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The Last of Us nos muestra como somos [Parte I]

La relación paternal entre Joel y Ellie junto a la manera en que terminan representando ambos polos del jugador.

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Digerir la historia de The Last of Us es quizás el mismo sentimiento que nos genera la experiencia de un viaje. Disfrutamos el recorrido con lujo de detalles, sabemos que llegará a su final pero eso mismo no es motivo de victoria, solo la culminación de un necesario proceso bajo la autoría del implacable tiempo.

Ahora traslademos eso mismo en el contexto de nuestra vida mortal y descubriremos exactamente lo mismo, siendo cada día una parte del recorrido y el final del viaje la misma sensación que dejar de respirar, el fin del juego. Cada día en nuestras monótonas vidas es solo uno más que logramos sobrevivir a los incontables peligros que nos rodean, somos susceptibles a cientos de maneras de morir. Somos supervivientes.

Y en esa humanidad no podríamos estar más identificados.

La culpabilidad del padre, la inocencia de la hija

Neil Druckmann es un tipo afortunado. No solo por ser el director creativo y escritor de uno de los títulos modernos más relevantes, sino por encontrar a los únicos actores capaces de transmitir las emociones premeditadas en sus letras: Troy Baker y Ashley Johnson. Estos dos son el alma del juego, son el tren de la historia, son quienes le dan a Joel y Ellie el verdadero significado en su paternal relación. No tomamos el papel de un soldado o personaje heroico, simplemente nos ponemos en los zapatos de personas como nosotros.

Joel no es un hombre fácil, como lo demuestra el prólogo en Texas justo antes de que la infección cerebral del Cordyceps estallara. Su hija Sarah es el claro motor de su existencia, quien a la vez se preocupa por él. De la madre de Sarah, además de que tuvo a la niña a una edad muy joven junto a Joel y estuvieron casados, no se sabe nada más, por lo que básicamente es la vida de un padre soltero quien lucha cada día por cuidar a su hija, como cualquier buen padre haría.

Es una relación fuerte la de Joel y Sarah, y al tener la corta oportunidad de ponernos en los zapatos de la pequeña se puede sentir el lazo más estrecho. Joel es capaz de lo inimaginable, como disparar a su infectado vecino para proteger a Sarah, es lo que cualquiera de nosotros haría de una manera cuerda en una situación similar.

Ese es el punto exacto donde los personajes de The Last of Us logran comprometerse y comprometer al jugador de una manera emocional, donde le dan ese empujón para avanzar a pesar de perderlo todo, como en el caso de Joel. El dolor de la pérdida de un hijo para un padre no tiene comparación, y para Joel no solo se trata de lidiar con eso, sino con un mundo que prácticamente se va a la ruina.

La historia da un abrupto salto de 20 años tras la muerte de Sarah, no sabemos lo que ha sido en dos décadas de Joel y su hermano Tommy, solo que toman caminos separados, pero el mundo a su alrededor se ha desmoronado de manera vertiginosa y nos señala algunas pistas. Las grandes ciudades son ahora zonas de cuarentena militarizadas, los infectados yacen en lugares abandonados que pocos osan recorrer, y los sobrevivientes establecen comunidades carroñeras que solo buscan cazar a los más débiles para su propio beneficio.

Parecería un concepto que hemos visto en la cadena alimenticia por cientos de años, solo que en ese ámbito los humanos logran convertirlo en excusa válida para cometer toda clase de atrocidades, que realmente no se alejan mucho de nuestra realidad actual. Joel lo menciona, ha estado en ambos bandos, ha luchado como mercenario por un plato de subsistencia y ha acabado con las vidas de otros similares a él. Es bien sabido que un hombre sin nada que perder puede cruzar los límites de una manera mucho más desenfrenada, sin sentimientos de culpa, pero claramente a Joel lo atormenta la culpabilidad, aquella de haber perdido a Sarah, su motivación para vivir.

Es justo en ese momento de desesperanza y desasosiego cuando la vida puede mostrar su respuesta de la forma más humilde imaginada.

No me digas que estaré segura con alguien más

Nacida tan solo seis años después del brote del Cordyceps, Ellie nunca conoció ni fue corrompida por los males ordinarios de la sociedad moderna (como el consumismo), llegando de esa manera a una notable madurez a muy temprana edad. Gran parte de su niñez le fue negada por el desolado mundo que la vio nacer, así que a pesar de la fortaleza que la define, su inocencia es algo que definitivamente conserva.

Con una buena cantidad de tiempo recluida en zonas de cuarentena, es solo hasta el momento de conocer a Joel en Boston que le es presentado el verdadero mundo a Ellie. Ella estuvo protegida durante toda su vida por la amiga de su madre, lo cual no evito que conociera parte del antiguo mundo gracias a su cercana amistad con Riley. Sin embargo, y aunque la muerte de Riley le enseñara que la gran mayoría de personas en relación con ella tendían a morir o desaparecer, es hasta que explora la derrumbada civilización que cuestiona las banales costumbres que acompañaban a la humanidad antes de su decadencia definitiva.

Esa inocencia es una de sus armas más fuertes, pero nunca confundida con ignorancia alguna, pues al final Ellie resulta ser más lista que cualquier otro adulto. Ella nació, creció, sobrevivió en un mundo hecho pedazos, esa es su realidad, no aquella del pasado llena de estrellas de cine, modelos delgadas o revistas para adultos. Y es este detalle en verdad, el que separa a Sarah de Ellie, aunque esta última sea en el fondo una constante reminiscencia a Joel de poder hacer mejor las cosas, una oportunidad de redención.

Ellie emprende una especie de recorrido introspectivo con Joel mientras cruzan una buena porción de Estados Unidos. Pasando por Massachusetts y conociendo a un precavido Bill, que en medio de todo es la poca cordura que le resta a la civilización. Es posteriormente en Pennsylvania que descubre una nueva fuerza interior, que la lleva a actuar tal como lo hizo Joel para proteger a Sarah, pero sin motivo de infección. Ellie le quita la vida a una persona no infectada.

El simple jalón del gatillo cambia todo el panorama que hasta el momento definía la relación entre extraños que tenían Joel y Ellie. Antes solo eran un mensajero y su paquete, ahora compañeros de guardia. Los infectados claro que eran peligrosos, pero los humanos carroñeros se convertían en el peor obstáculo para la pareja, al punto que ya no importaba si el enemigo tenía o no el virus con él, de cualquier forma era una amenaza.

–Continúa en: Parte 2–

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