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Cine y TV

¿Cuál es el mejor episodio de Sherlock?

Cuatro editores de GamerFocus dan sus opiniones al respecto sobre la moderna interpretación de Benedict Cumberbatch.

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Sherlock Holmes, tal como lo concibió Sir Arthur Conan Doyle con su primera aparición en 1887, se convirtió en un icono de la cultura popular que ha dado para toda clase de inspiraciones y adaptaciones en literatura, radio, cine, televisión, y por supuesto, videojuegos.

En época reciente vimos cómo el cine lo trajo de vuelta con ciertas libertades creativas interpretado por Robert Downey Jr. (2009, 2011) y Ian McKellen (2015), pero sería aquella serie creada en 2010 por Mark Gatiss y Steven Moffat para la cadena BBC, la que lograría modernizar al personaje sin alejarse tanto de su fuente original, como precisamente le sucede a Elementary de CBS.

Sherlock contiene todos los elementos propios de la actualidad, pero reconoce sus orígenes y transmite la intención de sus autores, en especial gracias a las interpretaciones de Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, tan opuestos como perfectos el uno para el otro en sus respectivos papeles.

Uno de sus mayores logros es el dolor de sus seguidores: temporadas cortas con episodios a modo de películas para televisión, pero con años de diferencia entre sí. Por eso mismo es fácil encontrarse con capítulos de alta calidad, y muy difícil decidirse por cuál de ellos es el mejor de la familia. En GamerFocus decidimos aceptar el reto de seleccionar los elegidos, y este es el resultado a manera personalizada.

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The Sign of Three – por David Infante

Tengo que confesar que no soy un gran conocedor de la obra escrita de Sir Arthur Conan Doyle, sin embargo, eso no me hace ajeno a saber quién es Sherlock Holmes. Conozco las dos adaptaciones cinematográficas de Guy Ritchie así como la de Bill Condon, en la que podemos ver a este mítico investigador en su vejez tratando de lidiar con el hecho que ya no es quien era en su época dorada.

Pero si vamos a hablar de Sherlock Holmes, no podemos obviar la adaptación televisiva que se empezó a emitir en 2010 por la cadena BBC y que tanto nos ha hecho esperar entre temporadas.

El trabajo de Benedict Cumberbatch y Martin Freeman es grandioso, así como el de sus guionistas y showrunners (Mark Gatiss y Steven Moffat), por lo que es complejo pensar en cuál es mi episodio favorito de toda la serie.

De entrada, se me viene a la cabeza The Hounds of Baskerville y The Abominable Bride, prácticamente por la misma razón: su manejo del misterio con un toque sobrenatural. Ambos casos de enfrentar a Sherlock con un ente desconocido (un perro demoniaco y el cadáver de una novia), que reta su visión de la realidad y lo llevan a racionalizar todo hasta encontrar una respuesta lógica a lo que está frente a él.

Pero ninguno de estos es mi episodio favorito de Sherlock, ese puesto se lo lleva The Sign of Three, el segundo episodio de la tercera temporada. En este capítulo tenemos como centro la boda de Watson y Mary, donde toda la trama gira en torno a un atentado contra uno de los invitados de este gran evento.

Lo curioso es la forma en que se desenvuelve el misterio, ya que Sherlock soluciona este caso al resolver varios asesinatos que han pasado en diferentes tiempos, pero que se nos presentan de forma simultánea.

Aunque cada episodio de Sherlock nos deja entrar a la mente de su protagonista, este es quizás el que mejor lo hace, por la forma tan organizada en la que presenta al espectador los distintos asesinatos como si se tratase de una unidad. Bueno, de hecho lo son y todo se aclara al final de episodio, pero el manejo de la tensión y el misterio nos hace creer que quizá solo sea una coincidencia.

Pero a la vez, este capítulo no solo trata sobre el misterio que hay en torno al asesino y la forma en que metódicamente mata a sus víctimas, sino que es una historia de amistad. Dada la personalidad excéntrica y compleja de Sherlock, no muchas personas se quedan a su lado, pero ese no es el caso de Watson.

Este es uno de los episodios en los que Sherlock deja de pensar en sí mismo (porque hasta donde recuerdo también lo hace en The Blind Banker cuando capturan a Watson y Sarah… por su culpa), ya que en verdad aprecia su amistad con el personaje de Martin Freeman.

Sus mayores temores pasan a un segundo plano cuando se da cuenta que el día especial de Watson puede estar manchado de sangre, por lo que se fuerza a sí mismo, incluso si eso significa arriesgar su reputación, para resolver un caso en el que inicialmente no tenía mayor indicio y así honrar su palabra con su mejor y único amigo.

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The Great Game – por Erika Torres

Cuando me piden que elija mi episodio favorito de la serie de Sherlock, siempre me encuentro en un problema, para mí es muy difícil escoger uno, pues soy fanática de esta obra de Sir Arthur Conan Doyle desde que tengo memoria y en lo personal esta es la adaptación más digna en términos de cine y televisión. Sin embargo, aunque tengo a The Sign of the Three y The Abominable Bride en el ‘Top 3’, me parece que hay muchas cosas dignas de resaltar en The Great Game, el último episodio de la primera temporada.

En el momento que lo vi por primera vez, estaba tratando de asimilar la versión de BBC de este famoso detective, así que en este episodio en particular encontré muchas cosas que me hicieron darle mi aprobación por completo. Primero que todo se refuerza bastante la personalidad sociópata de Sherlock, al estar más emocionado con el juego que le planteaba la persona que le deja los mensajes, que preocupado por la vida de las personas que ésta toma como rehenes.

En este episodio Holmes no resuelve un caso como lo hace normalmente, sino cinco, así que hay muchas más oportunidades de ver cómo hace sus deducciones, el director de la serie encuentra varias maneras de mostrarnos cómo funciona la mente del protagonista y es algo muy placentero de ver.

Todos los casos de este episodio están conectados entre sí por más aislados que parezcan y todos llevan a la misma persona, hecho que representa muy bien lo que dice Sherlock en la historia ‘El Problema Final’ cuando describe a James Moriarty: “Igual que una araña tiende mil hilos radiales y él conoce perfectamente todos los estremecimientos de cada uno”.

The Great Game es el primer capítulo en donde aparece el “Napoleón del crimen” James Moriarty, el primer encuentro entre estos dos personajes es bastante divertido, y deja ver el talento que tiene este criminal consultor. Más adelante nos deja ver sus verdaderas intenciones en un tensionante encuentro con Holmes y Watson. Sin embargo, siempre he tenido una objeción en cuanto al Moriarty de esta serie y es que me parece que lo retratan como alguien infantil, cosa completamente opuesta al personaje de la obra literaria. Por esta razón éste Moriarty no se ve ni se siente tan amenazador y peligroso para Holmes, más bien parece un desadaptado que se aburre fácilmente.

Algo que siempre he admirado de esta serie es la utilización del lenguaje cinematográfico, pues no es necesario mostrar todo literalmente, sino que el director y su equipo lo hacen por medio de la iluminación, encuadre, musicalización y dirección de arte. La escena de la pelea contra el Golem es un buen ejemplo de esto. La leyenda tiene un toque fantástico y la pelea de Holmes y Watson contra este personaje en el planetario está iluminada de manera muy colorida, con encuadres poco convencionales, desenfoques y un ruido constante casi surreal que da la sensación de que el momento podría ser una fantasía.

También hay pequeños detalles en este capítulo que hacen referencia a la obra literaria y que provocan satisfacción a cualquier fan. Por ejemplo, se menciona la red de vagabundos de Holmes y el episodio termina con una de las conversaciones más memorables entre Sherlock y Moriarty, en la cual prácticamente se declaran la guerra de por vida. Moriarty dice: “Todo lo que puedo decir ya cruzó por tu mente”. A lo que Sherlock responde: “Probablemente mi respuesta ya cruzó por la tuya”.

Simplemente hermoso.

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The Reichenbach Fall – por Óscar Niño

Con un montón de televisión que he visto a lo largo de mi vida, he tenido oportunidad de apreciar bastantes cliffhangers, y puedo decir que, debido a la naturaleza de Sherlock, el final de la segunda temporada fue uno muy complicado de digerir.

The Reichenbach Fall marca el final del enfrentamiento entre Sherlock y Moriarty, también es el final de la ‘Serie 2’ (así le llaman los ingleses a las temporadas). El gran cliffhanger es la supuesta muerte y posterior “resurrección” de Sherlock Holmes.

El capítulo inicia con John Watson contándonos el final. Lo brillante realmente es conocer qué lleva al magnífico investigador a “morir”. Una de las cosas que más disfruto de este episodio, es que realmente nunca nos suelta, nos lleva de acción en acción manteniendo al espectador al borde de la silla hasta el impresionante final.

Ese elemento se ve más específicamente cuando a Lestrade le avisan de los ataques a diferentes lugares y en cierto punto se vuelve un juego (similar al de The Dark Knight), donde debe decidir a cuál de los tres lugares es más importante ir. Al final se decide por la bóveda donde se encuentran las joyas de la corona, con un vidrio roto que dice “Get Sherlock”.

Durante este episodio vemos la obsesión de Sherlock con Moriarty, especialmente luego de ser liberado al atacar la torre de Londres. La charla que tienen ambos dentro del apartamento de Sherlock comprueba el predicamento en el que ambos se encuentran. Curiosamente me es inevitable seguirla comparando con The Dark Knight, que logró representar de manera ideal el juego del gato y el ratón entre ambos personajes. Durante la misma charla se dan cuenta que se necesitan.

Algo que también me causa curiosidad es el énfasis en el tema de la seguridad, el cual pregona Moriarty en parte similar a Max Denbigh, personaje también interpretado por Andrew Scott a quien vimos en Spectre.

El énfasis en la seguridad también se ve reflejado en el interés de Watson porque tanto Sherlock como él sigan pasando desapercibidos, en especial luego de los hechos que hemos visto en los capítulos anteriores de la segunda temporada (Escándalo en Belgravia y Los Sabuesos de Baskerville), Mycroft muy a su manera se preocupa por el “Héroe de Reichenbach”.

La persecución entre Sherlock y Moriarty se ve reflejada en el “secuestro de los niños” y cómo se usa ‘Hansel & Gretel’ como elemento unificador de la narrativa, tanto en el caso como en su resolución. En ambos vemos diferentes pistas que poco a poco van desenredando la maraña de Moriarty, llevando todo a lo que vemos durante el clímax del episodio.

Entre The Reichenbach Fall y Manny Happy Returns pasaron dos años, lo cual definitivamente es un golpe a la paciencia de sus fans, incluso luego de los hechos en el último capítulo (His Last Vow) sin contar el especial, aún es difícil la espera para el regreso de Sherlock hasta el 2017.

Tengo otros episodios favoritos como The Sign of Three (S03E02) y A Study in Pink (S01E01), pero ¿por qué The Reichenbach Fall es el mejor? Porque todo cuento de hadas necesita un villano chapado a la antigua.

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A Scandal in Belgravia – por Cesar Nuñez

Tardé mucho tiempo en comenzar a ver la serie (hasta hace un par de meses), a pesar de las buenas referencias y de conocer el impecable trabajo de Cumberbatch y Freeman en otras producciones. Tengo aprecio por la versión fílmica de Robert Downey Jr. y Jude Law aunque esté más enfocada en la acción, agradeciendo la banda sonora compuesta por Hans Zimmer. Una de mis sagas favoritas de videojuegos, Professor Layton, está basada en el mismo Sherlock Holmes, con un toque agregado de gentileza y caballerosidad. Incluso a Ace Attorney (otra gran favorita), se le ven las huellas de Holmes y en uno de sus spin-off goza de aparición co-protagónica el gran detective.

Pero la serie Sherlock está en un nivel especial, excepcional. Temporadas justas sin ser tediosas, capítulos lo suficientemente largos, y todos con una cantidad de detalles que hace difícil elegir solo uno. Podría comenzar con el que da inicio a todo y sirve como piloto, A Study in Pink, por la sencilla razón que de ipso facto toma al espectador por sorpresa y lo empuja a la hiperactiva mente de Sherlock, y a diálogos que en muchas ocasiones se vuelven muy complicados de seguir, lo que también los hace atractivos. Sin dudarlo también podría nombrar The Reichenbach Fall, con una trama lo suficientemente tensionante como para cerrar con broche de oro una temporada, y dejar en ascuas por un buen tiempo a los que siguen al hombre del sombrero gracioso y a su amigo médico bloguero.

Pero siendo honesto de mente y corazón solo puedo darle la corona al inicio de la segunda temporada y a la única persona que ha derrotado a Sherlock en su propio juego, con el episodio A Scandal in Belgravia. No me gusta mucho esta versión de Moriarty (Andrew Scott), aunque la expectativa por el némesis de Holmes siempre va a ser enorme en cualquier adaptación. Creo que a Moriarty le cae mejor ser un sujeto de sangre fría y no tan caliente o explosiva como se ve en la serie.

Pero la que definitivamente se lleva los aplausos es Irene Adler (Lara Pulver), ‘The Woman’ o ‘The Dominatrix’, quien desde el comienzo del capítulo se percibe como una fuerza más poderosa que el propio Moriarty. Ella utiliza una forma de chantaje a figuras de la alta sociedad y la realeza, manteniendo información privada ya sea por dinero o protección. Y es justamente por un caso relacionado con una “joven mujer” de la realeza que la ayuda de un Sherlock desnudo cubierto por una sabana es solicitada, y allí vemos una de las pocas ocasiones en que él y Watson comparten una muy risueña escena sin diálogo. Aunque después se agarren a puños.

Realmente es un episodio donde brillan todas las emociones de Sherlock, y a pesar de su opinión/aversión sobre las relaciones románticas, donde sinceramente se le ve afectado por Irene. Ver en ese estado tan humano a un sujeto como él no es algo que se olvide fácilmente, ni que se equipare con los actos de Moriarty. El juego de poder de la Dominatrix lleva a una inevitable reunión entre ella y Holmes, donde el clásico “sobreanálisis” falla miserablemente cuando la encuentra en su armadura, completamente desnuda. Una caja fuerte cuya clave son las medidas de la mujer, un ringtone de mensajes en forma de gemido orgásmico, y una posterior falsa muerte de Irene, hacen de este capítulo una montaña rusa de sentimientos.

Claro, no podemos evitar odiar a Sherlock cuando utiliza su sobrenálisis en la leal Molly y un regalo de navidad originalmente pensado para él.

Pero Irene está viva, Sherlock lo descubre y siente cómo su corazón se rompe un poco por el engaño, no entiende cómo llegó a escapársele. Rompe nuevamente en un ataque de ira cuando un americano amenaza la vida de Mrs. Hudson, lanzándolo por la ventana. Entonces Irene busca cobijo en el apartamento de Holmes, y lo incita a resolver el caso más rápido de toda su carrera en tan solo unos segundos para impresionarla. Es tal el poder que ejerce ella sobre él, a pesar de que este último no le aceptase las constantes invitaciones a cenar. Todo es un juego de poder.

Tras unas breves referencias a 007 e incluso a los eventos históricos que se narran en The Imitation Game (película protagonizada por Cumberbatch), el episodio entra a su punto revelador. Durante toda la trama Sherlock ha estado intentando descifrar sin suerte el código del teléfono de Irene, donde guarda todos los documentos confidenciales que podrían armar un escándalo a niveles jerárquicos. De no hacerlo, hasta su hermano Mycroft sufriría las consecuencias.

Y entonces tenemos ‘The Iceman, The Virgin and The Dominatrix’:

La musicalización en la serie y el tema de Irene por David Arnold y Michael Price es más que perfecta, y es lo que brinda una dosis extra de potencia a esta escena, que ciertamente solo es un diálogo, pero con connotaciones más profundas. La Dominatrix que puso una nación a sus pies con inteligencia, a su paso colaborando con los planes de Moriarty, que solo quiere ver el mundo arder.

Mucho se dice sobre la virginidad de Sherlock pero en realidad es un misterio, y la frase sobre su definición del enamoramiento la punta del iceberg: “El sentimiento es un defecto químico que solo se encuentra en el lado perdedor”. La posterior explicación de cómo descubrió el código secreto de Irene y su desarme pieza por pieza, simplemente brillante.

“Porque tomé tu pulso. Elevado; tus pupilas dilatadas. Imagino que John Watson cree que el amor es un misterio para mí pero la química es increíblemente simple, y muy destructiva.”

“Siempre asumí que el amor es una peligrosa desventaja. Gracias por la prueba final.”

Todo es un juego de poder, y es la única victoria que puede cantar Sherlock sin que sea causa de alegría, como bien lo demostrarían los hechos finales. Es difícil encontrar una huella en Sherlock como la que dejó Irene.

 

Adiós, Sr. Holmes.

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