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Disney: de sueño de la infancia a pesadilla ultracapitalista

El grupo empresarial Disney continúa comprando estudios y propiedades intelectuales. ¿Qué está en riesgo con este aparente monopolio?

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En mi infancia, durante los años noventa, el nombre Disney inspiraba magia y admiración. Crecer en medio de la era del renacimiento fílmico de la compañía —con películas como La sirenita, La Bella y la Bestia, Aladdin y El Rey León—, soñando con visitar alguna vez uno de sus míticos parques de diversiones y con la constante presencia del ratón Mickey en cientos de productos, hacía que solo tuviera amor hacia esta marca.

Hoy en día, Disney me causa rabia y temor. El control que tiene sobre el mundo del entretenimiento y sus prácticas empresariales poco éticas hacen que me preocupe el futuro de la industria del cine, la televisión, la animación y hasta de los cómics.

¿Cómo pudo un nombre tan querido transformarse en sinónimo de lo peor del capitalismo?

«El lugar donde los sueños se hacen realidad».

El punto de giro parece haberse dado en 2006, cuando Disney compró el estudio de animación Pixar. Durante más de una década, estas dos compañías tuvieron una excelente colaboración que llevó a Disney a producir una serie de exitosas películas entre las que se cuentan Toy Story, Buscando a Nemo y Los Increíbles. En ese momento, la compra tenía sentido. Ambas compañías debían buena parte de su presente éxito a la otra y Pixar estaba trabajando casi exclusivamente para la casa del ratón Mickey. Sin embargo, ese negocio abrió el apetito de Disney, que comenzó a buscar la expansión de su marca.

La siguiente empresa en caer fue Marvel, en 2009. De nuevo, era un negocio que tenía sentido. Disney tenía una exitosa marca enfocada al público infantil femenino: sus princesas. Pero a pesar de sus múltiples propiedades, no tenía una que llamara la atención de un público masculino. Los superhéroes cumplirían ese papel. A Marvel, que acababa de comenzar el experimento del ‘universo cinematográfico’, le convenía tener un aliado fuerte.

La compra de Lucasfilm en 2012 fue lo que comenzó a despertar suspicacias en parte del público. ¿Es bueno que una sola empresa sea dueña de las franquicias de entretenimiento más importantes e influyentes del mundo? Esas voces quedaron ahogadas gracias a la emoción de los fanáticos de Marvel y Star Wars, felices con la nueva popularidad de sus sagas favoritas.

Fue en 2017, cuando Disney anunció que estaba en negociaciones para comprar Fox, que las alarmas se encendieron. Además de lo ya mencionado, en este momento Disney también es dueña del canal ABC, ESPN, Saban Entertainment y hasta Los Muppets. Ahora, con Fox bajo su cinturón, controlan el 40% de la producción fílmica y de televisión de Estados Unidos.

La palabra monopolio comenzó a ser pronunciada.

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Hay que dejar algo claro. Incluso después de adquirir Fox, Disney no es un monopolio. Para serlo, tendría que tener “control absoluto sobre los bienes o servicios en un área o mercado”. Este no es el caso. Pero la tendencia en sus negocios deja claro que tiene el objetivo puesto en las propiedades intelectuales y plataformas más rentables de varios medios. Esto sería suficiente para preocupar a cualquier gobierno, el cual tendría la responsabilidad de ponerle freno. Varios países, incluyendo Estados Unidos, tienen leyes anti-monopolio que buscan evitar que una empresa gane las ventajas que Disney ya tiene. ¿Cómo se salió con la suya?

Con dinero, mucho dinero. 

Disney invierte mucho en lobbistas, expertos en relaciones públicas cuyo trabajo es influenciar a legisladores y congresistas en su favor. De esta forma, la empresa ha evitado que sus negocios encuentren interferencia gubernamental. Cabe señalar que esto no es ilegal.

Nada de esto parece molestar al gran público. Cuando se anunció la compra de Fox, los fanáticos parecían estar felices. Después de todo, esto permite que los personajes de X-Men y los Cuatro Fantásticos ahora puedan formar parte del Universo Cinematográfico de Marvel. Esto opacó las terribles consecuencias de esta adquisición.

Tras gastar más de 71 mil millones de dólares comprando a Fox, lo primero que Disney hizo fue despedir hasta a 4.000 empleados que trabajaban para el conglomerado. Además de este costo humano, y basándose en la mala taquilla de películas recientes de Fox como Dark Phoenix, decidieron ‘reestructurar’ el calendario cinematográfico de la compañía. Cancelaron varias películas que se encontraban en pre-producción, dejaron en segundo plano a otras como New Mutants y ‘expresaron dudas’ respecto a lanzamientos como Jojo Rabbit, un filme de Taika Waititi que satiriza el nazismo y la xenofobia.

Esta es solo una muestra del poder que ha ganado esta compañía. Si creen que Disney no va a usarlo de forma negativa, debo recordarles que en 2017 banearon al crítico de LA Times de sus funciones de prensa después de que él hizo un artículo que los criticaba. El baneo fue levantado después de que otros críticos amenazaran con no cubrir Thor Ragnarok.

Otro ejemplo de esto es lo ocurrido recientemente en las negociaciones con Sony por el uso de Spider-Man. Todo parece indicar que Disney se pasó de codicioso en sus exigencias para mantener la ‘custodia compartida’ del personaje. La forma en que parte del público reaccionó, insultando y amenazando con boicotear a Sony, demuestra la influencia de Disney.

¿Spider-Man saldría volando del Universo Cinematográfico de Marvel?

Sí, la situación es preocupante y amenaza con empeorar ahora que Disney se lanza a la arena del streaming de series y películas con Disney+.

Además de temas empresariales, a los críticos y cinéfilos les preocupa esto a nivel cultural. El dominio que Disney tiene en las carteleras de cine y su influencia sobre las cadenas de teatros puede llevar a una homogeneización de las películas. Es decir, el mercado tendría cada vez más filmes de acción y aventura de alto presupuesto, dejando cada vez menos espacio para obras más arriesgadas y diferentes, pero menos lucrativas. En este momento, siete de las diez películas más taquilleras de todos los tiempos pertenecen a Disney.

En realidad, el Disney que recuerdo de mi infancia es el mismo. La historia de la casa de Mickey Mouse siempre ha tenido un lado oscuro marcado por el mercadeo agresivo, abuso laboral, desprecio hacia los artistas e incluso casos de racismo y antisemitismo. Es solo que de niño no veía esas cosas. Esa magia que me fascinaba sigue presente en sus películas, series de televisión y parques de diversiones. Pero ahora sé qué se esconde detrás de cámaras.

Disney va a seguir expandiéndose y nosotros vamos a seguir viendo sus películas. Es inevitable. Pero eso no significa que no podamos ser críticos de lo que está haciendo esta empresa que alguna vez representó la magia y fantasía de la industria del entretenimiento.

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