La empresa australiana Cortical Labs creó en 2022 un chip informático con neuronas humanas vivas. Para presentarlo al mundo, lo puso a jugar el clásico Pong. La duda inmediata del público no fue si podía correr Doom, sino si dichas neuronas podían jugarlo. Cortical Labs no se inmutó ante el reto y conectó el programa a su CL1, la primera computadora comercial que utiliza neuronas humanas vivas en lugar de un procesador de silicio.
Para Pong, les tomó 18 meses hacer que funcionara. Y eso que hay una relación directa entre el movimiento que hay que hacer y el que sigue la pelota: si la bola va para arriba, la barra tiene que ir para arriba, así de simple. «Doom fue mucho más complejo, Doom es caos», explica Brett Kagan, director científico de la compañía.
En esta ocasión, tardaron menos de una semana en que sus computadoras biológicas aprendieran a jugar a Doom. No fue un chip individual sino una plataforma en red de sus CL1, cada una de las cuales contiene más de 200.000 neuronas vivas. «Por ahora las células juegan como un principiante que no ha visto nunca un computador. Para ser justos, nunca lo han hecho», dice Kagan. De hecho, los cultivos de neuronas no ven siquiera una pantalla, reciben directamente los estímulos como ‘patrones de estimulación eléctrica’.
Doom fue mucho más complejo, Doom es caos».
«Mientras le matan mucho, están aprendiendo. Justo como un humano o un animal aprendiendo una tarea. Todavía hay mucho trabajo que hacer». Sin embargo, asegura que han resuelto el principal problema: el de la interfaz entre las células y el programa para que interactúe en tiempo real. La compañía invita ahora a desarrolladores e investigadores a plantear los próximos retos de la biocomputación. Los posibles desarrollos de esta tecnología son todavía una incógnita, pero la consultora tecnológica italiana Reply anunció recientemente un proyecto de colaboración con el Departamento de Fisiopatología y Transplantes de la Universidad de Milán.
«La integración de neuronas activas con sistemas digitales ofrece oportunidades sin precedentes para investigar los mecanismos de aprendizaje y la plasticidad neural, con posibles implicaciones tanto para la investigación en neurociencia como para la innovación computacional», agrega la profesora Stefania Corti, directora de Enfermedades neuromusculares y raras en el Policlínico de Milán.
¿Puede correrlo?
Fuente: DW

