La franquicia Rhythm Heaven ha estado presente en diversas consolas de Nintendo. Inició para GBA con Rhythm Tengoku (2006, solo Japón), oficialmente en Occidente para DS con Rhythm Heaven (2008), Wii con Rhythm Heaven Fever (2011) y 3DS con el compilatorio Rhythm Heaven Megamix (2015). En Europa, Rhythm Heaven es conocido como Rhythm Paradise, nombre que mantiene en el nuevo Rhythm Heaven Groove para Switch. Este en Japón lleva el título de Rhythm Tengoku: Miracle Stars. De 20 años de existencia de la saga, 11 pasaron sin un juego nuevo. Desarrollado por Nintendo EPD y TNX, este es el primer juego desde que el productor de la serie, Tsunku, perdiera su voz. Ko Takeuchi vuelve a ser el encargado del arte como en WarioWare, franquicia hermana de Rhythm Heaven.

Al igual que en Wii, el hecho de que salga en una consola con controles de movimiento como los Joy-Con de Switch, no significa que los usa de tal forma. El botón A sigue siendo el principal método de entrada tal como en Fever, al igual que las direcciones del pad como izquierda, abajo y derecha, según el minijuego involucrado. Tanto el arte como la diversidad temática de toques bizarros son característicos de la serie de ritmo cercana a WarioWare, por lo que no encontramos una diferencia abismal entre Groove y las cuatro entregas anteriores –más la versión arcade–.
Siguiendo la tradición, tenemos los niveles principales compuestos por columnas de cuatro minijuegos y un remix que cuenta como la prueba final. Al completar el remix del sexto nivel vemos los créditos pero apenas estamos a medio camino, pues los 24 juegos introducidos cuentan como una especie de entrenamiento y en adelante conocemos versiones avanzadas de los mismos, por ende más difíciles. Sin embargo, la dificultad es intrínseca a los niveles básicos, pues no solo se trata de completar un minijuego con puntaje aceptable, sino también ‘excelente’ –que brinda una medalla– o ‘perfecto’ –un corazón sin un solo error–.

Solo de esta forma es posible desbloquear juguetes rítmicos y otras modalidades como una suerte de «batallas RPG de ritmo», clases de batería y juegos por puntos, así como contenido de biblioteca –textos o cómics–, videoteca y fonoteca –temas musicales–. Existe una buena cantidad de contenido secundario a desbloquear en Rhythm Heaven Groove, más allá de los 60 minijuegos totales, recordando que todos los básicos cuentan con dos partes, una estándar y otra avanzada. Una vez terminada la columna del octavo nivel, no acabamos el juego, en su lugar pasamos al mundo del Anverso con otras ocho columnas de niveles desbloqueables progresivamente.
En esta capa opuesta los minijuegos suben su reto, otros continúan y nuevos se integran, pero no se desvían demasiado; mientras que la última columna de nivel está compuesta en su totalidad por remixes, cinco de ellos en total. Por mucho la prueba más dura de perfeccionar en cualquiera de los Rhythm Heaven existentes. Este nuevo juego llevaba varios años de desarrollo antes de su lanzamiento en Switch, de ahí que no se pensara nativamente para Switch 2. El asunto para considerar completarlo no reside en desbloquear todos los 16 niveles principales, que se logra en varios pares de horas. El tema es lograr puntajes perfectos para desbloquear todo el contenido adicional.

¿Pero cómo se sostiene la jugabilidad de Groove frente a ediciones pasadas? Como ya lo mencionamos, al reiterar el uso del botón A y las direcciones del pad no hay pierde en la accesibilidad para aprender los minijuegos. Ahora, otra cosa es que encontraremos minijuegos favoritos y otros… no tanto. Fiel a las raíces de la serie, todos los minijuegos ejecutan a la perfección un ritmo predefinido que es posible seguir incluso sin ver la pantalla, solo escuchando. La vibración en alta definición –o HD Rumble– de los Joy-Con, juegan a favor de Rhythm Heaven Groove.
Está bien que no intentasen jugar a introducir mecánicas extrañas o ajenas a la serie, como en su momento la versión para DS terminaba rayando la pantalla de la consola más de lo habitual. Su mayor potencial, como debe ser, reside en la música de los diferentes artistas reales. Hablando propiamente de los minijuegos, algunos como ‘Croa y salta’ (ranas saltarinas), ‘Laborapop’ (como explotar plástico de burbujas), ‘Baile relámpago’ (teletransportación anti-rayos), ‘Pases por donde pases’ (entrenamiento de fútbol), son lo bastante satisfactoriamente rítmicos para jugar una y otra vez.

No así otros como ‘Estornudo lunar’, ‘Codeografía’, ‘Red de insectos’, ‘Control de flanidad’ o ‘Barrestrellas’, que pueden llegar a ser realmente exasperantes. Sí, al final del día todo depende de la habilidad del jugador y entre gustos los colores, o minijuegos en este caso. A pesar de como se desenvuelven algunas de estas pruebas rítmicas, no podemos negar la originalidad de sus propuestas tan extrañas como desde sus inicios. Además de compartir más que el ADN de WarioWare, pues algunos de sus personajes hacen cameos de fondo que quizás no lleguemos a darnos cuenta al estar concentrados acertando el ritmo.
Del mismo modo que en Tomodachi Life: Living the Dream, el juego tiene voces sintetizadas del idioma que presente la consola, que explican los minijuegos o diferentes descripciones. En lo personal es mejor desactivarlas, pero depende de las preferencias individuales. En el caso del multijugador, Rhythm Heaven Groove es uno de los pocos lanzamientos actuales en Switch que permiten hasta a cuatro jugadores en modalidad local sin necesidad de consolas o juegos extra. Cada jugador puede usar un solo Joy-Con gracias a la simplicidad de los controles, a través de 10 minijuegos que van tan atrás como hasta los ‘Vellos vegetales’ de Rhythm Tengoku.






Como suele ocurrir con los multijugadores locales de Nintendo, Rhythm Heaven Groove es altamente recomendable y de fácil acceso para todas las edades. Incluso un poco más disfrutable que los niveles avanzados del modo solitario. El juego constantemente recuerda al usuario tomar pausas de lo estresante que puede resultar fallar en perfeccionar una partida avanzada, pero como buenos jugadores raramente le hacemos caso. Para descansar también está la cafetería y la juguería, pero no cumplen mayor función más allá de unas frases y hasta una rara historia de un perro convertido en humano y nuevamente en perro. Entre los juegos por puntos hay una especie de concurso que se lleva las palmas, literalmente.
Tal vez Rhythm Heaven Groove en Nintendo Switch haya tardado más de lo normal para tan básica premisa de juego –incluso después de dos WarioWare exclusivos–, pero lo positivo es que Nintendo y TNX no dejasen esta importante saga musical en el olvido para generar algo de reto a los usuarios de la primera consola híbrida. Incluso si eso significa que puede llegar a ser el último ‘first party’ de Nintendo en dicho sistema a favor de seguir impulsando Switch 2, del que no creemos que necesite una versión nativa porque gráficamente es innecesaria y al fin y al cabo es retrocompatible.
Reseña hecha con una copia digital de Rhythm Heaven Groove para Nintendo Switch brindada por Nintendo of America.



