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Overwatch 2: ¿por qué una secuela en lugar de una expansión?

El anunció de Overwatch 2 nos dejó tan emocionados como confundidos. ¿Tiene sentido una secuela para un juego-como-servicio?

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Tres grandes anuncios emergieron de BlizzCon 2019: Diablo 4, Overwatch 2 y una nueva expansión para World of Warcraft llamada Shadowlands. A pesar de que días antes ya se había filtrado información sobre estos tres juegos, verlos en acción resultó interesante.

Pero hay uno de ellos que no nos termina de convencer. No porque no parezca divertido, sino por las confusas condiciones de su existencia. Hablamos de Overwatch 2, la secuela del popular FPS de 2016 que se ha convertido en uno de los juegos más populares del mundo.

Tras tres años de éxito y con 50 millones de jugadores, es normal que una empresa quiera capitalizar el nombre del juego y lanzar una segunda parte. Pero Overwatch no es un título cualquiera. Es un juego-como-servicio y, como tal, una secuela no tiene mucho sentido.

Hasta Tracer está preocupada.

Tal como hemos explicado en el pasado, los juegos-como-servicio son aquellos que se actualizan constantemente con nuevo contenido. Su objetivo es mantener a sus jugadores interesados en seguir jugando indefinidamente y pagando por microtransacciones. Aunque puede resultar abusivo en ciertas circunstancias, este modelo hace que haya un flujo de dinero constante que permite a los desarrolladores enfocarse en seguir actualizando el título. La mayoría de juegos competitivos modernos son juegos-como-servicios.

Overwatch es uno de estos. Durante los tres años que lleva en el mercado, ha recibido una buena cantidad de nuevos personajes, mapas, mejoras y ajustes que mantienen a los jugadores interesados. Algunos de ellos han invertido bastante dinero en cajas de botín para obtener apariencias especiales y otra clase de elementos cosméticos.

Ahora, pensemos en lo que es una secuela. Usualmente, una continuación nos presenta una nueva historia, en ocasiones con nuevos personajes, mundos para explorar, mecánicas de juego y mejoras técnicas en aspectos gráficos y sonoros. 

Esto se adapta muy bien a juegos basados en su historia o para un solo jugador. En el caso de títulos multijugador en línea, una secuela está bien cuando ha pasado un buen tiempo desde su lanzamiento y la cantidad de jugadores ha disminuido. También cuando se da un salto tecnológico importante o de consola. Piensen, por ejemplo, en los juegos de Mario Kart.

Con el auge de los juegos-como-servicios, esta clase de secuelas tienen cada vez menos sentido. Un buen ejemplo son las sagas de juegos deportivos como FIFA y Madden, las cuales nos presentan un título anual. Aunque en ocasiones tienen avances tecnológicos y de jugabilidad, la mayor parte del tiempo no son más que actualizaciones de jugadores y modos extra, algo que fácilmente podría ser agregado en actualizaciones de pago o gratuitas.

¿Sus novedades y cambios realmente justifican un nuevo juego en lugar de una actualización?

También está el tema de la inversión de los jugadores. Cuando Bungie anunció Destiny 2, algo que ocurrió menos de dos años después del lanzamiento del primer Destiny, muchos jugadores se enojaron. Mientras juegos como World of Warcraft llevaban más de una década de contenido y expansiones, Destiny sería ‘reemplazado’ por otro título al que ni siquiera podrían migrar todo lo que habían obtenido tras cientos de horas de juego y mucho dinero invertido.

Por eso, cuando se filtró la noticia de que Overwatch 2 iba a ser anunciado en BlizzCon 2019, muchos consideraron dos posibilidades diferentes.

La primera de ellas es que se trataría de un juego radicalmente diferente. Incluso se llegó a pensar que sería para un solo jugador y completamente enfocado en la historia, algo que muchos jugadores estaban pidiendo. Otros pensaron que se trataría de una gran actualización al estilo de lo que hizo Fortnite con Fortnite: Capítulo 2.

Overwatch 2 será un juego aparte. Bueno, más o menos. Tendrá un modo historia cooperativo, pero aparte de eso ofrecerá la misma experiencia de su predecesor. De hecho, el primer Overwatch continuará siendo actualizado a la par que su secuela y se podrá continuar participando de los modos clásicos desde ambos títulos. Los dos compartirán los mismos servidores y jugadores, excepto en los nuevos modos de juego cooperativos, que solo estarán disponibles para quienes adquieran la segunda parte. Un nuevo modo de juego llamado ‘Empuje’ será agregado a ambas versiones.

De acuerdo a lo dicho por Jeff Kaplan en una entrevista con Kotaku Australia, los desarrolladores no quieren segmentar la comunidad de jugadores ni enojar a aquellos que han invertido tiempo y dinero para adquirir los elementos cosméticos del juego. Entonces…

¿Por qué hacer una secuela en lugar de una actualización de pago?

Solo podemos especular, pero hay una teoría que cobra bastante fuerza: exigencias de los accionistas. Como bien sabemos, Blizzard es parte de Activision. Esta es una compañía infame por contar con una junta de accionistas aferrada a ideas de ganancias exageradas, algo que los llevó a realizar despidos masivos a comienzos de 2019. Su lógica podría ser que un nombre tan popular como Overwatch debería contar con una secuela para vender más.

No parecen entender es que las secuelas de los juegos-como-servicios no venden bien.

En su más reciente reporte de ganancias, Ubisoft reveló que Ghost Recon: Breakpoint y The Division 2 fueron fracasos en ventas. Una de las razones con las que explican esto es que “es difícil generar interés en la secuela de un juego-como-servicio cuando la anterior entrega se benefició de años de optimización”.

Tienen razón. Los jugadores no quieren saltar de inmediato a un juego en el que no solo no tendrán todas las ventajas que han ganado en el título anterior, sino que inicialmente sufrirá de problemas de balanceo y conexión. Esto parece plagar los lanzamientos de todos los juegos en línea modernos.

Tampoco podemos olvidar que, para Activision, Destiny 2 también fue un fracaso. Esto sin duda influyó en su decisión de permitir que Bungie se llevara la franquicia.

Cayde-6 también estuvo preocupado. Ya no lo está.

En el caso de Overwatch 2, se podría decir que la industria ha aprendido de sus errores… en parte. La idea de unir a jugadores con los del primer juego es, a todas luces, algo positivo. Sin embargo, presentar esto como una secuela sigue siendo un problema.

En un caso como este, el que sea una expansión o una secuela no es más que un tema de mercadeo. Funcionalmente, no parece ser más que un DLC. Sin embargo, todo depende de cómo se ofrezca a los jugadores y el precio que tenga. Psicológicamente, una segunda parte de $30 dólares es diferente a una expansión al mismo precio, así sea el mismo producto. De hecho, Overwatch y Overwatch 2 usarán el mismo ‘launcher’ en el futuro. La distinción entre una primera y segunda parte en esas circunstancias es realmente absurda.

Aún falta mucho tiempo para que Overwatch 2 llegue al mercado. Ni siquiera han anunciado una fecha de lanzamiento. Todavía pueden ajustar sus tácticas de mercadeo y precio para poder ofrecernos el modo historia que tanto ansiamos sin confundir tanto a los jugadores.

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