando menos atípico –por no decir más– que esta historia opte por convertir a Essex en el tutor que «salva» a Logan y lo guía por el camino del heroísmo y la protección de los mutantes. Ya todos sabemos hacia donde va el río de la trama, pues hasta Insomniac reutilizó aquel mismo poder del guion en los juegos de Spider-Man y sin inmutarse lo replica en Marvel’s Wolverine.
A diferencia de los mundos abiertos de Spidey, el juego de Lobezno, Glotón, Aguja dinámica o simplemente Guepardo –como en la traducción latina para la serie animada de los noventa–, es una experiencia netamente lineal con muy leves bifurcaciones exploratorias. Esto da mayor peso a su historia sobre los demás componentes, como es costumbre en otras «experiencias cinematográficas» que hacen parte de los juegos de Sony. Si tenemos claro que su énfasis es argumentativo, la elección de personajes secundarios genera más dudas que resoluciones. Tenemos una Mystique que se comporta como Black Widow, un Sabretooth como contrapeso a la longeva rivalidad hermana, y a una Jean Grey igualmente aislada de lo que, supondríamos, es un futuro título de los X-Men.

Jugablemente y en los capítulos iniciales, podemos notar impregnados en Marvel’s Wolverine algunos matices de Marvel’s Avengers (Crystal Dynamics), como recurrentes combates contra grupos de enemigos cargados de mejoras cibernéticas y otras maquinarias, representados como las fuerzas mercenarias de Bolivar Trask; no muy diferente al Dr. George Tarleton. Conforme avanzan los escenarios en la cruzada de Logan, se suman tropas más letales como francotiradores de láser, gigantes en armadura, soldados con camuflaje óptico y otras amenazas mecánicas, pero ninguna que genere mayor recordación e impacto, incluidos los jefes de gran tamaño. Esto acompañado de un despliegue absoluto de sangre y partes –si dichas opciones no están desactivadas–, sumado a los desgarres inevitables del traje de Wolverine para más realismo.
Cuando son los ninjas de La Mano quienes se suman a los obstáculos de Wolverine, es que puedes reafirmar otro fantasma que rodea al mutante salvaje, como es el de Uncharted o la trilogía moderna de Tomb Raider. La agilidad animal de Logan le permite saltar enormes alturas y barrancos, balancearse entre postes y salientes, así como no verse limitado por escaladas considerables. Es cierto que Wolverine no llega a los niveles de movimiento de Spider-Man, por razones obvias, pero esto no limita a Logan a desplazarse y combatir con toda la naturalidad del caso. La libertad sin censura a la hora de pelear, le permite repartir violencia desenfrenada y a su vez apoyada por un medidor de Rabia, que potencia los mismos ataques cuerpo a cuerpo hasta llevarlos a un punto de frenesí.

Acompañados por el típico árbol de habilidades que llenamos progresivamente ganando experiencia durante la historia, podemos desbloquear trajes de los diferentes cómics de Wolverine y los X-Men, recolectando algunas cajas de materiales en los escenarios. También hay por encontrar botellas de whisky que desbloquean recuerdos del pasado y unas «puertas pesadilla» o extradimensionales, con las que accedemos a retos contrarreloj para así ganar habilidades equipables adicionales. Una reciente actualización permite desactivar la función natural de sentidos, que señalan al jugador por sonidos, vibración y pistas visuales dónde se ubican estos tres elementos. Sin embargo, el olfato es innato al mutante y pese a su controversia, no juzgaría de forma iracunda que sea completamente un error.

La ahora disipada «línea de olor» que Marvel’s Wolverine despliega tiene una razón de contexto argumental para existir, pues se trata de una representación visual del exponenciado olfato que posee Logan. Bajo este contexto, sería inadmisible que Wolverine se perdiera en alguna locación o siguiendo el rastro de cualquier persona, puesto que es parte de sus habilidades mutantes tal como la regeneración y las garras de hueso retractables. Es parte de lo que lo convierte en tal amenaza, sus potentes sentidos salvajes. Ahora, el problema de traducir esto a un videojuego que de por sí ya es lineal –absolutamente nada de malo con ello, solo una mención para diferenciarlo de mundos abiertos–, es que limita las posibilidades de lo que pueden llegar a hacer los jugadores lejos del guion preestablecido.
En un juego plataformas ‘side scroller’ tradicional sabemos que tenemos que ir hacia la derecha y no hay otra forma de avanzar. Básicamente este es el caso con Marvel’s Wolverine, porque aparte de la mínima desviación para conseguir una caja de materiales, no hay motivos o razón para explorar los entornos más que llegar al siguiente objetivo. ¿Fue diseñado así desde el principio? Cuando pasamos por la ficticia ciudad de Madripoor, no nos tomó mucho esfuerzo salirnos de los límites del complejo Trask y así resultar en las vacías calles de la urbe, que no fueron originalmente contempladas para explorar. Por supuesto sin aleatoria colisión de texturas e inexistentes suelos que llevan a caídas infinitas y muerte. No creemos que Insomniac planeara todo un Manhattan explorable con Madripoor –levemente con el capítulo en Japón–, tal vez en algún momento concluyeron que un mundo abierto no favorecería a la historia.

Pero su historia es justamente uno de los puntos débiles en oposición al normalmente resistente Logan. Aunque no nos cueste mucho saber hacia dónde va, la ausencia de X-Men a favor del «Equipo X» de Essex no consigue el mismo efecto, ni de cerca. Aún cuando es una historia de Logan y no de los X-Men, Essex representa al profesor Xavier mientras el verdadero trasfondo del personaje se destiñe como su propia piel en lugar de sobresalir. Aparte de los mutantes secundarios, Jean es la reciente aliada más cercana a esta versión de Wolverine y se palpa el cariño que le toma, repitiendo el sentimiento de sus variantes multiversales. Incluso podemos decir que este Logan es muchos menos áspero de lo que estamos acostumbrados con el personaje.
Liam McIntyre –actor australiano que reemplazó a Andrew Whitfield (QEPD) como protagonista titular en las series de Spartacus: Vengeance y War of the Damned— es bueno en lo que hace, sin embargo, Wolverine no solo requiere ser el mejor en lo que haces al mejor estilo de Logan, también exige cierto ‘desenfado salvaje’ que otras versiones han sabido implantar efectivamente. El asunto es que se aprecia y ve más bondad en McIntyre de lo que en realidad representa Wolverine. A favor del doblaje latino, tenemos la fortuna de escuchar de nuevo a Humberto Solórzano, quien ha prestado su voz a Hugh Jackman durante un cuarto de siglo. Ese no tan pequeño detalle ayuda al juego más de lo que crees.

La destrucción de entornos no decepciona a las garras de Adamantium de Wolverine, pues con pocas limitaciones, los interiores pueden ser hechos añicos como debe ser. Los fans de los anteriores juegos de Spidey no encontrarán en este juego la libertad desplazatoria que tanto tenían en New York, pero en el aspecto destructivo sí es más amplio –que al final tiene más sentido con Logan que con Peter–. ¿Suficiente para destruir las presunciones sobre su linealidad o su exagerada estela de olor? Posiblemente no, pero nunca vi a nadie molesto por liberar la rabia como solo Wolverine lo sabe hacer, y vaya que lo sabe hacer.










Reseña hecha con una copia digital de Marvel’s Wolverine para PlayStation 5 brindada por Sony Interactive Entertainment.



