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Thimbleweed Park – La reseña

Por el Martes 4 de Abril de 2017
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En el contexto actual decir “juego de aventura” o “aventura gráfica” invoca una plétora de experiencias diferentes. Desde alguno de los The Legend of Zelda hasta cualquiera de los títulos de Telltale Games o algún independiente como el reciente Night in the Woods o Firewatch. Son juegos impulsados por la exploración y el resolver rompecabezas, aunque la fórmula ha cambiado mucho desde que en 1987 Lucas Arts hizo llegar al mundo Maniac Mansion.

Pero pareciera que vuelve a ser 1987, Ron Gilbert y Gary Winnick han juntado cabezas para desarrollar un juego que, en sus propias palabras, sería como “un título perdido de Lucas Arts que aún no has jugado”.

Thimbleweed Park comenzó como un proyecto en Kickstarter – como tantos otros – que le preguntó al mundo a finales del 2014 si querían un juego de aventura como los de antes. La campaña fue un éxito sorprendente y el dueto de diseñadores comenzaron a desarrollar su parodia y sátira de Los Expedientes X, Twin Peaks y True Detective. Dos años después recibimos este curioso resultado.

Como si fueran los noventa, Thimbleweed Park es una aventura gráfica point-and-click en la que vamos explorando escenarios, recolectando objetos e interactuando con el ambiente para resolver todo tipo de acertijos y rompecabezas. Para comenzar, tomamos control de dos agentes federales, Ray y Reyes (como Mulder y Scully) investigando la aparición de un cadáver cerca al pequeño pueblo de Thimbleweed Park. Buscamos pistas y objetos e interactuamos con los coloridos, excéntricos y misteriosos habitantes del pueblo, mientras vamos desentrañando una historia más larga, más completa y de la que este cadáver es, aparentemente, lo menos siniestro o importante.

Nuestra investigación va abriendo caminos y pronto tenemos el control de otros tres personajes cuyas historias, a primera vista inconexas, van rellenando los vacíos de nuestra investigación policíaca. Exploramos la vida de Delores, una joven curiosa que está desgarrada entre abandonar el negocio de la familia y perseguir su sueño de convertirse en una diseñadora de juegos de aventura para MmucasFlem (jaja). También tomamos control de Ransome, un vulgar payaso que ha sido maldecido por la bruja local y perdió toda su fama en una sola noche. Y, por último, deambulamos como Franklin, un fantasma recientemente muerto en lo que parece ser un asesinato envuelto en algo de espionaje industrial.

Es nuestro menester ir tejiendo las experiencias de estas cinco personas y descubrir todo lo que Thimbleeweed Park oculta. Y vaya cómo se van tejiendo las cosas.

Cambiar de personajes es sencillo: solo tenemos que hacer click en el icono de cada uno en la parte superior derecha de la pantalla. También es importante que intercambiemos objetos entre los personajes, pues encontraremos varios en lugares donde algún otro no tiene acceso y las soluciones requieren que mezclemos o usemos varios objetos al tiempo. Y para que no nos desorientemos en lo que debemos hacer (cosa que solía pasar mucho en los juegos de antes), cada uno tiene una lista de misiones o deberes por cumplir que nos ayudan a seguir adelante. Esto, claro, no aclara exactamente cómo proceder, pero eso es parte del reto: ingeniárselas para seguir adelante.

Sin embargo, acceder a otros personajes la primera vez tiene un pequeño inconveniente. La primera vez que podemos jugar como Ransome, por ejemplo, es a través de un flashback y después de éste no es inmediatamente claro que tenemos acceso a él en la historia normal. Esto puede llevar a un par de momentos frustrantes que pudieron ser resueltos introduciendo algo que indicara que ya teníamos acceso al payaso.

El juego es increíblemente auto-referencial y está repleto de bromas internas que los fanáticos de los juegos de aventura clásicos apreciarán. Sin embargo, esto no significa tener que haberlos jugado antes para comprender dichos guiños y divertirse con todos los personajes constantemente rompiendo la cuarta pared. El humorístico guion, de todas formas, está muy bien escrito y la actuación de voz es por lo general de alta calidad. Es particularmente divertido oír hablar al sheriff-forense-recepcionista con sus extraños y chistosos prefijos y sufijos muletilla.

Aunque hay mucha comedia física, la gran mayoría del humor proviene de las interacciones entre los personajes y lo que cada uno tiene que decir sobre lo que está ocurriendo. Ray – un investigador junior y algo cándido – exaspera en todo momento a Reyes, cuyo cinismo y pragmatismo choca de maravilla con todo lo ridículo que pasa alrededor nuestro. Franklin tiene un pasado triste e interesante, y su positivismo rescatado es enternecedor. Ransome – y tal vez el personaje que más divertirá a muchos – no para nunca de maldecir todo lo que le rodea y de él obtenemos un montón de reacciones graciosas. Delores, por su parte, está repleta de chistes de la industria de videojuegos y es la perspectiva más meta-narrativa a la que tenemos acceso.

El pueblo mismo tiene un encanto excéntrico, atravesado por referencias de los ochenta, pero “modernizado” de forma curiosa por un montón de máquinas inventadas por el genio local (cuyos nombres todos terminan en -trón). Las plomeras locales siempre están disfrazadas de palomas y lo que antes era una repostería ahora vende tubos de vacío. Y ni hablar de las locuras del sheriff (tal vez de lo más divertido). Es, en fin, la historia de un pueblo que ha vivido mejores épocas cuando la fábrica de almohadas (sí, almohadas) aún no se había incendiado, alterando por completo la economía local – una historia muy diciente de un fenómeno americano –.

Para los no-iniciados, el juego ofrece un modo casual con 50% menos rompecabezas por resolver y algunos otros simplificados. Esto hace que la historia sea mucho más corta, pues varios de los rompecabezas son retadores y, en ocasiones, frustrantes. No es raro preguntarse: “¿y ahora qué hago?” O creerse dueño de la solución para descubrir que tocaba pensar de forma menos convencional.

Thimbleweed Park es un verdadero viaje en el tiempo y un nuevo recordatorio de que un juego a la antigua puede ser hoy una verdadera joya. Sus personajes son coloridos, divertidos y encantadores; la historia se desenvuelve de forma interesante, repleta de giros inesperados (o ridículos) que mantienen en alto la tensión, las ganas de explorar y descubrir. Es una experiencia excelente tanto para los nostálgicos como para quienes quieran ver cuál era el encanto de estas aventuras gráficas.

Reseña hecha con una copia digital de Thimbleweed Park para Steam brindada por Terrible Toybox.

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