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Cultura POP

¿Está dispuesto a invertir el colombiano promedio en el coleccionismo?

Conclusiones frente a las ofertas vistas en la Comic-Con Colombia 2017.

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Como bien veíamos en la nota reciente sobre las figuras de colección que pudimos apreciar en la Comic-Con Colombia 2017, existe una amplia gama disponible para todos los gustos basada en los diferentes personajes reconocidos gracias a los cómics, manga, series, anime y películas inspirados en ellos.

Pero el pasatiempo del coleccionismo no es uno para tomar a la ligera cuando se trata de todo el merchandising que rodea a la industria, que pasa por las historias ilustradas impresas, cómics y manga, hasta libros de arte, compilaciones y antologías, enciclopedias biográficas de héroes y villanos, más otros tantos productos propios de bibliotecas más especializadas en el ámbito geek.

Sin embargo, una cosa es hablar de lo que los fanáticos pueden conseguir gracias a convenciones (como la Comic-Con o SOFA en el caso de Colombia) o tiendas exclusivas de cada ciudad, así como por medio de la nunca descartable importación comprando por internet en países como Estados Unidos, continentes como Europa o incluso en la lejana y todopoderosa China. Otra cosa, es hablar de lo que cada consumidor está dispuesto a pagar por un producto de alta calidad, como por ejemplo las espectaculares figuras de colección que resaltábamos con anterioridad.

No estamos incluyendo en este aspecto a aquellas figuras o estatuillas como las de la línea Hot Toys, cuyas ediciones inspiradas en las versiones live-action a viva imagen de actores famosos, son simplemente perfectas… y excesivamente costosas. Quizás el sueño cumbre de todo coleccionista.

Basta con observar modelos como los de Deadpool y Harley Quinn de Arkham City, de considerable tamaño y alcanzando los 300 mil pesos; una Meiko Shiraki de 180 mil pesos; una estatuilla de Depredador galopando un Xenomorfo de 240 mil pesos; mujeres Amazonas y familiares de Diana Prince que superan los 600 mil pesos; un Solid Snake de tamaño pequeño de 80 mil pesos; o el insuperable Iron Man de gran escala con partes de metal y por encima de los 2 millones de pesos.

Son solo algunos ejemplos de muchos en la Comic-Con Colombia 2017, pero tales ofertas existen porque a su vez existen los clientes. Aunque realmente la duda de ventas totales nos queda con el público local, llámese de Medellín, Bogotá, o cualquier otra ciudad del país. El cliente promedio tiende a invertir moderadas sumas en afiches decorativos y pósters de sus propiedades de entretenimiento favoritas, algunas otras módicas en mercancía acolchada como gorros o muñecos, y por último están las figuras.

No todas las figuras tienden a ser de fino detalle y precios altos, pues aunque priman enormes cantidades de Saiyajines de todos los costos y colores (comenzando por el cabello), es posible enfocarse en diferentes tipos de colecciones, entre las que se incluyen cabezones, miniaturas, o estilos alterados con formas características. Tal vez los Funko Pop sean la muestra más popular de ello, aun cuando hayan sobresaturado el mercado de tal manera que ya no causan sorpresa o maravilla alguna para cierto público objetivo.

Y ese es un problema precisamente por eso, el exceso de oferta. Si vamos por la calle y en cualquier esquina vemos versiones genéricas de figuras Dragon Ball o Funkos de lo que sea por un estimado de 50 mil pesos ahora hasta en almacenes de cadena, no existe valor alguno en encontrar los mismos productos en convenciones cerradas como la Comic-Con Colombia, con excepción de ciertas figuras especiales.

Una respuesta a la pregunta que titula esta nota es que esa es una de las razones por las que la inversión de los asistentes en el coleccionismo es más bien escasa, o por culpa de precios elevados que realmente solo buscan recuperar la inversión inicial del producto, pues a la final y por experiencia propia, es un negocio que sobrevive principalmente por el gusto de los fanáticos y el valor que se le da a lo que otros piensan son simples “pedazos de plástico”, o resina.

Tal vez solo seamos parte de una generación que aprecia el arte de una nueva forma por medio del coleccionismo, y que aun así resulta mucho más económico que el denominado verdadero arte.

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