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No todo gran Castlevania debe ser como Symphony of the Night

La gloria del título de PlayStation no tiene por qué opacar todo un legado en el género plataformas.

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Todos comprendemos muy bien la importancia de Castlevania: Symphony of the Night para la industria de los videojuegos y el género plataformas, juego que en su tiempo no fue ningún éxito pero terminaría aportando el ‘Vania’ al subgénero metroidvania. Una decisión cultural algo debatible si tenemos en cuenta que aunque el juego de 1997 para PlayStation retomaba el clásico 2D, bebía más de Super Metroid de 1994 que de su propia franquicia en NES, SNES y Sega Genesis. SotN era una secuela directa de Rondo of Blood (TurboGrafx-16/PC Engine) lo suficientemente diferente y menos lineal.

Pese a que los desarrolladores de Symphony of the Night insistan que su inspiración real estaba más del lado de la libertad jugable vista en The Legend of Zelda: A Link to the Past aplicada a un plataformas 2D, sinceramente sería un despropósito no ver el ‘Metroid’ en ese ‘Vania’.

¿Esto hace que el término metroidvania pierda relevancia? No, todo un mercado indie existe gracias al mismo. Pero si es necesario para la franquicia Castlevania recordar de dónde vino y marcó su propio estilo, antes de que se fusionara con el de Super Metroid y creara un subgénero con más genes del padre alienígena que de la madre vampiresa.

Pareciera que cuando Konami habla de compilaciones o colecciones de Castlevania lo único que el público quiere ver son 20 versiones de Symphony of the Night. De tal manera se presentó Castlevania Requiem para PlayStation 4, básicamente la misma versión de The Dracula X Chronicles para PSP. Razón por la que cuando se anunció el listado completo de juegos incluidos en Castlevania Anniversary Collection para PS4, Xbox One, Nintendo Switch y Steam, lo único que se leían eran quejas sobre la falta de –adivinemos– Symphony of the Night.

Pero SotN no tiene ninguna cabida en el legado clásico de la franquicia, no por no merecerlo, sino por esa misma fragmentación con la que cuenta la saga. La recientemente lanzada colección de aniversario de Castlevania es un digno homenaje a todo lo que podríamos denominar “Classicvania”. La esencia innata de la serie antes de transformarse para siempre en metroidvania o de mutar en algo más ajeno como Lords of Shadow, línea del que solo Mirror of Fate intentó retomar parte de su pasado pero sin mucho éxito en la construcción de niveles.

Sin profundizar en la alterna edición japonesa para MSX2 (y otros equipos) conocida como Vampire Killer o Akumajou Dracula, la trilogía original de Castlevania para NES fue la puerta de entrada del clan Belmont a su eterna lucha contra Drácula. Es en el primer juego donde se establecen los elementos básicos lineales de avanzar por el castillo, derrotar algunos jefes tradicionales en el camino (murciélago gigante, Medusa, Momias, Frankenstein e Igor, la Muerte) hasta llegar a la cámara de Drácula por el enfrentamiento final.

Castlevania II: Simon’s Quest se desvió tanto de la ruta preestablecida como lo hizo Zelda II: The Adventure of Link. Es bastante llamativa la manera en que se aprecia una verdadera inspiración experimental en Zelda aplicada en la secuela de Konami, con algunos elementos RPG y cierta libertad para recorrer pueblos con perspectiva lateral, hasta paso del tiempo con cambio de día y noche. La saga retomaría su rumbo con Castlevania III: Dracula’s Curse, un cierre por lo alto para la trilogía de NES que a pesar de regresar jugablemente a sus orígenes, ampliaba el catálogo de personajes controlables y la cantidad de rutas por superar a elección del jugador.

En una era donde la consola portátil por excelencia era el humilde pero poderoso Game Boy original monocromático, Castlevania: The Adventure y Castlevania II: Belmont’s Revenge se adaptaron a dicho medio tanto como les fue posible con las limitaciones, unas que se sienten con mayor fuerza en la actualidad si han de jugarse en Castlevania Anniversary Collection con un televisor HD. Aun cuando se pueden desplegar cualquiera de tres filtros: blanco y negro, paleta sepia tipo Super Game Boy y el verde oliva característico del primer Game Boy. Es una pena que se excluyera Castlevania Legends (1997), tercer y último título para Game Boy que contaba la historia de Sonia Belmont, primera en enfrentar a Drácula hasta que le aplicaron el rayo descanonizador.

Los primeros dos Castlevania para NES ya habían sido recientemente incluidos en las consolas NES Classic Edition, mientras que Super Castlevania IV recibió el mismo tratamiento en SNES Classic Edition. De ahí que dos de las mayores sorpresas en esta colección sean Castlevania: Bloodlines –el nunca antes relanzado exclusivo de Sega Genesis– y Kid Dracula –‘spin-off’ exclusivo japonés para Famicom–, este último ni siquiera canónico y cuya única versión localizada fue la de Game Boy, en realidad secuela reimaginada que sigue siendo una autoparodia de Konami hacia su propiedad intelectual.

No se le puede acusar por ello a la misma compañía desarrolladora de la serie Parodius, pero si iban a meter un título no canónico dentro de una colección Castlevania, por qué no hacerlo entonces con Legends. Lo mismo se puede decir con la oportunidad perdida de resucitar Castlevania: The Adventure ReBirth, un ‘remake’ exclusivo para WiiWare del mismo juego para Game Boy incluido en la colección de aniversario. Título que en la actualidad es imposible de adquirir legalmente debido al cierre de la Wii Shop, parte de una terna de ‘remakes’ compartida con Gradius y Contra, ahora también perdidos en el tiempo.

Independientemente de los omitidos, es una excelente colección de “Classicvania” los que ahora pueden disfrutar por primera vez o volver a jugar los usuarios de consolas actuales. Lo importante es abordarlos como los productos de su época que son, un legado de reliquias de alto valor, y no solo como un vestigio de lo que algún día fue la franquicia antes de que Symphony of the Night se tomara las mentes de los jugadores como el único ejemplo válido de Castlevania. Afirmación irrespetuosa por donde se le vea.

Si hemos de hablar de lo que generó la entrada de Metroid a Castlevania entonces encontraríamos una hexalogía de insuperable nivel dividida entre Game Boy Advance y Nintendo DS. Y si para el fanático acérrimo de Symphony of the Night un “Classicvania” no está al nivel de Koji Igarashi por anticuados y rústicos, entonces que acepte con resiliencia que Castlevania: Aria of Sorrow es el único capaz de quitarle el trono a Drácula e hijo.

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