The Outer Worlds, desarrollado por Obsidian Entertainment, nació como el RPG de acción que venía a llenar el hueco que dejó Fallout: New Vegas en los fanáticos. Ahora, dos años y medio después del lanzamiento de la primera entrega, desarrollado por Obsidian Entertainment —alejado ya del fantasma de Fallout— tiene la misión de consolidar su estilo y universo con una nueva entrega. Así que en nuestra reseña de The Outer Worlds 2, les contaremos si el universo de Obsidian puede brillar con luz propia o si sigue siendo una sombra de lo que fue —para algunos— el mejor Fallout hasta la fecha.
Los nuevos otros mundos se sienten como los primeros
The Outer Worlds 2 se ambienta en una realidad donde el capitalismo, la religión y el autoritarismo se han llevado a extremos caricaturescos. La historia sitúa al jugador, conocido como el “Comandante”, como un agente de la Dirección Terrestre, una facción que pregona justicia y orden. Tras pasar aproximadamente una década congelado en una cápsula, el protagonista despierta para encontrarse en el sistema Arcadia, un conjunto de colonias humanas que desde un inicio se siente más grande, más extraño y más habitado que el sistema donde se desarrolló la historia del juego original.

En Arcadia, el conflicto principal se centra en una serie de misteriosas “grietas” que amenazan con aniquilar todo el sistema. Nuestra misión es, oficialmente, gestionar la crisis: mediar la paz entre las facciones en guerra o evitar el colapso total, todo esto mientras interactuamos con todo tipo de personajes que cuentan con sus propias agendas. Como es costumbre en esta clase de títulos, la campaña no impone un único arco moral, lo cual le brinda al jugador la libertada de elegir sus caminos y consecuencias impactantes con efectos devastadores en los mundos que visitamos.
En The Outer Worlds 2, las decisiones son absolutas

Las facciones principales —Auntie’s Choice, La orden y El protectorado— están diseñadas como espejos exagerados de ideologías políticas y económicas contemporáneas. Auntie’s Choice, no es solo un arquetipo capitalista, sino un claro ejemplo de explotación brutal. Ya que, los soldados ven cada bala descontada de su irrisorio sueldo, lo cual sirve como un recurso eficaz de comedia de situación macabra. Por otro lado, La orden, con su fe en “La Ecuación Absoluta”, presenta un extremismo intelectualmente.
Su obsesión por resolver un evento teórico de destrucción masiva les ciega ante el sufrimiento tangible de los refugiados en el presente. Finalmente, El protectorado cumple el rol de monarquía colectivista autoritaria, o mejor dicho el “villano genérico y unidimensionalidad” de esta historia. A pesar de que el jugador tiene estas tres opciones, la comedia diluye la complejidad moral. Esto debido a que muchas veces el jugador —si quiere hacer una run heroica y correcta— es empujado a la risa antes que a un dilema que ponga a su moral en juego.

La estructura de misiones es quizás el punto más discutible de The Outer Worlds 2. Esto debido a que gran parte de estas son bastante repetitivas o que las misiones principales a veces carecen del carisma que las secundarias sí tienen. Sumado a esto, el diseño de antagonistas —si lo comparamos a lo cuidado que está la estructura de cada facción— es bastante débil. En contraste, los compañeros que reclutamos en la aventura se sienten mejor estructurados. Algunos de estos tienen líneas de diálogo interesantes y misiones personales memorables.
Habilidades y defectos, una balanza presente en casi todos los aspectos del juego

En The Outer Worlds 2 la progresión de nuestro personaje es profunda y con una gran variedad de opciones. Si bien centrarse solo en la persuasión o infiltración, puede tornar el juego “fácil” la historia constantemente, nos revela caminos u opciones solamente alcanzables con otro tipo de aptitudes o especialidades. Esto genera la rejugabilidad y exploración del universo creado por Obsidian. Esto se refuerza con la progresión inmutable, la cual exige a los jugadores que “vivan con sus decisiones”. Ya que, en The Outer Worlds 2 no existe la opción de restablecer la build de nuestro personaje. Sin embargo, esto choca de frente con la restricción del límite de nivel 30.
Una vez se alcance el techo, la experiencia recolectada deja de contribuir al crecimiento del personaje. Gracias a esto, el ciclo de riesgo y recompensa transforma el combate en una actividad con poco propósito. Afortunadamente, la exploración —la cual se ve enriquecida por las habilidades de persuasión, imaginería o hackeo— cumple con brindarle al jugador esa sensación de aventura constante. Eso sí, ya en la estructura de los niveles se premia la observación y la elocuencia verbal. Esto debido a que constantemente nos vemos obligados a rastrear pistas y hasta utilizar datos de terminales en las conversaciones.
Como contrapeso, The Outer Worlds 2 nos presenta los defectos opcionales. Estas son características negativas que nuestro personaje adquirirá durante la partida. Como, por ejemplo, hacer un uso excesivo de caminar agachado para el sigilo hará que obtengamos un defecto. Este hará que cuando nos paremos —luego de estar agachados— las rodillas del personaje hagan un sonido que puede alertar a los enemigos cercanos. Otros defectos, como el que “ganamos” por comprar de manera compulsiva —a pesar de querer hacer una crítica al consumismo— no tienen un impacto significativo y terminan siendo un vehículo para desbloquear conversaciones —que en algunos casos— carecen de importancia o relevancia para la historia principal.

Este mismo balance entre puntos positivos y negativos se mantienen también en el diseño de niveles. Por un lado, las áreas cerradas —instalaciones de entrenamiento o naves espaciales— son cuentan con un diseño destacable. Estos espacios cuentan con rutas alternativas y acertijos que explotan el sistema de habilidades. Por otro lado, la exploración de mundo abierto es simplemente aburridora. Esto debido a la gran cantidad de “campos o llanuras vacías”. Esta inconsistencia se extiende al sistema de combate y equipamiento.
En The Outer Worlds 2 tendremos acceso a pistolas, rifles, armas pesadas y científicas. Sin embargo, en el apartado sonoro las armas carecen de la potencia necesaria para ir en línea con lo que se ve en pantalla. La progresión de equipo y mejora de armas reafirma la progresión inmutable, Ya que, las armas poseen un número limitado de entre dos o tres de ranuras de mejora, esto hace que incluso la elección del arma sea importante y vaya acorde nuestra personalidad y estilo de juego.





En cuanto al aspecto gráfico, The Outer Worlds 2 no destaca por ser un pilar técnico de esta generación. Así que, ya de entrada, no nos tendremos que preocupar por el desempeño del juego. Nosotros, lo jugamos tanto en PC —gracias a que el título es Xbox Play Anywhere— cómo en Xbox Series S. En esta última, el rendimiento del juego solo disminuía en algunos de los espacios abiertos. Afortunadamente, la mayor parte de la acción ocurre en ambientes más cerrados y controlados. A nivel artístico, el estilo western espacial impregna cada rincón del juego y se alinea de manera perfecta con la narrativa que propone Obsidian. En contraste, la banda sonora —a pesar de no ser mala— no destaca acentuando el peso emocional en las actuaciones de voz.
Reseña hecha con una copia digital para Xbox Series de The Outer Worlds 2 provista por Xbox Colombia. El juego también está disponible para PC y PlayStation 5.



