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Just Cause 3 – La reseña

La aventura de Rico Rodriguez es un gran laboratorio de experimentos minado por su monotonía y diversos problemas técnicos.

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Just Cause 3 me recuerda los laboratorios de química del colegio y la universidad. Tienes los materiales, ciertas instrucciones, algo de emoción por los resultados esperados y un ambiente de experimentación estrictamente controlado donde hay potencial para hacer maravillas. Precisamente eso le juega en contra: después de preparar la misma fórmula una y otra vez te desgastas; algo que empeora debido a sus errores técnicos y a un argumento mal manejado.

La historia de Just Cause 3 no necesita tomarse con mayor profundidad: Rico Rodriguez tiene esta vez una misión muy personal, porque desea liberar su propio país, Medici, de las manos del villano de turno, el dictador Sebastiano Di Ravello. Con ayuda de algunos aliados antiguos y nuevos, Rico trazará un camino de alta destrucción para eliminar el control de cada porción del territorio y darle libertad a los ciudadanos rebeldes.

Podemos comparar la aventura de Rico con una película de acción tipo B donde el héroe usa frases de cajón, herramientas que nadie más posee y conocimientos extraídos de su entrenamiento de CIA; pero todo reflejado con un ritmo pésimo, una combinación de misiones que van de lo aburrido a lo ridículamente chistoso, algunas bromas y referencias a otros juegos, personajes nada memorables (por ejemplo Di Ravello nunca se siente como una verdadera amenaza)…digamos que es como The Expendables: no hay sustancia en su argumento, solo una excusa ligera para ver al protagonista darse en la madre con los malos y destruir todo a su paso.

Y en eso cumple Just Cause 3: las escenas de destrucción provocadas por nuestras acciones son espectaculares, con efectos de alta calidad que juegan con el fuego, la física y la locura. Tanto los planes bien ejecutados como los momentos donde se improvisa o hay accidentes mantienen nuestro interés, algo parecido a cuando estamos en un parque de diversiones por primera vez. Además, la movilidad de Rico es «rica» gracias a sus herramientas mejoradas. Por ejemplo puedes engancharte a un auto en movimiento, colocarle un explosivo y atarlo a un helicóptero, saltar por un risco mientras juntas ambos vehículos con tus arpones, y hacerlos estallar para que se estrellen contra un gigantesco tanque de propano mientras vuelas con tu wingsuit. Todo en una misma jugada rápida.

En este sentido, el juego no solo presenta las oportunidades estándar de afrontar las misiones sino que te invita a experimentar bajo ciertas reglas en conjunto con las nuevas opciones del arpón, el precioso vuelo generado con el wingsuit (que requiere habilidad para dominarlo) y el uso de Gear Mods en tus armas y vehículos. Estos mods se desbloquean al completar Challenges en el escenario, y se clasifican de acuerdo a estos retos: las carreras te pueden dar Nitro, las galerías de tiro te brindan mira de precisión, etc. Puedes activar y desactivar estos mods de acuerdo a tus gustos o planes de misión, dando flexibilidad y resultados diversos.

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Todo este conocimiento lo aplicamos en Medici al liberar grandes secciones del escenario divididas en pueblos y estaciones militares. El mapa es inmenso y hermoso, lleno de grandes escenarios naturales y arquitectura basada en países ubicados en el mediterráneo, con gran atención al detalle que se nota cuando sobrevolamos la zona usando cualquier medio o vehículo. La clave para liberar los diversos puntos es destruir los objetos Chaos pintados de rojo, que pueden ir de parlantes con publicidad política pagada de Di Ravello a tanques de combustible y antenas gigantescas.

El asunto viene en su repetición general, porque las actividades de liberación siguen una estructura similar. En los pueblos se destruyen varios objetos y se iza una bandera, y las estaciones militares constan de varios elementos fuertemente defendidos; y en la gran mayoría de casos siguen un patrón de distribución parecido, que apenas cambia debido a la geografía de Medici. Esto provoca que el jugador se agote rápidamente de hacer una y otra vez la misma cosa. Como dijimos antes, lo único que ayuda a paliar esta sensación es la disponibilidad de herramientas para generar explosiones a diestra y siniestra gracias a nuestros experimentos. Seguramente lo disfrutarás más en sesiones cortas.

Perdonaría muchos de los fallos descritos hasta ahora porque Just Cause 3 es realmente divertido cuando te propones a hacer la mayor locura posible aprovechando la física del juego en un entorno que parece el coctél perfecto del caos. Pero cualquier tipo de buena experiencia se echa a perder debido a los problemas técnicos presentados en el producto de lanzamiento, los cuales quitan todo el ritmo a la sesión de juego y nos desconectan (literal y metafóricamente hablando) de la isla de Medici.

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En la versión de PC que usamos para nuestra prueba se presentan problemas fuertes con la tasa de cuadros por segundo, en especial cuando hay explosiones fuertes o se hacen cambios entre misiones y territorios alejados. Aún con la mayor optimización posible o bajando la calidad de varios parámetros, tenemos momentos donde la acción se congela durante casi medio minuto, o se ralentiza a velocidades de imagen muy bajas; y todos los reportes indican que pasan cosas similares en consolas. Así como se detiene la imagen, también se detiene la diversión.

Eso no es todo. Por alguna razón Just Cause 3 tiene tiempos de carga desesperantes y larguísimos que aumentan a medida que estamos más tiempo en la sesión y en ocasiones están ubicados de manera absurda entre escenas cinemáticas y de juego, también vemos mala sincronización de audio con la acción en pantalla, y un sistema de estadísticas online apoyado por servidores inestables donde la desconexión es el pan de cada hora. Algo irritante: si eliges jugar offline, al cambiar al mapa se intenta activar la conexión de manera automática.

Es difícil recomendar Just Cause 3 por el estado actual del producto, que requerirá un fuerte trabajo de actualizaciones por parte de Avalanche Studios para lograr su estabilidad. Si eres capaz de perdonar eso (que no lo creo), estás ante un juego donde la diversión depende de lo que puedas hacer con el magnífico y variado arsenal de Rico Rodriguez dentro de un país isleño diseñado con los estándares más explosivos posibles. No esperes un título profundo, analítico ni con variedad de misiones dentro de su mundo abierto; solo es una excusa para desatar tu pirómano interior en ráfagas cortas. Cuando el apartado técnico lo permite.

Reseña realizada con una copia de Just Cause 3 para PC. El título también está disponible en PlayStation 4 y Xbox One.

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