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Watchmen (episodio 4) – El efecto ‘Lost’

Watchmen continúa enriqueciéndose temáticamente con sus misterios, pero es posible que le pase lo que a otra popular serie.

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¿Cómo hubieran cambiado las cosas si un capitalista hubiera ofrecido un hijo a Jonathan y Martha Kent a cambio de su terreno y se hubiera quedado con la tierra en la que poco después cayó ‘algo’ del cielo?

Es posible que estemos a punto de averiguarlo. El cuarto episodio de Watchmen comienza subvirtiendo de nuevo la mitología de un superhéroe. Esta vez, la historia de Superman  —el padre se llama Jonathan Clark, solo para asegurar que todos entendamos la broma— es la alterada por el guión de Damon Lindelof y Christal Henry. También sirve como un gran inicio temático para un episodio sobre los legados y traumas familiares.

Volvemos a tener a Ángela/Sister Night como protagonista. Tras confirmar que Will —el supuesto asesino de Judd— sí es su abuelo, comienza a comprender su terrible legado. Convierte en su misión personal el encontrar a este hombre y descubrir qué trama.

Los temas de injusticia social y racismo siguen omnipresentes. Vemos que Looking Glass no se sorprende por la presencia del uniforme del KKK en el armario de Judd porque “él era un hombre blanco en Oklahoma”. Pero esta temática se deja a un lado para que la serie se enfoque en otra cosa, específicamente en la investigación sobre Will.

Ángela ya estaba en la mira de Laurie, pero la aparición de su auto ‘cayendo del cielo’ solo hace que sus sospechas se profundicen. Esto las dirige hacia Lady Trieu, un nuevo personaje lleno de secretos y misterios que hereda su nombre de ‘la Juana de Arco de Asia‘.

Esta mujer vietnamita está aliada con Will y no tiene ningún reparo en hacérselo saber a Sister Night. La presencia de una estatua de Adrian Veidt en su hogar nos hace preguntar si está relacionada con el misterioso mundo que aprisiona a este personaje. Los sueños de su hija Bian, que parecen ser recuerdos de alguien más, sugieren que está experimentando con ella. Ya algunos creen que Bian podría ser un clon de su madre y esta última podría ser el clon de alguien más que vivió la tragedia de la guerra de Vietnam en carne propia.

Por cierto, ya habíamos visto a Bian antes. Ella era la chica que estaba comprando periódicos y revistas en el segundo episodio.

Hablando de clones, la obligatoria escena semanal con Adrian Veidt —¿de verdad es Adrian Veidt? Yo sigo teniendo mis dudas— resulta aún más intrigante que la anterior. Comienza con él ‘pescando’ fetos de un lago, los cuales lleva a una extraña máquina en la cual los hace madurar. Todo mientras come una rebanada de la torta que le llevan todos los días.

El cruel asesinato de uno de los ‘Mr. Phillips’ durante la recreación teatral del origen del Dr. Manhattan ya había demostrado que Veidt carece de empatía hacia sus sirvientes, pero la masacre de ‘clones’ que vemos aquí lo lleva a un nuevo nivel. No los considera seres vivos. Tampoco tiene reparo en usar sus cuerpos sin vida como herramientas en la búsqueda de una salida de “ese lugar que alguna vez consideró un paraíso, pero no es más que una prisión” y mostrar a la audiencia lo falso que es de una forma que recuerda a The Truman Show.

¿Dónde está en realidad Veidt? ¿Por qué hay fetos en un lago? ¿Cuál es el objetivo del Reloj del Milenio? ¿Hooded Justice era en realidad Will? ¿Quién es el ‘hombre lubricante’ que huyó por las alcantarillas? Todas estas son preguntas muy interesantes que nos mantienen viendo la serie, pero causan un problema que me gusta llamar ‘el efecto Lost. Igual que esa otra serie de Lindelof, Watchmen está llena de misterios que capturan la imaginación de la audiencia, pero distraen de los verdaderos temas de la obra.

Cuando veía Lost, noté que los fanáticos se quejaban de los ‘flashbacks’ que mostraban el pasado de los personajes sin dar pistas sobre los misterios de la isla. Muchos se decepcionaron cuando la serie hizo a un lado dichos misterios y se dieron cuenta de que lo que importaba a sus escritores era la forma en que los personajes sufrieron en soledad, pero encontraron un propósito en la comunidad que formaron entre sí.

Temo que lo mismo esté pasando con Watchmen.

En la primera escena de este episodio, Lady Trieu habla sobre la importancia del legado, aquello que dejamos a nuestros hijos. Lo que vemos a continuación es que los personajes sufren por dichos legados, específicamente por el trauma que dejaron en ellos sus antecesores. Ángela se llena de rabia al descubrir la verdad sobre su abuelo y que es heredera del horror vivido en la masacre de Tulsa. Laurie también nos recuerda el trauma creado en ella por sus padres. La anterior Silk Spectre no pierde tiempo en relacionar el uso de la ‘máscara’ del vigilante como una forma de tapar ese trauma. Aunque lo dice medio en broma, sus palabras ocultan una gran verdad sobre la forma en que estas acciones y decisiones son, conscientemente o no, una forma de lidiar con el pasado.

Incluso los ‘calamares interdimensionales’ son herederos de este trauma. Igual que su gigante predecesor, que apareció en Nueva York décadas atrás, ellos mueren pocos segundos después de aparecer. Looking Glass reitera esto al decir que estas criaturas solo tienen “30 segundos de vida y los pasan muriendo”.

Lady Trieu también es un ejemplo de esto. Las pesadillas de su hija son un claro recuerdo de los horrores vividos en la guerra de Vietnam. Aunque ella no tiene la edad para haberlos experimentado, sí lo hicieron sus antepasados. A pesar de su actual poder económico, no hay hay duda de que aún sufre por esta herida. Su asociación con Will, otra persona que sufrió a causa de los errores de Estados Unidos, hace pensar que planean una gran venganza.

Antes de terminar, quiero tomar un momento para apreciar las actuaciones de esta serie. Regina King y Jean Smart siguen siendo fantásticas y la recién llegada Hong Chau no se queda atrás. Sin embargo, Jeremy Irons y Louis Gossett Jr. son los que ‘devoran’ la pantalla con su histrionismo cada vez que aparecen en escena. Adicionalmente, la banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross es cada vez mejor. La melodía que acompaña las escenas de Veidt resulta icónica.

Watchmen por fin ha comenzado a encontrar su rumbo. Las motivaciones de los personajes son un poco más claras y ya tenemos una idea de a dónde se dirige la serie.

Igual que en el cómic de Moore y Gibbons, hay una cuenta atrás. Algo sucederá en ‘tres días’ y no podemos esperar para saber qué es.

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