Mis primeras horas con Slitterhead no fueron exactamente agradables. Cometí el error de esperar un juego AAA y no pude evitar enfocarme los gráficos mediocres, sentirme confundido con su narrativa de saltos en el tiempo, sus extrañas decisiones de jugabilidad y en la falta de voces. Estaba seguro que este no iba a ser un buen juego… pero algo curioso ocurrió con el paso de las horas. Empecé a entender la lógica de sus mecánicas, a admirar las arriesgadas decisiones que toma y a disfrutar la experiencia.
Al tratarse de una obra producida por Keiichiro Toyama —director y escritor del primer Silent Hill— con música de Akira Yamaoka, muchos estaban esperando un título que fuera a revolucionar el género del horror. Esta no es esa clase de juego. Lo que sí puedo decir es que es una experiencia con muchos problemas pero supremamente interesante que definitivamente se convertirá en un clásico de culto.
Slitterhead parece un juego de PS2. Eso parece un insulto refiriéndose a la calidad de sus gráficos —que lucen como si fueran de una generación muy anterior— y a la falta de elementos comunes en los videojuegos de hoy en día como la actuación de voz. Pero en realidad es algo que digo con el mayor cariño y admiración posible. Durante el reinado del PlayStation 2 gozamos de una cantidad increíble de juegos originales que se atrevieron a experimentar con nuevas ideas y estilos. Los resultados no siempre fueron los mejores, pero gracias a eso tuvimos muchos títulos interesantes. El mismo Toyama participó en uno de esos curiosos experimentos: Forbidden Siren.
El juego debut de Bokeh Game Studio tiene bastante en común con ese irregular pero intrigante juego de terror. En ambos hay momentos en que podemos ver a través de los ojos de los enemigos y saltar en la línea de tiempo para experimentar momentos ya vividos en circunstancias variadas. También tiene zonas con un fuerte enfoque en el sigilo y cierta inspiración en las leyendas de Asia oriental.
Pero me estoy adelantando. ¿De qué se trata Slitterhead? Este es un juego de acción en el que controlamos a una especie de “espíritu” que tiene la capacidad de saltar de cuerpo en cuerpo. No recuerda nada diferente a su misión, la cual es eliminar a todos los ‘Engullidores’, bizarros monstruos que toman apariencia humana y se alimentan de cerebros.

Los Engullidores son criaturas grotescas que emergen como formas retorcidas reemplazando la cabeza de su huésped al más puro estilo de Resident Evil 4. Si deciden mostrarse en su verdadera forma, pueden parecer insectos o criaturas de mar gigantes. Los cuerpos que poseemos para luchar tienen la capacidad de crear armas con su propia sangre y algunos —llamados singularidades— adquieren características especiales que los vuelven más fuertes. Incluso pueden utilizar poderes.
El juego tiene una estructura por misiones. Antes de entrar a cada una de estas podemos conversar con las singularidades para descubrir más sobre la trama y sus personajes, subir de nivel sus habilidades y decidir a cuáles vamos a llevar en la siguiente misión. De esta decisión también dependen las habilidades que tendrán los civiles que poseamos en el camino y se pueden crear sinergias interesantes.
Cuando estamos cazando Engullidores debemos superar zonas de sigilo e infiltración saltando de cuerpo en cuerpo, perseguirlos si tratan de huir y enfrentarlos en combates intensos en los que la habilidad de saltar de cuerpo en cuerpo se aprovecha al máximo. Estas peleas usan un agradable sistema de “parries” y resultan tan entretenidas como estratégicas. Por supuesto, no podemos escapar de la maldición que tienen muchos juegos con la cámara y si tenemos la mala suerte de vernos acorralados en una esquina, perdemos de vista la acción mientras los enemigos nos destrozan.




Slitterhead se siente como un juego atrapado en el pasado. Sus gráficos, sin decir que sean malos, se están entre el realismo y el estilo ‘CGI anime’ con una calidad apta para una consola de la sexta generación. Lo único que los diferencia con un juego de hace 20 años es que están en alta resolución.
Y sin embargo, tiene cierta belleza. Las calles de Kowlon —apropiadamente inspiradas en la ciudad amurallada de Kowloon— se destacan por miles de detalles que realmente la hacen sentir como un barrio de clase baja controlado por el crimen. Caminamos entre borrachos, pordioseros y prostitutas mientras observamos a las personas mal vestidas seguir con su vida.
Aunque el juego no hace referencia directa a la pobreza y la difícil situación en que vive la gente sin privilegios, sí hay un claro subtexto sobre la forma en que el mundo ve a los pobres y desposeídos como desechables. Usamos a las personas que encontramos como simples herramientas y las dejamos morir si nos conviene — incluso podemos convertirlas en bombas para arrojarlas contra los enemigos. Este mensaje comienza a calar más hondo cuando descubrimos que los Engullidores que cazamos son algo muy diferente a lo que creíamos inicialmente.

Entre las singularidades que controlamos se encuentran toda clase de personas: desde prostitutas, ancianos y mendigos hasta doctores y policías. Cuando hablamos con ellos descubrimos diferentes formas de ver enfrentar el mundo que a veces chocan entre sí. Mientras que algunas de ellas quieren acabar con los Engullidores a como dé lugar, otras quieren buscar salidas menos violentas al conflicto. Unas le dan la bienvenida al espíritu y el poder que les da, mientras otras lo aceptan a regañadientes.
Algunas de estas singularidades son “secretas” y es posible completar un nivel sin unirlas a nuestro equipo, pero más adelante nos enteramos que tenemos que conseguirlas para avanzar en la trama. Este es un elemento que Slitterhead heredó de Forbidden Siren y que probablemente será uno de sus aspectos más controversiales: es necesario repetir niveles múltiples veces y aunque en ocasiones cambian las cosas, la experiencia no evoluciona mucho.
Muchos de estos niveles a los que tenemos que volver una y otra vez pueden ser un poco laberínticos. Aunque eventualmente terminemos aprendiendo sus rutas, se vuelven tediosos y repetitivos. Lo peor de todo es tener que repetir las secuencias de sigilo. La posesión de cuerpos y usar el espíritu para explorar hacen que estos momentos sean algo novedosos en comparación con las docenas de títulos que usan mecánicas similares, pero no es suficiente para hacer tolerables lo lentas que pueden ser. Todo esto se siente como relleno en un juego que no necesita ser tan largo como finalmente es.




Otro «problema» que tiene y que unos serán más capaces de ignorar que otros es su «lógica de videojuego». Los civiles apenas reaccionan a las persecuciones de monstruos, aparecen por arte de magia en medio de una arena de combate y se desvanecen en el aíre cuando termina. El juego trata de justificar situaciones como la calma de las calles en medio lo que es una guerra abierta contra monstruos diciendo que «el gobierno lo está ocultando todo», pero aún así hay cosas que resultan demasiado inverosímiles incluso para una trama tan exagerada como esta.
Jugar Slitterhead se siente como un viaje a otra época o a una dimensión alterna en que las tendencias de diseño de videojuegos siguieron un rumbo muy diferente. La ausencia de voces, la forma en que dialogamos con los personajes entre misiones, los enrevesados mapeados, la bizarra historia y combinación de estilos crean algo realmente único con piezas sueltas de diferentes géneros y ensambladas de formas inesperadas. No me cabe duda que muchas personas lo van a odiar porque no se podrán acostumbrar a sus extrañas filosofías mecánicas y narrativas. Otros, como yo y tal vez ustedes, encontraremos una obra fascinante que no podremos soltar pese a sus múltiples defectos.
Reseña hecha con una copia digital de Slitterhead para PS5 brindada por Bokeh Game Studios. Este juego también está disponible para PS4, Xbox One, Series X|S y para PC mediante Steam y Epic Games Store.



