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Onimusha: Warlords – El retorno de una franquicia y por qué debes jugarla

Después de casi dos décadas, una nueva generación de jugadores por fin podrá disfrutar del primer Onimusha.

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En mi vida como jugador de videojuegos, llegó un periodo en el que —ante la ausencia de una mejor expresión— hubo una «diversificación» de mis gustos. Si bien adoraba los videojuegos desde que tenía memoria, una buena parte de mi niñez fue protagonizada por un puñado de títulos —tales como Crash Bandicoot y Mega Man X— que también formaron parte de la infancia de muchos. Si bien estoy seguro de que la mayoría concordará en que son excelentes juegos, creaban una complacencia que incentivaba el no salir de mi zona de confort.

Al igual que mi amor hacia los videojuegos, mi ignorancia sobre estos también era infinita.

No obstante, fue hace 11 años que comencé a indagar más allá de lo que conocía. Gracias a la influencia de varios amigos y un poco de investigación propia, empecé a buscar entre la librería de todas las consolas de sexta generación. Por fortuna, en ese entonces las tenía todas.

Lo que encontré fue una bolsa mixta. Si bien digerí la basura que había estado evitando durante tanto tiempo, también encontré algunas joyas ocultas en cada sistema. Y una de estas fue una de las franquicias más injustamente obscuras de Capcom: Onimusha.

Onimusha: Warlords

Aunque debutó originalmente como una exclusiva de PlayStation 2 en 2001, Onimusha: Warlords eventualmente llegó a Xbox un año después. Por supuesto, al ser un fan-boy sin remedio de la plataforma de Sony, lo jugué en PlayStation 2. Y si bien entré a la franquicia por recomendación de amigos, las críticas positivas y mi amor —uno completamente permeado en ignorancia, he de aclarar— por la cultura japonesa, pero permanecí por dos motivos: la ambientación y jugabilidad que tomaba lo básico de Resident Evil, pero le daba un giro.

Si bien en ese entonces estaba familiarizado con mencionada franquicia —aunque no había pasado entrega alguna debido a mi inicial desagrado de los controles de tanque— y Capcom como la compañía detrás de algunos de mis juegos favoritos, Onimusha lograba brillar con luz propia y entregar una experiencia completamente distinta a la del survival horror.

Como mencioné, una de las principales fortalezas de Onimusha es su ambientación. Al igual que Resident Evil, el juego emplea ángulos de cámara predeterminados para crear incertidumbre al recorrer los niveles. En más de una ocasión salté de mi asiento al ser emboscado por los gemna —los enemigos básicos del juego— al final de ciertos pasillos. A esto contribuía la violencia explícita y el pesadillesco diseño de varias criaturas. Es por esta razón que muchos aún califican la primera entrega de la franquicia como un survival horror.

No obstante, a diferencia de Resident Evil, el acabar con enemigos no era un lujo: era una necesidad. De hecho —al introducir elementos del género RPG, entre los que destaca la capacidad de mejorar equipamiento—, era algo que se incentivaba. He ahí la diferencia con la franquicia survival horror: mientras que en Resident Evil los recursos eran limitados, por lo cual era necesaria su correcta administración, en Onimusha había un amplio arsenal de armas. Más importante, ya que el combate era primordialmente a corto alcance, la aleatoriedad que involucraba el dar un tiro a la cabeza no era un factor a la hora acabar con oponentes.

Y es aquí donde reside la segunda fortaleza de Onimusha: su sistema de combate.

Onimusha: Warlords

Durante la mayoría de la aventura, los jugadores estarán en los zapatos del samurái Samanosuke Akechi. En un principio, el protagonista solo estará equipado con una katana. Sin embargo, a medida que avance en la aventura, conseguirá armas del clan Oni e incluso algunas de largo alcance. Las mencionadas armas del clan Oni no solo tendrán propiedades únicas y atributos elementales, los cuales serán útiles contra enemigos específicos, sino que podrán mejorarse por medio de las almas liberadas por los gemna.

He ahí la principal diferencia con Resident Evil: Onimusha impulsa acabar con los enemigos para hacerse con sus almas y mejorar el equipamiento de Samanosuke para que esté a la altura de posteriores desafíos. Si bien es posible huir de varios enfrentamientos, no es lo más recomendable dada la cantidad de recursos a disposición del protagonista.

Lo anterior no significa que el jugador no pueda abrirse paso a través de hordas de enemigos con su arma básica. Al fin y al cabo, Onimusha: Warlords fundamentalmente recompensa la precisión. Si bien es posible acabar con varios enemigos cortándolos con ataques normales, el sistema Issen permite acabar con enfrentamientos en segundos.

¿En qué consiste? Si Samanosuke ataca justo antes de que un ataque enemigo impacte, bloquea en el momento preciso o esquiva con el paso lateral, podrá realizar un corte crítico que acabará inmediatamente con la mayoría de enemigos. Es complicado, ya que requiere de mucha precisión, pero hace que los combates sean mucho más complejos y vistosos.

¿Logré interesarte en la primera entrega de esta excelente franquicia? Perfecto, pero seguramente te preguntarás cómo podrás hacerte con una copia del juego. Por fortuna, no será necesario comprar una PlayStation 2 o Xbox para disfrutarla. Hace unos cuantos meses, Capcom anunció una remasterización de Onimusha: Warlords. Esta estará disponible a partir del 15 de enero de 2019 y contendrá algunas novedades en materia de jugabilidad.

Onimusha: Warlords tendrá un precio de 27 dólares estadounidenses, más o menos 89.000 pesos colombianos. Mientras que las versiones de PlayStation 4 y Xbox One tendrán una versión física y digital, las de Switch y Steam solo llegarán en formato digital.

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