¿Y si el destino del mundo dependiera de tus habilidades ciclistas? El planteamiento de este título —en el que un fantasma con forma de calavera flotante nos pide recuperar las partes de una bicicleta legendaria para restaurar el mundo espiritual— es «bizarro» por no decirlo de otra manera, pero bajo esa curiosa capa narrativa se esconde un divertido simulador de ciclismo en un mundo abierto que se convirtió muy rápidamente en uno de mis juegos favoritos del año. En esta reseña voy a tratar de explicarles qué es lo que hace tan especial a Wheel World.
Este juego es la más reciente obra de Messhof, el desarrollador independiente que conocemos principalmente por el curioso juego de peleas Nidhogg y su secuela. Han pasado más de ocho años desde que salió su último trabajo y déjenme decirles que valió la pena la espera.
El mundo de Wheel World es básicamente el mismo de Pokémon, pero reemplazando las peleas de animales con carreras en bicicleta. El mapeado está dividido en cuatro zonas diferentes (cinco si contamos la pequeña isla que sirve de tutorial) y un mapa final del que no puedo decir mucho porque sería un spoiler. Cada zona cuenta con un maestro ciclista que tenemos que derrotar para reclamar la parte de la bicicleta legendaria que está en su poder.
Pero estos maestros no van a aceptar correr en una carrera si no tenemos la reputación suficiente para retarlos. Para ganar reputación tenemos que ganar carreras contra los equipos de ciclistas que encontramos en el mundo abierto: un punto por quedar en los tres primeros lugares, otro si quedamos en primer lugar, uno más si encontramos las tres letras escondidas en el circuito (sí, al estilo de Crash Team Racing) y una última si superamos el tiempo récord.
Pero las cosas no terminan al derrotar a los cuatro jefes, esto solo abre acceso a un mapa aún más grande con carreras más difíciles. Es en esta parte cuando la bizarra trama de espíritus y bicicletas legendarias cobra sentido. Empieza a sentar su mensaje crítico contra las corporaciones que se apropian de todo lo que creen que pueden monetizar, le quitan el alma a las cosas que solíamos hacer por simple diversión y hasta ponen el mundo en peligro.




Difícilmente vamos a lograr victorias con la bicicleta oxidada que tenemos al principio del juego. Debemos ir reemplazando poco a poco sus partes con las que nos encontramos explorando el mundo abierto, comprando con los tiquetes que ganamos completando misiones o como recompensas de carreras. Hay partes que tienen habilidades especiales —como ganar impulso más fácilmente— y otras que incluso introducen nuevas mecánicas, como el sistema de cambios.
Cada parte puede mejorar o empeorar diferentes aspectos de la bicicleta como el manejo, agarre, potencia y aerodinámica y es aquí donde entra en juego el aspecto de simulación de Wheel World. Podemos tratar de crear un vehículo equilibrado, enfocarlo de modo que se adapte a nuestra forma de manejar —si les gusta tomar atajos atravesando terreno agreste vale la pena subir mucho el agarre, por ejemplo— o incluso modificarla para adaptarla a las necesidades de cada carrera. Una con muchas vueltas requiere que tenga mejor manejo y una con rectas en bajadas se beneficiará de la aerodinámica. Incluso hay un circuito inspirado en BMX y un velódromo que cambian por completo los requerimientos de nuestra bicicleta.

Pero lo mejor de este juego es sin duda su ambientación. Wheel World nos pide recorrer un pequeño mundo idílico lleno de granjas, bosques y una bella ciudad a nuestro propio ritmo, disfrutando de las carreteras mientras escuchamos una excelente banda sonora synthpop. Los gráficos son sencillos, pero tienen mucha personalidad gracias a su estilo ‘cel-shaded’ y los personajes cuentan con rostros exagerados que no necesariamente son “bonitos”, pero sí muy llamativos. Incluso después de terminarlo, es un placer poner este juego solo para conducir la bicicleta por sus relajantes escenarios y dejarnos llevar por su grandiosa música.
Claro que esa no es la única razón para volver a Wheel World después de ver los créditos. Los retos de encontrar todas las letras en cada carrera y superar los tiempos récords deberían ser suficiente para llamar la atención de los completistas. También hay logros/trofeos que se pueden obtener terminando carreras con tipos de bicicletas muy específicas, aunque estos pueden resultar algo frustrantes si no hemos encontrado las partes necesarias para armarlas o si su comportamiento difiere mucho de nuestro estilo favorito.

Si tengo que mencionar cosas que no me gustaron para poder llenar una sección de ‘defectos’, tengo que recurrir a simples detalles. Desearía poder crear diferentes “configuraciones” de bicicletas para elegirlas rápidamente, que sacar algunos de los logros/trofeos no fuera tan fastidioso, que hubieran mejores formas de ubicar los objetos escondidos y me hubiera encantado que cada jefe hubiera tenido su propia música. También hay algunos problemas con la colisión de algunos objetos que puede causar que nos quedemos temporalmente atascados en ciertas partes del mapa y encontré problemas técnicos en la versión de PS5 como algo de ‘screen-tearing’, pero sé que los desarrolladores ya están trabajando en un parche para arreglarlos.
Repito lo que dije en el primer párrafo de esta reseña y es que Wheel World ya es uno de mis juegos favoritos del año. Explorar el mapa, competir en carreras y ‘tunear’ la bicicleta fue todo un placer y les recomiendo mucho que le den una mirada. Incluso me hizo dar ganas de conseguir nuevamente una bicicleta para recorrer mi ciudad a dos llantas.
Reseña hecha con una copia digital de Wheel World para PlayStation 5 provista por Annapurna Interactive.



