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[Hablando de…] Assassin’s Creed Syndicate

Estrenamos la sección ‘Hablando de…’ comentando los temas progresistas de Assassin’s Creed Syndicate y la forma en que critica las mismas acciones de la Hermandad de asesinos.

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‘Hablando de…’ es una nueva sección en la que tomamos un videojuego moderno o clásico y explicamos cómo su historia y sus mecánicas nos “hablan” sobre uno o varios temas específicos. No es un ‘A Fondo’, pues no se trata de un análisis detallado de su simbolismo y sus influencias culturales, sino artículos más cortos y concisos que revelen la filosofía detrás de ellos.

 

Los juegos de Assassin’s Creed tienen mucho por decirnos. Esto no es extraño, tomando en cuenta que se tratan de fantasías históricas con un pie firmemente apoyado en la realidad. A pesar de solo haber jugado los tres primeros de la saga, recientemente me convencí de hacer un salto en la cronología de la serie para jugar Assassin’s Creed Syndicate.

Y me encantó.

Me enamoré de sus personajes. Evie y Jacob  (y Henry) son personajes tan atractivos y carismáticos que llegué al punto en que los extrañaba cuando no estaba jugando. La ambientación me dejó tan impactado que había sesiones de juego en que ignoraba las misiones para visitar lugares y monumentos famosos como si de un tour virtual se tratara. Algo típico en la saga.

Pero no es un juego perfecto. El sistema de combate se torna repetitivo rápidamente, tiene demasiados objetos coleccionables de relleno, muchísimos bugs y mecánicas mal implementadas (incluyendo un pésimo sistema de microtransacciones). Estos defectos no lograron afectar mucho mi gusto por este juego pero había otro elemento que me preocupaba: leí que su historia no era buena y que este era uno de sus mayores problemas, sin embargo terminó siendo una de las cosas que más aprecié, pero no por su trama en si, sino por sus detalles.

La historia de Assassin’s Creed Syndicate se desarrolla en 1886. La segunda revolución industrial se encuentra en su apogeo y con la consecuente alza en productividad comercial vino una ola de desempleo, terribles condiciones laborales, trabajo infantil e inequidad social. Londres ha caído bajo el yugo de los Templarios y su líder, el Gran Maestro Crawford Starrick, controla todos los elementos de la sociedad victoriana, desde el sistema bancario hasta el mundo criminal.

Igual que en otros juegos debemos explorar la ciudad mientras asesinamos a los aliados y subalternos de Starrick y buscamos un objeto mágico (porque esta saga simplemente no puede dejar de lado sus elementos fantásticos aunque quisiera). Hasta este punto es verdad lo que dicen: es una trama absolutamente básica, sin sorpresas y llena de clichés, con villanos que son malvados simplemente por ser malvados. Pero hay algo muy importante en lo que varía y es que, a diferencia de los demás juegos de la saga, aquí se exploran las consecuencias negativas de las acciones de la Hermandad de asesinos, aprovecha para mostrar ideas y filosofías “controversiales” y presentarlas de un modo positivo.

 

VACÍOS DE PODER

Ya sea en el cine, la literatura, la televisión, los cómics o en los videojuegos, las historias que consumimos nos han enseñado que el fin último de los héroes es derrotar al villano. No importa a quien se deba salvar o la catástrofe que se deba evitar, simplemente no hay nada más efectivo para lograr que hacer que el rival caiga ya sea a bala, puño, descarga de energía o explosivos.

Pero sabemos que en realidad las cosas no son tan “sencillas”. Eliminar al líder de una banda criminal solo causa que otro ocupe su lugar, acabar con toda una organización de tráfico de drogas solo hace que otros se encarguen del negocio, bajar a un tirano del poder puede causar que un país se suma en una guerra civil. La hermandad parece asumir a veces que una muerte (o cientos de muertes) es la solución inmediata para los problemas de la sociedad, y no es así.

En Syndicate este modo de pensar es representado por el típico rebelde adorable que actúa antes de pensar: Jacob Frye, un hombre hábil pero impulsivo que cree que puede salvar a Londres con sus puños y su cuchilla. Opuesto a él tenemos a su hermana Evie Frye, una asesina mucho más intelectual y cuya búsqueda de la Pieza del Edén se ve interrumpida constantemente por tener que arreglar los desastres que causa su hermano.

Anteriormente mencionaba que Starrick controlaba todos los aspectos de la sociedad londinense, entre ellos el cuidado médico. Para los pobres de la ciudad este simplemente consiste en un “jarabe relajante” que los aliados de los Templarios les venden como una panacea pero que en realidad hace poco más que atontarlos, volverlos adictos y eventualmente matarlos, pues resulta ser una bebida a base de opio. Cuando Alexander Graham Bell pone esto en conocimiento de Jacob él parte en busca del responsable. Con la ayuda de Charles Darwin eventualmente descubre que el responsable es John Elliotson, profesor de medicina mundialmente famoso por su trabajo en diagnostico de enfermedades, pero también por el terrible abuso al que sometía a sus pacientes.

Al asesinar a Elliotson en un sanatorio donde usaba a los enfermos para sus experimentos tenemos una de esas clásicas escenas de Assassin’s Creed donde la víctima intercambia unas palabras post-mortem con su asesino. Aquí nos damos cuenta de dos cosas interesantes. La primera es que el doctor realmente estaba convencido de estar haciendo lo correcto y que sus experimentos beneficiarían a la humanidad (que los Templarios crean que hacen el bien no es un tema nuevo en Assassin’s Creed) y segundo, el juego deja claras sus intenciones de hablar sobre cómo los asesinatos por si solos no solucionan nada.

«¿Realmente crees que asesinar a un viejo detendrá al gran arquitecto de la humanidad? (…) Eres un niño. Un niño que cree que puede resolver todos los problemas del mundo con su cuchilla.»

Jacob no reflexiona mucho respecto a las palabras del doctor, pero esto no las hacen menos verdaderas. En la siguiente misión con Evie Frye nos damos cuenta que el jarabe se ha dejado de vender… pero no hay una opción legítima reemplazándolo. Las pandillas han llenado las calles de nuevos tónicos falsos que no han hecho sino empeorar las condiciones de salud y los hospitales se ven incapaces de atender a las cantidades de enfermos de clase baja. Queda bajo la responsabilidad de Evie el asegurar una ruta para el tránsito de medicamentos legítimos mientras su hermano se despreocupa de todo aquello y parte en busca de su siguiente víctima.

A continuación busca trastornar el sistema de transporte público. Starrick no solo tiene bajo su poder a los trenes sino también a los icónicos omnibuses gracias al empresario Malcolm Millner. Jacob se alía con Pearl Attaway, dueña de una empresa rival, para sabotear el negocio de Millner y poner a los buses de Pearl a dominar las calles de Londres. Pero no sabe que Pearl es también aliada (y prima) de Starrick. Con su apoyo Jacob simplemente movió de unas manos a otras los beneficios capitalistas que Starrick les permite a sus colaboradores. Bajo su régimen autoritario no importa qué individuo esté ganando dinero siempre y cuando su status quo se mantenga, y a los capitalistas no les molesta un régimen autoritario siempre y cuando les permita ganar dinero.

Jacob también asesina a Pearl, creando un nuevo vacío de poder. Los dueños de omnibuses minoritarios comienzan a ser amenazados por las pandillas para trabajar bajo su control. Evie debe intervenir para detener a las pandillas y permitir que estos pequeños empresarios formen una coalición que maneje el transporte.

Pero ninguno de los casos anteriores es una muestra tan clara del caos que se puede generar bajo las acciones irresponsables de los asesinos que aquel en que Jacob pone su mira sobre el sistema bancario.

Phillip Twopenny es el encargado de manejar las cuentas y finanzas de Starrick, y también es el director del Banco de Inglaterra, donde aprovecha su posición para LITERALMENTE ROBAR A LOS POBRES PARA DAR A LOS RICOS. Cuando es asesinado suelta un discurso sobre cómo sus acciones son correctas porque…

“Esos animales desperdician sus ahorros. Nosotros somos los expertos en invertir. Si no fuera por nosotros nada se construiría, nada se mejoraría. Nada surgiría de la porquería sin nuestra mano guía. Los pobres se benefician tanto como valen. Sin nuestras inversiones no habría ciudad.”

Esta es filosofía autoritaria básica. La arrogancia de que solo unos cuantos “elegidos” pueden y deben controlar el poder porque de otro modo surgiría el caos.

Para Jacob no es difícil encontrar una justificación para asesinar a tan horrible ser humano, ¿pero que pasa luego? Cuando la ciudad se entera de que el director del banco era corrupto y que como está muerto no hay quién responda por sus crímenes, se desata una desconfianza masiva en las instituciones financieras, lo cual sumado al robo de las placas de impresión de dinero del banco causa un desplome en el valor de la libra esterlina. De nuevo es Evie quien tiene que intervenir para recuperar las placas y crear un montaje que evite un desastre económico para Inglaterra.

Resulta curioso que cuando Jacob asesina a un miembro del parlamento aliado de Starrick, no parece haber ningún efecto negativo en la sociedad que luego Evie deba arreglar. Es como si el juego nos estuviera diciendo que al final los políticos no sirven para nada (je je je).

Es refrescante que un videojuego se detenga a reflexionar un poco sobre los efectos de las acciones del jugador. Claro que al final, como no podía ser de otra forma, concluye que todos estos asesinatos, a pesar de todo, fueron beneficiosos para Londres, pero al menos esta vez podemos ver algunos matices. Lo mejor es que este no es el único tema en que el juego decide tomar una aproximación diferente a la norma.

 

DESHACIENDO MITOS

Uno de los mejores elementos de Syndicate es algo que ya caracteriza a toda la saga Assassin’s Creed: La presencia de figuras históricas. En este caso prominentes figuras de la sociedad victoriana como Alexander Graham Bell, Charles Dickens o la mismísima Reina Victoria; entre ellas, figuras que pueden resultar… digamos “controversiales”, para una parte del público del juego, como Karl Marx o Charles Darwin.

Tomando en cuenta la mala fama que tiene el comunismo en el mundo, es sorpresiva la forma tan positiva en que se nos muestra aquí al creador de su manifiesto. Karl Marx es un hombre idealista, preocupado por el bienestar de los demás y con una clara tendencia pacifista. Tras invitar a los gemelos Frye a luchar por el bienestar de la clase obrera nos encarga misiones cuyo objetivo final no es asesinar a nadie, sino proteger a ciertas personas e incluso evitar acciones terroristas contra el gobierno y los mismos opresores, argumentando que el socialismo no se puede implementar mediante forma violenta.

Esta visión más positiva del personaje histórico es un paso importante para apreciar su filosofía de un modo diferente y con menos prejuicios.

Charles Darwin es otro personaje que puede resultar controversial para cierta parte de la audiencia ya que, sorpresivamente, aún existen millones de personas en el mundo que rechazan la existencia de la evolución.

Aunque inicialmente se nos presenta como un “científico de acción” que investiga junto a Jacob el peligroso “jarabe relajante” de Starrick, luego nos propone misiones secundarias en que se nos muestran los extremos a los que es capaz de llegar la sociedad para oponerse a una verdad que no quieren aceptar recurriendo a robos, desprestigio y propaganda falsa. Este tema también tiene un eco en las misiones que nos propone Alexander Graham Bell, donde tenemos que interceptar y detener las transmisiones de radio, controladas por los Templarios, que se encargan de propagar noticias falsas (Fake News!) entre los londinenses, especialmente aquellos de bajos recursos.

Syndicate también se arriesgó a presentarnos a Ned Wynert, un personaje que podría resultar controversial al ser un hombre transexual. Los gemelos Frye en ningún momento lo cuestionan por su género y este nunca se convierte en un tema de conversación, lo cual resulta algo casi revolucionario por su simplicidad y yo lo aplaudo mucho.

Pero estos no son los únicos elementos progresistas presentes en el juego; también hace un esfuerzo consciente de crear equidad entre personajes femeninos y masculinos (las mujeres son parte de las pandillas, a veces incluso líderes. Evie puede participar sin restricciones en los “clubes de la pelea”), una oposición fuerte al trabajo infantil, promueve el uso de la razón y la lógica al enfrentar historias fantásticas (en las misiones de Dickens), critica el colonialismo, no critica la orientación sexual de varios personajes principales e incluso muestra a un personaje principal abogando por los derechos de las mujeres.

Como pueden ver, Assassin’s Creed Syndicate está lleno de ideas interesantes sobre las que vale la pena reflexionar. Es una lástima que este juego, aunque vendió bien, no alcanzó el nivel de ventas de otros en la saga, principalmente a causa de la recepción negativa de su predecesor Assassin’s Creed Unity. Es algo de lamentar, pues tiene mucho que enseñarnos a los videojugadores.

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