Desde su debut en Super Nintendo, los juegos que Yoshi ha protagonizado parecen diseñados para no competir con los Marios pues rara vez buscan desafiar al jugador por medio de la dificultad. En cambio, Nintendo ha preferido convertir cada uno de sus juegos en un espacio para experimenta con ideas creativas que han ido desde el dibujo a mano, un mundo de lana o un mundo de cartón.
Yoshi y el libro misterioso o The Mysterious Book mantiene esa ya tradición en la serie, pero cambia algo el enfoque. En lugar de construir una aventura alrededor del plataformeo, Los desarrolladores usan un libro ilustrado en el centro de toda la experiencia. Cada página funciona como un pequeño escenario vivo donde las criaturas interactúan entre sí y esconden secretos que no siempre aparecen durante la primera visita.
Con esto es claro que este título es una propuesta claramente dirigida a un público familiar, y más exactamente, a niños que apenas están familiarizándose con los videojuegos. Por eso al jugarlo, es claro que el objetivo nunca es poner a prueba los reflejos del jugador o su habilidad con el control, el fin de este juego es despertar la curiosidad. Eso tiene resultados muy positivos durante buena parte de la aventura, aunque también provoca que su estructura termine perdiendo fuerza conforme pasan las horas.
Una enciclopedia ilustrada
La historia comienza cuando Yoshi, o mas bien, una manada, encuentra un misterioso libro viviente conocido como Mr. E. Sus páginas esconden diferentes hábitats poblados por criaturas que reaccionan entre ellas de maneras inesperadas. La misión consiste en descubrir esos comportamientos, registrar nuevas especies, sus interacciones y devolver el equilibrio a cada capítulo del libro.

La estructura rompe con el esquema tradicional de avanzar de izquierda a derecha hasta llegar a una meta. Aquí el progreso depende mucho más de observar el escenario, interactuar con sus habitantes y descubrir qué ocurre cuando ciertos elementos coinciden.
Muchas veces una criatura modifica el comportamiento de otra, abre nuevos caminos o revela secretos que la mayoria de las veces son opcionales. Esa sensación de experimentar constantemente hace que los primeros capítulos resulten muy entretenidos porque el juego recompensa la curiosidad casi todo el tiempo.
Por eso al final ell descubrimiento de algo nuevo es el verdadero premio. No importa tanto llegar al final de una página como entender todo lo que sucede dentro de ella. Ese planteamiento también permite regresar a escenarios anteriores para encontrar nuevas posibilidades.

Conforme aparecen criaturas adicionales, muchas páginas cambian y ofrecen objetivos diferentes, algo que aporta una rejugabilidad natural sin sentirse forzada durante la primera mitad de la aventura pero que también puede resultar confuso para un jugador, sobre todo un niño, porque puede pasar varias veces –y nos pasó– que empecemos de nuevo el mismo mundo que acabamos de terminar sin darnos cuenta
Yoshi para la casa
La mecánica de controlar a Yoshi conserva prácticamente todas las habilidades que los jugadores conocen desde hace años. Puede tragarse enemigos con su lengua, convertirlos en huevos, realizar su característico salto flotante y utilizar esos huevos para activar mecanismos o alcanzar objetos lejanos.
En este juego sentimos que el equipo desarrollador quizo darle una vuelta a como se usan estas habilidades ya que en lugar de resolver plataformas cada vez más exigentes, la mayoría de situaciones invitan a observar qué ocurre alrededor. Un enemigo puede alterar el comportamiento de otro, cargar una planta puede alterar el ambiente o un objeto aparentemente decorativo termina siendo la clave para desbloquear una nueva ruta.
Cada ilustración que se nos muestra guarda pequeños detalles por descubrir y el juego está dejando ver siempre que es un libro interactivo. Por eso la dificultad al final es lo de menos, se puede repetir las veces que se quiera algún reto sin mucha consecuencia pues abundan los puntos de recuperación y las ayudas aparecen con frecuencia suficiente para evitar cualquier frustración.
Por eso vale la pena repetir, que este juego no es para el gamer «hardcore» que busque una experiencia de plataformas exigente. Este título es para jugar en familias y específicamente con los hijos, sobrinos o menores de la casa, por eso también cuenta con algunas curiosas mecánicas multijugador.

Quiza el principal pero es que con el tiempo las mecánicas dejan de sorprender y como es de esperarse, el juego se vuelve algo mónótono. La estructura termina apoyándose demasiado en repetir la misma dinámica: recorrer una página, descubrir nuevas interacciones, desbloquear contenido y volver sobre escenarios ya conocidos. Aunque cada capítulo introduce variaciones, la sensación general cambia menos de lo esperado. Por eso este es uno de esos títulos que se disfrutan más dedicándole un rato cada día que intentando terminarlo durante un fin de semana.
Cuentos para dormir
Si hay un apartado donde los desarrolladores de Nintendo vuelve a demostrar su talento es en la dirección artística. El formato de cuento ilustrado no sirve únicamente como marco narrativo. Toda la presentación gira alrededor de esa idea. Las texturas recuerdan ilustraciones pintadas a mano, los escenarios parecen páginas que cobran vida y las animaciones mantienen una personalidad muy marcada.
Cada nuevo entorno consigue transmitir la sensación de estar pasando la hoja de un libro infantil cuidadosamente ilustrado. Incluso cuando algunas mecánicas empiezan a repetirse, el apartado visual sigue ofreciendo motivos para continuar explorando. La música acompaña muy bien ese tono relajado. No busca protagonismo, sino reforzar la atmósfera tranquila que domina toda la aventura. Los efectos de sonido conservan el carácter expresivo de Yoshi y ayudan a que cada interacción resulte agradable y el doblaje y localización para América Latina, como ya nos tiene acostumbrados Nintendo, es sobresaliente.
Precisamente esa combinación entre arte, sonido y ritmo convierte al juego en una experiencia muy distinta frente a la mayoría de plataformas actuales y aunque la jugabilidad será para los niños, el arte lo sabremos apreciar los viejos.


