Es una gran casualidad que dos nuevos juegos de acción y plataformas en 2D —ambos pertenecientes a legendarias sagas de ninja que comenzaron en los años 80— hayan salido con menos de un mes de diferencia entre ellos. Eso anima a hacer comparaciones, pero la verdad es que Ninja Gaiden Ragebound y Shinobi: Art of Vengeance (al que pertenece esta reseña) son muy diferentes entre sí. A pesar de ser protagonizados por un ninja y tener un sabor ‘retro’, sus filosofías en diseño de niveles, combate y hasta en historia son casi opuestas.
Mientras que el juego de Game Kitchen consta de niveles lineales y enemigos que en su mayoría mueren de un solo golpe, la obra de Lizardcube tiene niveles con mapeados complejos y enemigos que debemos derrotar con largos combos. Aunque personalmente me gustó un poco más el nuevo Ninja Gaiden en 2D —pueden leer mi reseña aquí— esta nueva versión de Shinobi es absolutamente fantástica.
Ahora que terminé con las incómodas comparaciones, puedo hablar tranquilamente de este título de Sega y LizardCube.
A pesar de ser la treceava entrega de esta franquicia, no tienen que preocuparse por haber jugado ninguno de los anteriores juegos. Hace algunas referencias a los clásicos, pero es una historia contenida que no requiere conocer nada sobre el legendario shinobi Joe Musashi ni el clan ninja Oboro. En esta ocasión el clan es diezmado por una poderosa organización llamada ENE Corporation, que lo ve como la única amenaza contra su plan de dominación mundial. Siendo uno de los pocos sobrevivientes, Joe emprende una misión de venganza contra el líder de la malvada corporación: el misterioso Lord Ruse.
He visto que algunos describen a Shinobi: Art of Vengeance como un metroidvania, pero ese no es el caso. El juego está dividido en niveles y aunque los mapeados dan vueltas sobre sí mismos y tienen secretos que solo pueden ser conseguidos por habilidades que obtenemos más adelante, no están conectados entre sí y no requieren de exploración para avanzar. Solo aquellos que estén empeñados en encontrar todos los coleccionables y retos escondidos tendrán que regresar a los niveles anteriores.
Hablando de niveles, tengo que celebrar lo variados que son. Aunque no faltan los laboratorios secretos y ciudades ciberpunk, tenemos escenarios muy originales como un mercado de pescado en un puerto, un festival lleno de faroles y el interior de un ‘kaiju’. El arte es precioso y me encanta el estilo ‘manga’ con el que están hechos los retratos de los personajes. Con la excepción de algunos jefes que resultan excelentes, los enemigos no destacan tanto a nivel visual. Usan tropos muy conocidos y aunque hay variedad entre ellos, al final comienzan a sentirse repetitivos.




La música es muy buena, aunque peca por ser demasiado familiar. Solo hay que escuchar la que acompaña el nivel del desierto o la de selección de nivel para darse cuenta que caen en muchos clichés.
Pasemos al tema de la jugabilidad, que es donde Shinobi: Art of Vengeance realmente brilla. Podemos combinar golpes rápidos, ataques fuertes, habilidades ninja (‘ninpo’) y arrojar kunai para realizar diferentes clases de combos con diferentes objetivos. Algunos de los movimientos aumentan el aturdimiento de los enemigos y si llenamos esa barra, podemos realizar una ejecución especial que hace que suelten más recursos (dinero, kunai, salud). Es posible aturdir a varios enemigos en pantalla para así eliminarlos a todos de una sola ejecución, lo que resulta extremadamente satisfactorio.
A medida que avanzamos encontramos complicaciones como enemigos con armadura y otros capaces de sanar a sus aliados. Tenemos que pensar muy bien qué habilidades y combos usar para diferentes combinaciones de enemigos, lo que exige un buen nivel de estrategia y reflejos. Los combates más complicados nos van a hacer sufrir y replantearnos nuestro plan. También podemos equipar diferentes habilidades pasivas que son útiles en diferentes circunstancias.

La curva de dificultad es muy buena y aumenta poco a poco, pero en los últimos niveles puede llegar a ser desesperante. No hay un sistema de vidas, pero al ser eliminados regresamos al último punto de control y en algunos casos eso significa varios minutos “perdidos” (en algunos casos habremos activado atajos que no lo hacen tan grave). Los enemigos no son el único peligro, pues los retos de plataformas no se quedan atrás.
Cuando no estamos peleando, estamos saltando. Shinobi: Art of Vengeance también tiene muchas secuencias en las que tenemos que controlar al buen Joe entre pequeñas plataformas mientras evadimos peligros y enemigos. Desde un comienzo tenemos un doble salto, la capacidad de ‘correr’ en el aire y rebotar en las paredes, lo que permite movernos con mucha agilidad. Más adelante ganamos la habilidad de escalar algunas paredes y techos, un gancho para arrojarnos hacia algunos puntos y hasta usar un planeador para caer lentamente. Estas secciones están muy bien diseñadas, pero el salto no es tan preciso como debería y en algunas ocasiones puede resultar un poco complicado calcular bien una caída. Tampoco ayuda que el juego sufre ralentizaciones en mi PS5 base. Estas hacen difícil el control en los momentos más intensos, sobre todo en niveles con muchos efectos visuales como ‘El Kaiju’. Espero que esto sea solucionado con un parche en los primeros días de vida del juego.
La historia es otro elemento que no me convenció del todo. La historia de venganza contra una corporación que busca dominar el mundo es bastante genérica y aunque tiene algunos elementos que le dan algo de sabor —hay un momento en que la misma Parca se involucra en la trama— nunca se vuelve interesante. La estética combina elementos tradicionales y mitológicos de Japón con alta tecnología y algunos detalles de ciberpunk y biopunk, pero la narrativa no aprovecha para nada esta genial mezcla que en ocasiones me recordaba los excelentes OVAs de ‘anime’ ochenteros. Los diálogos sirven para poco más que ponernos en situación y resulta muy gracioso que el protagonista solo se comunique con gruñidos.

Sigo fascinado por esa tendencia de la cultura pop de convertir a los ninja en máquinas asesinas que enfrentan directamente a cientos de enemigos en lugar de ser los asesinos silenciosos que se supone que eran. El tono ciberpunk de ciertos niveles del juego también me hizo pensar mucho en el cliché de los ciberninja, aunque Joe Musashi sea de carne y hueso, sin piezas electrónicas.
Me hubiera gustado que Shinobi: Art of Vengeance tuviera un objetivo de diseño más claro. Ojalá hubiera decidido ser un metroidvania puro o hubiera abandonado por completo las pretensiones de serlo. Regresar a los niveles anteriores en busca de objetos opcionales se siente un poco desconectado del resto de la experiencia. Pero eso no es realmente un problema que haga el juego menos disfrutable. Está lleno de satisfactorias secuencias de plataformas, combates emocionantes y nos lleva de visita por escenarios muy bellos. Todo eso hizo que ya lo tenga en mi lista de juegos favoritos de este año.
No importa si son veteranos de esta saga de Sega o si es la primera vez que conocen el nombre de Shinobi, esta es una excelente opción para todos los amantes de la acción 2D…. esta o Ninja Gaiden Ragebound, que también es excelente.
Reseña hecha con una copia digital de Shinobi: Art of Vengeance para PS5 provista por Sega. Este juego también está disponible para PS4, Xbox One, Xbox Series X|S, Nintendo Switch y para PC mediante Steam.



