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Untitled Goose Game – Reseña

Parece ganso y se mueve como ganso. Debe ser el misántropo más carismático en la historia de la humanidad.

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Existen muchos títulos independientes en el mercado hechos con el motor Unity, caracterizados por su arte en 2D con colores planos, bajos polígonos y modelos 3D sin texturas. Sobresalir en este aspecto no es lo primordial, razón por la que los estudios jóvenes deben apelar a ideas sacadas de cualquier pozo que no sea el de los géneros corrientes.

House House es uno de esos estudios, conformado únicamente por cuatro personas y ubicado en Melbourne, Australia. Untitled Goose Game es tan solo su segundo proyecto e incluso éste es apoyado por la organización gubernamental Film Victoria. ¿De qué forma podrían proponer un juego de minimalismo visual ambientado en un espacio 3D abierto y que fuese atractivo al público? Poniendo a un ganso como protagonista.

Aquello de animales domésticos que saltan al estrellato provocando el caos y fastidiando a los humanos no es ajeno a la industria, si recordamos Goat Simulator y las diferentes expansiones que le siguieron. Pero la naturaleza no se queda corta en animales que nos quieren lejos de su hábitat y acabar con el nuestro, así que pasar de controlar una cabra a un ave no podía adaptarse mejor, en especial por lo grato y natural que resulta controlar al susodicho ganso.

Un día cualquiera, nuestro ganso estelar se aburre de su nido y decide probar suerte en el humedal cercano, rodeado por una aparentemente pacífica villa inglesa. Sus residentes se encargan de las labores diarias; el jardinero cosecha sus vegetales, la vendedora de garaje pone todos sus productos en orden, un niño se distrae jugando con un balón y un avión de juguete, una artista se dedica a su labor en el patio de la casa y otro hombre mayor se relaja leyendo el periódico.

No hay villanos, ni siquiera una historia que contar, solo la simple rutina de la vida diaria en un barrio tranquilo. Excepto por el ganso, a quien como jugadores con toda la libertad le damos vida para fastidiar la de los acomodados humanos. Pese a la falta de un argumento principal, el juego no solo trata de caminar o nadar por ahí como ganso, graznando y batiendo las alas. La motivación en la mente del ave que tenemos a cargo es la de un ladrón y bromista sin razón alguna.

Al iniciar o desbloquear una nueva área del vecindario, se nos habilita una lista de tareas que debemos cumplir en un orden cualquiera para poder desplazarnos a otras zonas y causar estragos, debido a los cuales progresivamente los habitantes van viendo cómo el ganso es un verdadero peligro para la sociedad y se rinden al mismo, poniendo carteles donde prohíben su presencia. Todo un insulto al rey ganso.

La naturalidad con la que se mueve el ave misántropa es donde se nota que House House puso más esfuerzo, pues aunque los controles son sencillos, caminar, correr, agacharse y nadar son reflejados como si fuesen acciones autónomas reales, y eso mismo es lo que desencaja en situaciones francamente jocosas. Poniéndonos en las patas del ganso, comprendemos sin explicación alguna que batir las alas se hace como forma de amenazante arrogancia ante plebeyos humanos, sin que esto sea necesario o afecte directamente la jugabilidad.

Por su parte, el ambiente de la villa se acompaña de algunas notas en piano que reaccionan al actuar de los humanos con el ganso, dotándole de mayores momentos pasivos que no requieren acordes musicales o composiciones ostentosas. La música actúa con el mismo desparpajo que nuestro protagonista emplumado, solo cuando es menester y en ocasiones imprevista para tomar por sorpresa. En un producto como Untitled Goose Game, con secciones de sigilo y podría decirse “puzles”, que no se abuse del aspecto sonoro es preciso.

Aquello del sigilo aplica porque en buena parte de los objetivos por cumplir de un área debemos recolectar ciertos objetos de la lista repartidos en algún rincón, bien sea propiedad de algún humano o que están simplemente por ahí. Mientras los segundos se obtienen con explorar un poco, para los primeros debemos engañar a los humanos e incitarlos a cometer otras acciones para despistarlos y así robarlos saliendo impune. Cual político colombiano.

La inteligencia artificial de estos no es que se esfuerce mucho, pues su rutina consta de movimientos automatizados reminiscentes a los de un personaje en la saga The Sims, en el sentido que sobre su cabeza aparece un globo con el objeto en el que está interesado y paso siguiente procede a recogerlo o buscarlo, si es que lo hemos escondido. Poder tomar una buena cantidad de objetos cotidianos no muy pesados con el pico del ganso es quizás la mayor herramienta que se nos regala. Sin embargo, el guardado automático no conserva la ubicación de nuestro desorden provocado y los objetos vuelven a su lugar original al retomar el juego.

El único instante en el que el ganso se ve perseguido por un humano es cuando toma un objeto que le pertenece y es visto por aquel propietario, quien procede a corretearlo y usualmente lo alcanza hasta reclamar el objeto de vuelta. De ahí que sea necesario el sigilo del ave para robar y ocultarse –u ocultar el producto– en algún matorral u otro espacio no visitado por los residentes. Lo curioso de todo es que a pesar del caos generado, en ningún momento el ganso se ve amenazado de muerte por los humanos, nunca corre peligro mortal más allá del espanto. No hay maltrato animal y entendemos muy bien el razonamiento detrás de ello.

Aquello de las secciones de puzles en la lista de objetivos es porque no se dan muchas pistas para completar tales tareas, debido a la misma libertad de espacio abierto, limitado pero suficiente en el campo de juego. Estos tienen que ver con cosas como hacer que el jardinero se ponga su sombrero para el sol, romper la escoba de la vendedora, hacer que un niño se ponga unos lentes que no son suyos o hasta salir en televisión. Para cumplir tales mandados y muchos otros hay que pensar un poco ‘fuera de la caja’ y buscar la solución o posibles soluciones, en ciertos casos.

El ensayo y error hace parte de la diversión. Como ya se mencionó, nunca hay verdadero peligro que cause un fin del juego. Pero de no cumplirse las tareas enlistadas no se expande el terreno por explorar en el modo único de libre albedrío, y de tal forma rápidamente se agotaría el interés por el ganso fastidioso.

Aun así, a veces graznar y batir las alas es todo lo que necesitamos para sentirnos como verdaderas figuras de poder en un mundo virtual.

Untitled Goose Game
8.1/10 Nota
Lo que nos gustó
-Alta accesibilidad de control.
-Los diferentes objetivos son intuitivos.
-No necesita esforzarse en integrar una historia ni explicar las motivaciones del ganso.
-Campo explorable que se va abriendo progresivamente, sin afanes.
-Humor integral. HONK!
Lo que no nos gustó
-La inteligencia artificial de los humanos podría ser menos robotizada.
-Reinicio de posición de los objetos (robados, escondidos) con cada partida retomada.
En resumen
Untitled Goose Game es un juego que no alardea de ser pretencioso pero que desde su no convencional título vende la idea que lo es. Y lo es, vaya que lo es. Pocos imaginarían que detrás de la figura de un anónimo ganso aburrido con su plumífera vida salvaje, se esconde un anarquista sediento de ver sufrir a los humanos, un agente del caos, un caballero alado oscuro. Es tan maravilloso como suena e incluso algo más entre la simplicidad que le rodea, poniéndole picante a lo ordinario, burla a lo gruñón y sapiencia de ave que podría pasar como real. ¿Podría ser un ganso misántropo considerado juego del año? Con esa forma de hacernos suspender la incredulidad, ¿por qué no?

Reseña hecha con una copia digital de Untitled Goose Game para Nintendo Switch brindada por Panic Inc.

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